Navarra Suma y Hitler

16.03.2021 | 00:54
Saludo nazi de Hitler, en una imagen de archivo.

No sabemos si alegrarnos por la noticia o echarnos a llorar. Alegrarse porque, al parecer, Navarra Suma se ha escandalizado porque EH Bildu ha asociado a una de sus concejalas con Hitler, un tipo que "cometió miles de asesinatos". Es una pena que los de EH Bildu no hubieran sido más sutiles, y en lugar de utilizar la figura de Hitler en su vídeo, hubieran asociado a dicha concejala con Franco. ¿Se hubiesen rebotado tanto los dirigentes de Navarra Suma?

Y en cuanto a lo de echarse a llorar es un decir, claro. Pero entristece constatar que, cuando a alguien se le recuerda cuál es el origen de su ideología, en lugar de agradecer el gesto, se le contesta con una querella o, como hace Navarra Suma, repitiendo hasta la náusea el mismo estribillo de acusaciones indiscriminadas contra Bildu, creyéndose finalmente que ella, Navarra Suma, es una organización santa y piadosa porque reconozca que Hitler fue un criminal.

El problema de Navarra Suma es que no percibe que sus ancestros ideológicos –sean tomados por separado sus Rhesus ideológicos del PP y de UPN– tienen en su recorrido muchos elementos sospechosos de burricie fascista que, encarnados en el régimen franquista, se edulcoraron convirtiéndose en señas de identidad de quienes, más tarde, se englobaron en el partido de R. Aizpún Santafé, Unión Navarra –luego Acción Popular de Navarra–, y heredados por su hijo, Jesús Aizpún Tuero, para UPN.

La hemeroteca está ahí. Y no miente. En cuanto Hitler fue nombrado canciller de Alemania, los fascistas de España, entre ellos las huestes que luego prepararían y apoyarían el golpe de Estado de julio de 1936, se miraron en el espejo del teutón, elevándolo a categoría universal de líder de Europa. Que se sepa, ningún directivo de Navarra en esa época se manifestó en contra. Y conviene recordar que muchos dirigentes políticos de Navarra posteriores serían los hijos y nietos de quienes quedaron embobados con aquel genocida.

Desde el primer momento en que el Führer se hizo con el poder, su figura suscitó en los dirigentes políticos de estos lares todo tipo de muestras de aplauso. Fue Diario de Navarra quien canalizaría dichas efusiones. Desde Berlín, un tal Hans von Stuner enviaría puntualmente sus crónicas al periódico navarro, donde se elogiaba la política de Hitler. Garcilaso, totalmente obnubilado, afirmaba: "Hitler vuelve a convertir al Reich en aquella colmena laboriosa y avasalladora" (DN. 23.VI.1933).

Incluso el carlista Eladio Esparza, subdirector del periódico y brazo derecho de Garcilaso durante la guerra, lo reconocerá: "En todas las naciones europeas existen sectores de opinión que tienen afinidad espiritual más íntima con los fascistas italianos o los nacional-socialistas de Hitler que con conciudadanos suyos que defienden el sovietismo de Moscú" (Diario, 15.V.1936). Es decir: Roma/Berlín o Moscú. Hitler/Mussolini o Stalin. Lo de siempre: totalitarismo o liberalismo. En este sentido, resulta elocuente el artículo firmado por el exdiputado integrista, el arcediano Hilario Yaben, titulado Hacia el fascismo (Diario, 3.VI.1936), que era la meta a la que aspiraban los sublevados contra la República.

El 28 de septiembre de 1937 Diario escribirá en grandes titulares: "Entrada triunfal de Hitler y Mussolini en Berlín. El eje Berlín-Roma es indestructible. Ambos caudillos ponen de relieve el espíritu creador del fascismo y nacionalsocialismo y afirman su voluntad de colaborar con los demás pueblos y de luchar por la cultura y civilización europea contra el comunismo". El 2 de octubre del mismo año sentenciará Garcilaso: "Empieza una nueva época en la historia europea" (Diario, 2.X.1937).

El 20 de abril de 1945 dirá Garcilaso: "Adolfo Hitler cumple hoy años. He aquí al hombre que desde las más humildes posiciones sociales alcanzó, con el esfuerzo de su voluntad, la más encumbrada nombradía en los tiempos modernos y realizó la obra más rápida y asombrosa de reconstrucción de su pueblo [€]. Hitler ha puesto la más alta marca de la historia."

El 2 de mayo de 1945, conocida la muerte de Hitler, le dedicará la siguiente necrológica: "Anoche se dio la noticia con signos de bastante autenticidad de que el Führer alemán Adolfo Hitler ha muerto. ¡Descanse en la paz del Señor! [€]. No creo que pueda sorprender el que se diga que aquí nos entristece profundamente esa noticia como nos entristeció la del fusilamiento de Mussolini en circunstancias atroces que llevaban el sello del comunismo asiático. Muere Hitler entre los escombros hacinados de Berlín, cuando la siniestra bandera de la hoz y el martillo, nobles instrumentos de trabajo transformados en odio por el comunismo soviético, ondean sobre las ruinas humeantes del Reichstag donde Hitler anunció un día que el pueblo alemán se opondría a los bárbaros designios del Kremlin de dominar Europa. Estos dos hombres (se refiere a Mussolini y Hitler), titanes que lucharon –para nosotros es lo esencial– contra el comunismo soviético, y que en la tremenda lucha han caído, pronunciaron muchas veces el nombre de nuestra patria con acentos de admiración y de amor.

Muertos ambos, no puede sorprender a nadie que en tal momento pronunciemos nosotros sus nombres con amor también y pidamos por sus almas a Dios. ¡En nuestro caso lo que sorprendería sería no hacerlo! Detrás de esos estandartes y de los nombres que sean seguiremos nosotros con la misma firme voluntad, ¡así Dios nos permita mantenernos con que venimos combatiendo el comunismo soviético, intrínsecamente perverso, desde hace veinticinco años!".

Estaría bien que Navarra Suma, en lugar de sentirse indignada y herida en lo más íntimo de su ser, no solo renegara de Hitler y sus crímenes, sino, también, de quienes en su época lo apoyaron con tanta intensidad, negando, incluso, la existencia de los campos de concentración y de los hornos crematorios.

Firman este artículo: Víctor Moreno, Laura Pérez, Clemente Bernad, Jesús Arbizu, José Ramón Urtasun, Carolina Martínez, Pablo Ibáñez, Carlos Martínez, Ángel Zoco, Txema Aranaz, del Ateneo Basilio Lacort

Conviene recordar que muchos dirigentes políticos de Navarra posteriores serían los hijos y

nietos de quienes quedaron embobados con aquel genocida

 

Estaría bien que Navarra Suma, en lugar de sentirse indignada y herida, no solo renegara de Hitler y sus crímenes, sino también de quienes lo apoyaron con tanta intensidad