ante las dudas y la polémica surgida en los últimos días en torno al programa Skolae, cuyo objetivo es promover la educación en y para la igualdad de género o coeducación, queremos compartir nuestra experiencia como centro piloto el curso pasado. La Unesco plantea la igualdad de género como una de sus dos prioridades globales y se compromete a promover la igualdad de género en los sistemas educativos y mediante éstos, desde la primera infancia hasta la educación superior, en los contextos formal, no formal e informal y en todos los ámbitos de intervención, desde la planificación de la infraestructura hasta la formación de los docentes. Esta misma necesidad de trabajar para lograr este objetivo es recogida en las legislaciones europea, estatal y navarra. De acuerdo a las experiencias compartidas en las jornadas del cierre del curso, los 16 centros pilotos de Navarra que formamos parte el curso pasado del programa Skolae aprendimos mucho sobre cómo concretar las buenas intenciones en las diferentes realidades de nuestras aulas.
El programa incide en tres ámbitos distintos de actuación. El primero es la formación del profesorado, que nos permite, por un lado, entender los mecanismos sociales y culturales que perpetúan la desigualdad de género pese a vivir en una sociedad que se manifiesta ampliamente a favor de la igualdad. Por otro lado, ofrece herramientas concretas al profesorado, con el asesoramiento técnico de un grupo de expertas y expertos. Por último, se facilita nuestra propia reflexión personal, para poder poner la mirada en el aula desde la igualdad.
El segundo ámbito son las familias, que pueden elegir si quieren compartir experiencias y opiniones, formarse o simplemente conocer cómo se está trabajando la igualdad en la escuela.
El tercer ámbito son las actividades con el alumnado, al que acompañamos en sus procesos personales y , en nuestro caso, también profesionales. Hacemos actividades específicas que ayudan al alumnado a desarrollar capacidades necesarias para establecer relaciones basadas en la igualdad y el respeto mutuo, a detectar desigualdades en diversos ámbitos y a proponer alternativas personales y como sociedad que nos permitan desarrollarnos plenamente. También prestamos atención a que las actividades y contenidos habituales del aula transmitan esta igualdad. Gracias a sistematizar la manera en la que queremos trabajarla, lo estamos haciendo más y, sobre todo, mejor que cuando no había un programa específico de coeducación.
Aquí queremos hacer algunas aclaraciones sobre ciertas creencias, referidas a las acciones del programa Skolae, que están circulando en redes sociales y de las que casi todos los medios de comunicación han informado. La educación afectivo sexual desde la igualdad de género no busca, como ha recogido en su titular algún medio de comunicación a nivel nacional, imponer que las niñas y niños de 0 a 6 años hagan juegos sexuales eróticos. Se trata de entender los procesos de los niños y niñas desde la psicología del desarrollo. Ni en las muchísimas horas de formación que tuvimos, ni en las reflexiones que compartimos el profesorado de los distintos centros, a nadie se le ocurrió algo semejante a esa idea y otras similares que, en las últimas semanas, han planteado algunas personas contrarias a la educación para la igualdad. Las acciones educativas en este período son, por ejemplo, aprender a decir “no” cuando alguien hace a un niño o niña algo que no le ha gustado, entender de manera positiva la curiosidad que sienten por sus cuerpos o jugar a cuidar con materiales no estereotipados que permitan elegir libremente. La diversidad de opiniones y las críticas que posibiliten tomar decisiones que como sociedad nos permitan afrontar los retos que tenemos por delante, en este caso la educación en y para la igualdad, son enriquecedoras y necesarias. Las críticas que buscan echar por tierra con falsedades el trabajo para garantizar que se tomen medidas en favor de la igualdad no nos aportan nada.
También se ha planteado el derecho de los padres y madres a educar a sus hijos e hijas de acuerdo a sus creencias y la supuesta injerencia que la educación para la igualdad supondría al respecto. Las familias pueden elegir muchas opciones, valores y creencias en la educación de sus hijas e hijos. También la escuela, en su proyecto educativo, o cada docente, en su aula, pueden elegir y concretar muchas opciones pedagógicas. Todo esto ha de ser compatible con los derechos de la infancia. Los derechos de cada niña y niño a ser valorada y valorado tal como son, a una educación que abarque distintos ámbitos de su condición como persona y a desarrollarse en un ámbito de libertad e igualdad deben ser garantizados, tanto por los padres y madres como por la escuela. Por tanto, la educación en y para la igualdad nos compete tanto a las instituciones como a las familias, es nuestra responsabilidad. La igualdad, en este caso la de género, es un camino que nos implica a cada persona y a cada institución, en ámbitos muy variados, no sólo el educativo, pero entendemos que éste tiene un papel esencial como motor del desarrollo social.
Las consecuencias de no educar en y para la igualdad son los datos y noticias que tan insoportables se nos hacen: decenas de asesinadas por sus parejas y exparejas cada año, maltrato físico y psicológico, agresiones sexuales, homofobia, brecha salarial, división sexual del trabajo, alta tasa de paro femenina? o, simplemente, no poder elegir libremente, por razón de género, lo que a cada persona le hace feliz. Trabajar en el ámbito educativo para la igualdad nos permite avanzar hacia una sociedad más justa y próspera y en la que tanto mujeres como hombres nos podemos desarrollar de manera más plena y tomar nuestras opciones vitales con más libertad.
Las autoras firman en representación del Claustro de la Escuela de Educadoras y Educadores / Hezitzaile Eskola