Síguenos en redes sociales:

La automoción: industria, empleo y futuro

La automoción: industria, empleo y futuroBYD

La industria de la automoción no se enfrenta a un simple cambio de ciclo, sino a una transformación profunda del modelo industrial. Un proceso complejo que marcará el futuro económico y social de territorios como Navarra.

En nuestra comunidad, la automoción representa en torno al 25% del PIB industrial, casi el 6% del PIB total y cerca del 13% del empleo. Su peso es más del doble que la media nacional, donde ronda el 10%. Estas cifras evidencian una realidad incuestionable: el automóvil es un pilar estratégico de la economía navarra.

Además, no se trata de un sector aislado. La automoción actúa como motor tractor de otras ramas industriales como metalurgia, química, o logística con implantación en buena parte del territorio, contribuyendo a la cohesión económica y al equilibrio regional.

Este peso industrial se inserta, además, en un contexto macroeconómico favorable. Según el último Observatorio Regional del BBVA, Navarra será, junto con Aragón, la comunidad del Estado que más crecerá en 2027. Este crecimiento estará impulsado, en parte, por la previsible recuperación industrial, que vuelve a confiar al automóvil un papel clave en la remontada de la economía.

Si ampliamos la mirada más allá de nuestras fronteras, España es hoy el segundo productor de automóviles de Europa, solo por detrás de Alemania, y el noveno a escala mundial. En 2024 se fabricaron más de 2,3 millones de vehículos, lo que confirma la fortaleza estructural del sector.

Sin embargo, los datos de este último año muestran que esta fortaleza del sector convive con señales de alerta. La venta de vehículos en España y en Navarra ha crecido, al igual que la electrificación. En 2025, nuestro país ha dado un salto significativo en cuota de vehículos eléctricos, situándose en línea con la media europea, que ronda el 15%. Navarra, además, fue la comunidad autónoma que más vehículos eléctricos ha vendido en 2025, alcanzando un 23%.

En este contexto, la electrificación se ha convertido en el eje central del debate. La Unión Europea fijó 2035 como fecha límite para la matriculación de vehículos con emisiones, obligando a fabricantes y países productores a acelerar la transición. Sin embargo, el reciente paso atrás de la Comisión Europea supone, desde mi punto de vista, un error. Una falta de valentía para sostener con firmeza el objetivo de un parque móvil sostenible y de cero emisiones.

Los retos son múltiples: el despliegue efectivo del vehículo eléctrico, la evolución de la demanda o la creciente entrada del mercado asiático, entre otros. Si la demanda no acompaña, las fuertes inversiones realizadas por los fabricantes para electrificar y desarrollar nuevos modelos corren el riesgo de no traducirse en producción estable ni en empleo sostenible.

A esta dificultad se suma la elevada presión de la competencia asiática, especialmente china. Esta brecha no solo afecta al precio final de los vehículos eléctricos, sino también a ámbitos clave como las baterías o el software, donde se concentra gran parte del valor añadido y donde el continente asiático lleva una clara ventaja.

Navarra, no obstante, parte de una posición sólida. Su localización estratégica entre los dos grandes ejes logísticos del Estado, unas políticas públicas favorables –como el programa MOVES–, la buena densidad de puntos de recarga por habitante y una arraigada cultura energética sitúan a nuestra comunidad como líder nacional en este ámbito.

A ello se suma que el sector de la automoción español no parte de cero. En 2023 se invirtieron más de 2.395 millones de euros en I+D+i, con un refuerzo creciente en electrificación, digitalización e industria 4.0. Programas como el PERTE del Vehículo Eléctrico y Conectado están permitiendo modernizar instalaciones, atraer proyectos vinculados a las baterías y reforzar el ecosistema industrial.

Por último, y de manera fundamental, estos retos deben tener un objetivo claro: la transformación social. La transición solo será viable si se apoya en empleo estable, formación continua y recualificación profesional, especialmente para las personas trabajadoras vinculadas a actividades en riesgo, como la fabricación de motores de combustión.

Garantizar el relevo generacional, reducir la precariedad en las cadenas de suministro, mejorar la salud laboral y avanzar en igualdad de género no son elementos accesorios, sino condiciones necesarias para sostener el sector a medio y largo plazo. De lo contrario, el riesgo es avanzar en innovación tecnológica mientras se debilita el tejido social que ha hecho posible el éxito de la automoción en nuestro país durante décadas.

Los datos son claros: la automoción sigue siendo fuerte, pero se juega ahora su futuro. La transición ecológica y digital es inevitable y, bien gestionada, puede convertirse en una oportunidad para reforzar la soberanía industrial, generar empleo de calidad y modernizar nuestro modelo productivo. Hagámoslo posible.

La autora es diputada del PSN-PSOE en el Congreso