No termina de coger vuelo la Feria del Toro. El día 9 fue el acabose un punto exagerado de Morante de la Puebla, que salió a hombros por la Puerta Grande del Encierro junto al buen muletero Tomás Rufo y, ayer, una buena y a modo corrida de Jandilla fue totalmente desaprovechada por la terna. En especial la decepción vino con el horroroso uso de los aceros en la suerte suprema. Una corrida como para salir todos en volandas de los capitalistas se convirtió en un continuo despropósito en lo más importante, una rúbrica certera y de muerte digna.

Cierto es que el encierro extremeño conjuntó dos partes distintas. Los tres primeros toros, incluso el quinto, tuvieron movilidad y clase. Y la parroquia con ganas de dar las orejas. Más, no llegaron ni generosas por los nefastos espadachines. Sale Morante y me creo que tumba a toda la corrida de seis espadazos. Para el recuerdo, las maneras clásicas, finas y templadas en sus primeros toros de Juan Ortega y Pablo Aguado. En especial, la de este último, que cuajó, con diferencia, la mejor faena de lo que llevamos de feria junto a la del novillero Aarón Palacio el día 5 de julio.

Entre las cuadrillas hubo de todo, pero hay que destacar el buen tercio de varas protagonizado ante el primer toro por José Palomares y en banderillas, ante el sexto, por Iván García, que tuvo que desmonterarse. De Roca Rey poco bueno se puede decir. Recibió con el capote a la espalda la salida del primero, un tal Espía, que tuvo brava movilidad en los tres tercios. El peruano le aplicó una faena de pie y de hinojos muy de su corte. Espectacularidad, sí, pero con poco encaje. Algunas tandas, todavía más en el quinto, carecieron de colocación y el sacarse el toro muy hacia fuera. A este Espía le hubiera cortado una oreja si la espada, aparentemente bien colocada, no hubiera tirado al toro como se merecía. Muy larga la muerte del bien hecho y bravo burel hasta el punto que sonaron dos avisos. Lo más comentado por la grada era que Roca había tenido cuatro toros en el abono y se marchaba sin ningún trofeo.

La verdad, con poca disculpa, habrá que decir que fueron tres toros porque su primero de Álvaro Núñez del primer día fue una ruina. Hubo dos momentos en la tarde que sí hicieron brotar olés profundos. Uno durante la faena de muleta de Juan Ortega al mentado Espía. Inicio con doblones tan toreros como efectivos y varias tandas en redondo y al natural con despaciosidad, temple profundidad y elegancia. Y el otro momentico lo firmó Pablo Aguado, con personalidad y estético clasicismo, sobre todo al natural. Encaje perfecto, bellísimo por momentos. Fueron, sobre todo la de Aguado, faenas de orejas de calado.

Pero, por eso se lleva al titular lo de pinchauvas, porque los dos momentazos se vieron desgraciadamente empañados por el mal uso del estoque de muerte. Una pena, la verdad. Hubieran sido orejas importantes que hubieran lucido más la corrida de Jandilla, sobre todo, como ya se ha dicho, en su primera parte. De la segunda parte sí tuvo interés y posibilidades el juego del cuarto, un colorado de nombre Vinaza. Roca Rey se puso casi siempre fuera de cacho: hasta se oyeron algunos pitidos tipo tendido 7 de Las Ventas. Encima, el espigado americano mató fatal. El próximo año, si viene, o si viene solo una tarde, o si viene otra vez dos, no podrá pedir elevación de caché a la Casa de Misericordia.

Juan Ortega no tuvo prácticamente opciones con el colorado muy claro corrido en quinto lugar, Viperino. Distinto el toro en capa y hechuras que sus hermanos y de escasa casta, mansito, sin entrega. La tarde languidecía y el cielo se ponía bastante borroso, iluminando su estampa y tono catafalco de su estampa por los relámpagos. Pablo Aguado se justificó ante el flojo sexto.

LOS TOROS

Jandilla. Seis toros en tipo, parejos, bien presentados. Los tres primeros ofrecieron noble movilidad y clase. Destacó de modo sobresaliente el lidiado en tercer lugar, con buen son y gran fondo. También fueron notables los lidiados en primer y segundo lugar. Bajó la nota por flojo, escaso y falto de casta el cuarto. Manejables el quinto, y a menos, sin terminar de entregarse el sexto.

LOS TOREROS

Juan Ortega. (De verde manzana y oro). En el primero, silencio. Y en el cuarto, silencio.

 Roca Rey. (De azul celeste y oro) . En el segundo, silencio tras dos avisos. Y en el quinto, silencio tras aviso.

Pablo Aguado. (De negro y oro). En el tercero, ovación. Y en el sexto, silencio.

LAS GRADAS

Presidencia. Correcta y sin problemas a cargo de Carlos García Adanero, asesorado por el lado artístico por Ángel Erro (como ayer, que sustituyó en el último momento a Juan Ignacio Ganuza), y la veterinaria Nuria Crespo.

Ambiente. Quinta corrida de la Feria del Toro, séptimo festejo del abono taurino de San Fermín. Bochorno y sudores. Muchos espectadores abandonaron la plaza tras el quinto toro, por lo plomizo de la tarde en el ambiente, el mal resultado de la corrida y el anunció de alerta de fuertes tormentas para las, aproximadamente, 21.00 horas.