Hemos llegado a un punto en que mentir descaradamente parece que no resta nada a un político. Algo parecido ocurrió hace unos años con la corrupción; ante los casos más flagrantes y pillados con las manos en la masa, los votantes siguieron impertérritos.

Parece que en este país votamos más con las tripas que con la cabeza. Y si no, piensen ustedes en cuánta gente conocen que cambie el sentido de su voto después de un debate electoral o de leer un programa electoral (suponiendo que alguien se los crea a estas alturas).

En el caso de los debates, parece ser que lo que importa no es qué datos aporta cada participante o qué propuestas hace. No. Lo que importa es quién machaca al oponente, lo deja sin recursos, o, en definitiva, quién hace un papel más lucido de cara a la galería.

Pero volvamos al inicio. Una estrategia consistente en decir muchas mentiras y medias verdades seguidas en un debate, de forma que tu oponente no tiene opción de rebatirlas todas y solo le queda el deslucido papel de interrumpir todo el tiempo y repetir “eso que usted dice no es cierto”, con lo cual queda bastante mal ante la opinión pública, es algo ya inventado hace tiempo y que se conoce como gish gallop. Lo usaron algunos negacionistas para rebatir a los que defendían la evolución de las especies.

Y ante esto, y aquí va mi propuesta positiva, la única solución para evitar esto es ejercer una tarea de moderación activa. Una especie de VAR futbolístico durante el debate. Y yo creo que no es tan difícil como pudiera parecer.

En realidad, los datos que esgrimen los políticos durante sus discursos y debates tampoco son tantos: IPC’s de los últimos años, subidas de salarios mínimos y pensiones, presupuestos en servicios públicos, índices de paro, empleo y cotizantes a la Seguridad Social, crecimiento económico del país, y pocos más. Eso sí, todo ello comparado con los datos homólogos de nuestros vecinos europeos.

Pero como decía, tampoco son tantos datos. Bastaría con que hubiera un panel de unos pocos expertos, cada uno en su tema, encargados de que cada vez que algún participante dé un dato falso o incorrecto, lo interrumpa directamente, o al menos lo haga constar en el mismo momento (vía subtítulos, por ejemplo).

En este sentido, me encantó la entrevista de Silvia Intxaurrondo a Alberto Núñez Feijoo, afeándole en directo y sobre la marcha los datos falsos que estaba contando. Creo que ésa es la línea.

Y volviendo ya al inicio para terminar, si esto no se corrije de alguna forma y los debates van a seguir siendo así, a mí ya no me interesan.