El cooperativismo: un modelo ético

09.02.2020 | 17:46

la primera semana de julio se celebra el Día Internacional de las Cooperativas. Tiene por objeto aumentar el conocimiento de las mismas, y su contribución a la resolución de los principales problemas que abordan: una cooperativa es una asociación autónoma de personas que se han unido voluntariamente para hacer frente a sus necesidades y aspiraciones y al mismo tiempo contribuir al progreso económico, social, cultural y político de la comunidad.

La cooperativa constituye la forma más difundida de entidad de economía social, democráticamente controlada, reconocida por las Naciones Unidas, que busca el fortalecimiento y ampliación de las alianzas del movimiento cooperativo internacional.

La cooperación es uno de los principales modelos de organización social, que incluye aspectos de desarrollo sostenible en sus fundamentos, además de tener en cuenta valores y principios éticos y morales. Las ikastolas encontraron en el cooperativismo la mejor fórmula para constituir las diferentes comunidades educativas desde comienzos de los años 70; con una visión nueva, capaz de concebir la educación de forma autónoma, ligada a cada zona geográfica, utilizar el euskara como lengua vehicular sin renunciar al plurilingüismo. Trabajando por y para la cultura vasca, minorizada y aplastada durante demasiado tiempo, fomentan la participación integral de las familias y de los profesionales de cada centro en la gestión de dichas comunidades.

En coherencia con este modelo organizativo, han puesto el acento en el trabajo cooperativo del propio alumnado, persiguiendo que conformen los diferentes grupos de trabajo, aprendan a diferenciar y contrastar sus puntos de vista, y lleguen a generar procesos de construcción del conocimiento.

Conscientes de que cada persona aprende en grupo más de lo que aprendería por sí sola, tal y como lo indican estudios neurológicos recientes, fomentan el trabajo cooperativo que es bastante más que la suma del trabajo individual. Se busca deliberadamente la interacción de los integrantes de los equipos, y la creación de estructuras organizativas orientadas a una elaboración conjunta, no por yuxtaposición, sino por cooperación.

Así, en las ikastolas de Navarra, el trabajo cooperativo supone la construcción de un proyecto común, en el que cada uno se involucra y coopera en la tarea del otro, participando de la totalidad de los contenidos, para que todos puedan responder a una evaluación individual, sin la ayuda del equipo. Este enfoque metodológico requiere planteamientos didácticos abiertos, donde se pueda aprender de la diferencia, de las dinámicas positivas de trabajo y del aprendizaje colaborativo.

Las ikastolas siempre han querido ser lugares de convivencia, de socialización y de formación de las niñas y de los niños. Trabajando valores de "civilidad", que ya la LOGSE planteaba como finalidad educativa de primer orden. Cimentando los valores de respeto, tolerancia, libertad y solidaridad, sobre los que se edifica todo lo demás, para mejorar una convivencia democrática y pacífica, basada en el reconocimiento de los derechos humanos.

Otro elemento importantísimo es el desarrollo de la cultura de la paz en las aulas, y fuera de ellas. El trabajo cooperativo contribuye de manera constructiva a la convivencia, reconociendo los valores de cada una de las personas que participan en el grupo, reforzando sus acciones positivas, y rechazando las negativas, y respetando las normas de convivencia para prepararse en el ejercicio de una ciudadanía responsable.

El método cooperativo permite valorar y respetar la diferencia entre sexos y la igualdad de derechos y oportunidades entre todas las personas, así como rechazar los estereotipos que suponen discriminación entre hombres y mujeres, observando con mucha atención las actitudes y situaciones discriminatorias, analizando, denunciando y corrigiendo esa deriva tan dañina para todos. El trabajo cooperativo se convierte en un magnífico escenario donde identificar intereses contrapuestos, individuales o colectivos, para aprender a mediar, para poder alcanzar acuerdos compartidos en beneficio mutuo, ejercitando la resolución pacífica de los conflictos.

Tal como señalan autores como Johnson y Johnson (1989), "cualquier tarea no es adecuada para favorecer el aprendizaje cooperativo". Es imprescindible que se produzca el intercambio de ideas, la negociación de puntos de vista diferentes, la confrontación entre posturas opuestas, la resolución positiva de los conflictos, etc. En definitiva: el trabajo cooperativo favorece la integración de una serie de conocimientos, habilidades, aptitudes y actitudes.

Tal como ocurrió en la historia de la creación de las ikastolas, el planteamiento metodológico del trabajo cooperativo se fundamenta en el logro de un objetivo común: el intercambio, que comporta trabajo individual y compartido. La capacidad de argumentar es fundamental, teniendo claro que las ideas argumentadas serán la base del trabajo en común y que se priorizarán las buenas ideas, en lugar de integrar todas la ideas que se hayan podido esgrimir.

Como en toda relación grupal, la comunicación adquiere un papel fundamental, debiendo determinarse con claridad cuáles serán los canales más adecuados.

Los valores que se desarrollan en los grupos de trabajo cooperativo, basados en la ética, también son claves. Resultando imprescindibles: el respeto, la responsabilidad y la implicación personal de cada uno de sus miembros. Solo así se podrá alcanzar el éxito y la satisfacción de sentirse parte del grupo. En este ejercicio de democracia los alumnos y alumnas aprenden a negociar, a esperar su turno, a saber hablar en grupo, a compartir materiales, a evaluar y reflexionar, y sobre todo lograr que el proceso del trabajo en grupo les sirva para conseguir una interdependencia positiva.

El autor es director de la Federación Navarra de Ikastolas