En primer lugar, queremos manifestar nuestra apuesta por la restauración, conservación y mantenimiento de un edificio histórico que forma parte de nuestra historia.
La antigua estación de Autobuses no es un solar a la espera de los especuladores de turno, sino que es un edificio de 66 viviendas públicas con unos bajos de gran uso social, tanto de grupos y organizaciones civiles, como de zona de juegos infantil y espacio multiusos de ferias diversas.
Hace unos días, el periodista de Diario de Noticias de Navarra, Mikel Sola, preguntaba a varios arquitectos su opinión sobre el futuro de la antigua estación de autobuses. La iniciativa, muy acertada, podría completarse con las opiniones de la ciudadanía, especialmente de los usuarios del edificio.
Algunas de las opiniones de los profesionales del ladrillo destacaban que se trataba de una oportunidad para derribar el edificio y construir otro en su lugar. Si de lo que se trata es únicamente de desarrollar nuevos proyectos pueden ponerse en contacto con Arquitectos sin Fronteras y ofrecerlos a Turquía o Siria, donde en años no les faltará trabajo.
Otros arquitectos, de postín, se posicionan con los obsesionados por levantar edificios emblemáticos y singulares como El Corte Inglés, las torres de los Salesianos o el monumento a sus muertos en la cruzada, por poner algún ejemplo.
Menos mal que también contamos con un buen número de profesionales sensibles que conocen el terreno que pisan, siempre al servicio de la sociedad civil, que pretenden mejorar la vida de la gente. Bienvenidos sean.
La antigua estación lleva mucho tiempo abandonada por el Ayuntamiento como si esperase a que la ciudadanía termine por aborrecer el edificio, lo cual no quiere decir que se encuentre en ruinas, pues está lleno de vida, de color y de proyectos.
Solo falta un Ayuntamiento con sensibilidad ciudadana que aporte soluciones. La estación no es solo un reloj, es nuestro testigo del tiempo.
Pamplona dispone de gran cantidad de edificios históricos con graves problemas para llenarlos de contenido. Cuando se trató de crear la Universidad Pública se planteó el uso de edificios significativos como sedes de facultades universitarias. ¿Qué necesidad hay de eliminar el edificio de Autobuses para crear otro problema?
No podemos seguir expulsando a los vecinos del centro de la ciudad y sustituirlos por lugares comerciales y de ocio, salas de cultura, etcétera. La cultura la forman los contenidos no los continentes, y no podemos permitir que continúen extendiendo la gentrificación abusiva a la que se ha sometido a las ciudades.
Nos referimos, obviamente, a ese fenómeno de agresiva rehabilitación urbanística y social de una zona urbana, considerada deprimida o deteriorada para justificar un desplazamiento paulatino, pero constante, de los vecinos empobrecidos del barrio por otros de un nivel social y económico más alto.
En este sentido, considerar la manzana de autobuses como un área de oportunidad, es un insulto a la ciudadanía. Seamos éticos: ¿oportunidad para quién?
Se sostiene que la nueva edificabilidad propuesta es resultado de “considerar la volumetría de su entorno”. Y teniendo como vecinos a El Corte Inglés, Osasunbidea o el antiguo edificio de la Caja de Ahorros Municipal (hoy privatizado), no es de extrañar que se sustituyan las 66 viviendas municipales existentes por 24.000 m2 de superficie destinada, para variar de forma original, a “hostelería, ocio y galería comercial”.
Sustituir las necesarias viviendas públicas de alquiler por el nuevo uso supone un empobrecimiento social y cultural. Sin olvidar que la antigua estación forma parte de la memoria colectiva que relacionaba toda Navarra entre sí, lo mismo que a los territorios vecinos.
Que el edificio haya sido una dotación urbana de servicio pionera en Europa y premio nacional de Arquitectura tampoco parece entrar en las miradas de quienes sólo ven en dicho espacio una ocasión regalada para aumentar sus propias arcas económicas. Y, la verdad, estamos más que hartos de que la especulación urbanística arrase con todo lo que suponga la afirmación neta y limpia de una identidad, más que popular en este caso, ciudadana y, también, universal.
Firman el artículo: Jesús Arbizu, José Ramón Urtasun, Víctor Moreno, Ángel Zoco, Laura Pérez, Clemente Bernad y Txema Aranaz, del Ateneo Basilio Lacort