Mesa de Redacción

La vacuna

11.11.2020 | 01:09

En tiempos de crisis, incertidumbres y sombras las buenas noticias son como el agua tras una larga sequía, esperanza sobre todo. Una inyección de optimismo cuando el cansancio y el hastío hacen ya mella y el malestar va pasando a enfado y el descontento a agresividad. Es más o menos lo que ha ocurrido ahora con la vacuna de la farmacéutica Pfizer tras anunciar que tiene una eficacia superior al 90% en el control de los efectos del coronavirus. Se ha desatado la ilusión global y de un momento a otro la felicidad parece haberlo invadido todo. No lo digo ya por la juerga financiera desatada en los mercados con unas Bolsas disparadas, sino porque el ciudadano de a pie –cualquiera de nosotros–, ha hecho de esa noticia un espacio de positividad al que aferrarse tras estos largos ocho meses de estar supeditados a una pandemia que ha trastocado casi del todo buena parte de sus vidas. De hecho, como siempre digo, las subidas y bajadas de las Bolsas no acaban nunca de aclarar nada efectivo para una gran mayoría de los ciudadanos. Se ganarán y se pederán millones independientemente de qué ocurra finalmente con esta vacuna. Suben las empresas en crisis por las afecciones de la covid-19 en sus negocios y bajan las que se han forrado durante estos meses de confinamientos y restricciones. Las previsiones de recuperación económica regresan a las tesis más eufóricas y rápidas. Y todo ello sin saber aún realmente cuál es nivel de eficacia, confianza y seguridad que tiene la vacuna de Pifzer. Han sido ya varias las vacunas que se han puesto en primera línea como solución durante las últimas semanas antes que esta –también con grandes movimientos en los mercados–, y al poco tiempo acabaron olvidadas en un segundo o tercer plano. Las vacunas y otros tratamientos médicos ante enfermedades a la espera de cura son un inmenso negocio para las grandes corporaciones farmacéuticas y el máximo beneficio es su objetivo prioritario una vez que la investigación científica pública ha ido siendo desmantelada –lo llevan años denunciado investigadores y científicos–, por un sistema neoliberal campando a sus anchas. Hay una batalla especulativa entre grandes farmacéuticas y mercados y otra geopolítica entre Estados por ver quien se lleva el gato del éxito al agua a las que los ciudadanos somos simple convidados de piedra. Ni siquiera espectadores con derecho al aplauso o al pateo. Me alegro, por supuesto, y espero que sea tan eficiente como parece hoy. Y me parece bien que la UE tenga en un fondo para situaciones especiales preparado ahora para adquirir vacunas contra el coronavirus. Ya sea esta u otras. También que, por si todo va bien, el Gobierno tenga ya prevista la compra de 10 millones de dosis para comienzos de 2021 como anuncia a toda prisa en medio de esta algarabía. Pero no olvidemos que es la vida, el trabajo y la convivencia de millones de personas lo que está en riesgo. Optimismo, pero también cautela para evitar más frustraciones.