La forzada y vergonzante migración de los ancianos

09.02.2020 | 07:22

Tiempo de elecciones. Casi estoy tan empachado de programas electorales como de programas de cocina en televisión. Pero para los ciudadanos de a pie este es el único tiempo en que algunos políticos nos escuchan. Así que trataré de aprovecharlo. Claro que puede que este esfuerzo sea inútil: pasa por que la prensa quiera publicarlo. Quizá sea una carta al vacío. Es la desventaja de los simples ciudadanos, de los que no somos ni periodistas, ni políticos, ni famosos, ni tertulianos de televisión. Y puede que si se publica me traiga antipatías. Sí me importa, pero no me retrae. Es el tributo de opinar libremente.

Leí hace unos días en prensa navarra un interesante reportaje sobre la carencia de residencias de ancianos cerca de los hogares de éstos, y la repercusión que esto tiene en la vida de los ancianos y de sus familias. La ancianidad es una etapa de la vida. Conlleva una inevitable decadencia física y con frecuencia también mental, que aboca a muchas personas a la dependencia absoluta de cuidadores. Las familias de estas personas, si las tienen, no pueden en muchas ocasiones atender de modo permanente sus necesidades de asistencia, día y noche.

La inexistencia de residencias de ancianos de proximidad condiciona que éstos estén obligados a abandonar su pueblo, su barrio, sus tiendas de siempre, sus lugares de paseo, sus vecinos, sus amigos, sus bancos de encuentro, sus bares de tertulia... Se quedan sin su vida en la etapa mas difícil de ésta. Un horror. Se ven obligados a cambiar de pueblo o a vivir en la otra punta de la ciudad, a alejarse para siempre de sus familias, de sus recuerdos, a vivir en lugares desconocidos, y a convivir con personas a las que nunca habían visto, incluso compartiendo habitación. Me cuesta imaginar mayor desgracia añadida a su ya triste e irreversible situación.

El problema es totalmente ignorado y va por barrios. Conozco bien estos pueblos:

-Aibar, 800 habitantes: tiene centro de día.

-Cáseda, 1.000 habitantes: residencia de ancianos.

-Lumbier, 1.300 habitantes: residencia de ancianos.

-Sangüesa, 5.000 habitantes: residencia de ancianos.

-Zizur Mayor, 15.000 habitantes: nada.

Y en el programa electoral de las municipales ningún grupo político plantea construir una residencia de ancianos (tres de los siete grupos sí piensan en un centro de día). Increíble. El Ayuntamiento de Zizur Mayor está gastando 11 millones de euros en una impresionante ampliación del polideportivo. Sin duda, se ha considerado prioritario frente al éxodo de los ancianos más frágiles.

Por mi profesión de médico de Atención Primaria, atiendo a ancianos emigrados a la fuerza, en la residencia de ancianos que también atiendo como parte de mi trabajo público. Me impresiona en ocasiones su tristeza y verlos a veces llorar. No comparto la moda del desprecio a la llamada clase política. Hay políticos entregados a mejorar la sociedad. Así debe ser. Quizá a algunos otros les ofuscan objetivos ideológicos, lo que les aleja de la realidad de la sociedad.

Hay muchas necesidades sociales que atender. Es obvio. Pero por desgracia algunas son sistemáticamente relegadas. Creo que solucionar este problema debe estar entre las prioridades de nuestra privilegiada sociedad. Todos podemos llegar a esa etapa de la vida. Es por tanto una necesidad social universal.

Hemos construido edificios e instalaciones tan mastodónticos y carísimos como innecesarios. Ya basta de lujos y caprichos. Primero, las necesidades.

No es aceptable que echemos a los ancianos más débiles de sus pueblos o de sus barrios. No es posible tener una residencia en cada esquina, claro. Pero sí plantearse la construcción de pequeñas residencias de proximidad, que permitan a estas personas mantener cerca sus contactos familiares y sociales en la etapa más dura de su vida.

Sé que mucha gente no es consciente de este problema. Esta carta está escrita con más pena que reproche. Pero pido disculpas si molesta a alguien.