Festejos taurinos

16.06.2020 | 00:38

Hace unos días, en una entrevista publicada en un medio español, el periodista le preguntaba a un filósofo si creía que saldríamos más sabios o fortalecidos, mejores personas, de estos meses de pandemia y confinamiento. El entrevistado contestaba que eso dependía en buena medida de la actitud de cada uno. Es decir, que no basta con pasar por una experiencia para salir más preparado de ella, sino que hace falta una labor posterior de reflexión, un esfuerzo por aprender lo que nos enseña y aplicarlo después en las siguientes vicisitudes de la vida.

Ahora, en estas semanas previas a la nueva normalidad, empieza a haber claros indicios de que ciertos colectivos profesionales no han entendido las palabras del filósofo, no están aprovechando la coyuntura para extraer su lección. Ahora, leemos en los periódicos la noticia de que el sector taurino se moviliza para recuperar los festejos en Navarra. No sólo convoca una movilización pública para reivindicarlos, sino que insta a la Administración a darle su "apoyo e implicación en esa recuperación", así como "en la reapertura de las plazas de toros".

En esa misma crónica, el torero Javier Marín insiste en seguir "malentendiendo" la situación, en ignorar el momento en que nos encontramos, cuando habla de "medidas adecuadas" o "necesarias" para referirse a la pautas de distanciamiento y prevención exigidas por el Gobierno. En lugar de comprender que ha llegado la hora de transformar esas prácticas lesivas, de revisar desde su raíz esas modalidades de la fiesta para evitar de una vez el maltrato a los toros, Marín plantea el asunto como si nada hubiese cambiado, como si todo fuese una cuestión de metros, de aforos, de nuevos reglamentos que permitan seguir haciendo lo mismo.

No, no parece que haya habido un ejercicio profundo de introspección por parte de toreros, ganaderos, recortadores, rejoneadores, novilleros y banderilleros. No parecen haber captado el mensaje de la sociedad. No parecen sentirse interpelados por la voz mayoritaria que denuncia por cruel y salvaje esa clase de divertimento. No parecen escuchar a quienes les reclaman un mínimo de sensibilidad, a quienes con razón les exigen respeto por los animales. No parecen tener visión de futuro, ni espíritu emprendedor ni la inteligencia para comprender que las nuevas generaciones llegan, afortunadamente, con empatías incompatibles con cualquier forma de abuso o humillación de otros seres vivos. En definitiva, parecen negarse a aceptar que su ocupación es cosa del pasado, que ha terminado el tiempo de esas torturas disfrazadas de fiesta, de esas actividades amparadas cínicamente en el término tradición.

Si la cancelación de los Sanfermines 2020 debida a la epidemia del covid-19 está generando entre algunos grupos un replanteamiento de aquéllos, viéndose como una oportunidad para reformarlos y mejorarlos, si la crisis actual está obligando a muchas empresas a desarrollar alternativas de su propio negocio, nuevas estrategias para atraer a sus clientes, otro tanto podría ocurrir en el sector taurino. Este periodo de inactividad podría emplearse para crear y proponer ideas innovadoras. Frente al argumento expuesto por los convocantes de la movilización, según el cual hay muchas explotaciones y familias que dependen de los toros, cabría responder que precisamente por eso ha llegado la hora de la reconversión. Algunas de las iniciativas en ese sentido podrían consistir en convertir las fincas en instalaciones abiertas al público, en espacios como Senda Viva, donde los visitantes puedan ver al toro en su hábitat natural. Del mismo modo que en muchos lugares de África se ha pasado del coto de caza al resort ecológico, del safari a la atracción turística, gracias a la cual los interesados pueden observar y conocer a los animales en su ecosistema, aquí podría intentarse algo parecido. Podría persuadirse a la sociedad de que merece la pena preservar esta especie, a esta bella criatura, implicarse en su mantenimiento, y al mismo tiempo demostrar con proyectos ambiciosos que eso se puede conseguir sin su sangre ni su dolor.

El autor es escritor

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