Lo advirtió este jueves José Manuel Albares en el Congreso. “Las reglas del orden internacional y los valores de paz, cooperación entre Estados, diálogo y seguridad en los que se sustentan se encuentran en riesgo”. Traducido al lenguaje de barra de bar, lo que vino a decir el ministro de Exteriores es que el mundo está patas arriba. Y la responsabilidad de esta cruda realidad, que lleva implícitos el cuestionamiento y las violaciones flagrantes del Derecho Internacional y de la Carta de las Naciones Unidas, es sobre todo de dirigentes del pelaje de Donald Trump.
Un magnate que gestiona la Administración USA con intereses muy alejados del bien común, que es proclive a ocurrencias que ponen los pelos de punta y que ahora mismo tiene amenazado de una forma u otra a la mayoría del planeta. Parar los pies a quien está al frente del ejército más poderoso es una tarea altamente complicada, máxime si tenemos en cuenta que ofrece a diario muestras de ser un desalentado. Pero no queda otra que intentarlo.
Albares propone una alianza mundial en defensa de la cooperación internacional y la resolución pacífica de los conflictos. Una idea que habrá que ver si tiene recorrido entre los socios de la UE, uno de los pocos espacios que quedan en este mundo donde todavía hay cierto respeto por los derechos humanos y los valores propios de la democracia. ¿Y qué opinan de todo esto las derechas españolas? Esas que aplaudieron con las orejas el aterrizaje de Trump en la Casa Blanca y que jalean los excesos de políticos como Milei. Porque quienes están cerca de estos personajes también tienen su cuota de responsabilidad de que nos estemos asomando a un escenario prebélico de inquietantes consecuencias.