Cultura financiera

10.02.2020 | 05:47

el primer lunes de cada mes de octubre se celebra el día de la educación financiera. Promovido por el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores, su propósito es concienciar a la población de la importancia de tener una buena cultura financiera. ¿En qué consiste eso? ¿Por qué importa?

Las dos operaciones financieras principales son las de financiación (si necesitamos dinero) y las de inversión (si queremos sacar rendimientos a nuestros ahorros). En el primer caso la cosa es sencilla: vamos donde nos ofrezcan un tipo de interés más bajo y ya está. Eso sí, cuidado con los aspectos jurídicos. En el segundo, la cosa se complica. ¿Qué podemos hacer? ¿Cómo invertir?

La primera posibilidad son los activos reales, como un piso (es a la vez una necesidad ya que necesitamos un lugar para vivir, y una inversión, vía alquiler o vía aumento de su precio), un negocio (de forma activa como gestor o pasiva como capitalista), un palacio, arte o materias primas (aunque la de referencia es el oro, hay muchas posibilidades más). Más aún; se puede invertir en naturaleza y comprar bosques. Incluso se venden terrenos en la luna.

La segunda son los productos financieros. Cuidado, ya que unos son activos financieros, otros derivados financieros y en tercer lugar existen productos que ni siquiera sabemos lo que son: ¿qué es una criptomoneda? Sigue sin estar claro.

¿Qué es un activo financiero? De forma muy sencilla, una promesa de pago futuro a cambio de un pago presente. Como todas las promesas, se puede cumplir o se puede no cumplir. Los tipos de activos financieros de referencia son dos. Primero, renta variable. Desconocemos el rendimiento que van a tener en el futuro. Destacan las acciones, las cuales son pedacitos de empresas. Esperamos que en el futuro dicha empresa vaya mejor y que en consecuencia la acción se revalorice además de cobrar la parte proporcional de beneficios, el denominado dividendo. Segundo, renta fija. Salvo impago del emisor, conocemos los rendimientos que van a tener en el futuro. En realidad, son deudas de gobiernos o de empresas, que se venden, según su tiempo hasta vencimiento, en forma de letras, bonos y obligaciones. Por ejemplo, si compro un bono de 1.000 euros a un 4,3% de interés a 10 años cada año cobraré 43 euros y pasados 10 años me devuelven el total.

De la misma forma que un coche tiene unas características particulares, ¿cuáles son las características de los activos financieros?

Son tres; el riesgo, la liquidez y la rentabilidad. El riesgo es la probabilidad que tiene el emisor de cumplir con el pago. La liquidez indica la facilidad que tiene un activo de venderse sin perder gran parte de la inversión. Por ejemplo, al estallar la burbuja inmobiliaria un piso era un activo que tenía poca liquidez; si alguien quería venderlo tenía muchos problemas para hacerlo. Pero cuidado: no es verdad que los pisos no puedan venderse; basta bajar mucho el precio. El problema es el dinero que se pierde. Por último, la rentabilidad es el rendimiento que espero obtener con mi dinero. Por ejemplo, una rentabilidad del 8% indica que voy a cobrar 8 céntimos al año por euro invertido durante el tiempo que dure mi inversión.

Respecto de los derivados financieros, diremos que son productos financieros cuyo valor depende de otro activo o indicador de referencia. Su complejidad hace que sea necesario el asesoramiento de expertos. Por supuesto, también podemos comprar divisas (moneda extranjera) con la esperanza de que se vayan a revalorizar. Respecto de las criptomonedas como los bitcoins, con una burbuja muy hinchada a finales del año 2017, se debe indicar que la mayor pega que tienen es su elevada volatilidad; su valor tiene grandes oscilaciones en períodos de tiempo muy cortos.

Obviamente, a más rentabilidad más riesgo. Eso ya depende del inversor; si quiere poco riesgo se abre una cuenta corriente y ya está. De hecho, si alguien está interesado en invertir la lista razonable en términos de riesgo sería ésta.

Cuenta corriente - depósitos a la vista - depósitos a plazo - depósitos con preaviso - letras del tesoro - bonos, obligaciones del Estado - fondos de inversión (existen muchísimos perfiles para cada inversor) - acciones o bonos de empresas privadas - activos financieros del extranjero (cuidado con el problema del tipo de cambio) - divisas - derivados (call, puts, warrants, futuros, CDS).

¿Cuáles son los riesgos de invertir en productos financieros? El principal es la información asimétrica: que no conocemos el riesgo que adquirimos. Las agencias de rating (las tres principales son Fitch, Standard & Poors y Moodys) registraron sonoros fracasos al evaluar activos financieros antes de la crisis de 2008. Por supuesto, se deben tener más cosas en cuenta como la fiscalidad, la inflación o las comisiones.

La Unión Europea creó la directiva MiFID II para mejorar las operaciones financieras. Aunque los resultados no están claros, no podemos olvidar que siempre la responsabilidad financiera comienza por uno mismo. Economía de la Conducta. UNED de Tudela