Naturaleza y árboles

08.02.2020 | 14:06

la comunión y convivencia con la Naturaleza ha sido para los y las navarras uno de los ejes de su existencia desde tiempos inmemoriales. Y dentro de esa Naturaleza, los bosques y quienes lo forman, los árboles, son elementos centrales dentro de esa concepción de equilibrio entre Amalur y el ser humano.

En Navarra los árboles tienen un importante valor histórico por encontrarse en sitios especiales o haber sido protagonistas de sucesos destacados, y otros que son conocidos por ser los más grandes o de gran singularidad de una comarca o un pueblo.

Los bosques navarros reúnen una elevada heterogeneidad ambiental y diversidad biológica, fruto de su situación geográfica y sus características climáticas, y son parte inherente de la cultura, tradiciones y formas de vida de Navarra, una de las comunidades con mayor superficie forestal relativa en Europa.

Dentro de unos días y semanas, será tiempo de bellotas, cuya cáscara se rasgará y surgirá un tentáculo blanco que si logra clavarse en el suelo se convertirá en la raíz de un futuro árbol. Basta con mirar al suelo de la foresta en estos días.

Acontece en pleno invierno, algo que la mayoría adjudicará a la primavera. Pero, como tantas otras facetas de lo espontáneo, la eclosión de las bellotas no sigue pautas convencionales. De hecho, nuestros árboles más frecuentes y representativos, las frondosas, echan a andar cuando el frío todavía congela la mayor parte de los procesos y propósitos con los que la vida, en nuestras latitudes, pretende recomenzar.

Como Navarra cuenta con una gran superficie forestal, una de las regiones con mayor superficie forestal relativa en Europa -el 64% del territorio es forestal y de esa superficie 450.000 hectáreas están cubiertas por árboles, siendo el resto matorrales o pastizales, en la que el 80% de estos bosques son autóctonos- las posibilidades de contemplar el acontecimiento son muchas.

Basta con fijarse un poco en el suelo del bosque. Acompañar con la mirada a lo que acoge nuestros pasos. Que notarán bien mullido al humus, saturado de humedad.

Pues bien, allí, los miles de bellotas han iniciado una de las más largas y azarosas peripecias. La ebúrnea cáscara del fruto se ha rasgado por su polo obtuso. De la seca herida mana lo que nos parecerá un gusano blanco. Es la raíz principal, pivotante y zapadora del futuro árbol. Un tentáculo blando pero que puede horadar rápidamente el suelo y clavar, ya para siempre en ese mismo lugar, a un brinzal que pronto lanzará en dirección contraria, por tanto, hacia la luz y el aire, un par de minúsculas hojas. Cuando hayamos descubierto el discreto y silencioso nacimiento de uno de nuestros árboles más frecuentes, acaso se nos escape la mirada hacia su progenitor. Ese que abre sus brazos y despliega su sombra sobre nuestra cabeza. Tal vez piensen aquello de que el tiempo huye a toda prisa, pero la vida se queda y echa raíces siempre que puede. Y, a veces, dura...

Conviene no olvidar los enormes beneficios que nos traen los bosques y sus árboles, y sus alrededores. Así, es de reseñar con cierta insistencia que, Navarra ha establecido una red de espacios para su conservación, llamada Red Natura 2000, que es una red a nivel europeo, cuyo principal objetivo es asegurar que la conservación de los bosques sea compatible con el aprovechamiento de sus recursos. Sirva como ejemplo el Parque Natural de Urbasa y Andía, en dónde, usos tradicionales como la ganadería o el aprovechamiento forestal, son perfectamente compatibles con el turismo o la conservación de sus elevados valores ambientales. Además, los bosques influyen enormemente en los ciclos del agua, sujetando el suelo y reduciendo consecuentemente los efectos de las inundaciones y el arrastre de materiales. Y, tampoco hay que olvidar que son grandes fijadores del CO2 atmosférico, estimándose que una cuarta parte de las emisiones generadas por el consumo de combustibles fósiles son retiradas del aire por la vegetación, entre otras muchas cuestiones, además de la importancia que tienen desde la perspectiva socioeconómica. Los bosques proporcionan diferentes beneficios, unos cuantificables económicamente (generación de empleo, actividad en zonas rurales?) y otros no cuantificables económicamente (entorno natural, bienestar, salud, calidad de vida, etcétera).

El autor es experto en temas ambientales y Premio Nacional de Medio Ambiente