Zizur, un pueblo con historia, identidad e iniciativa, está atravesando un momento decisivo. En estos tiempos de cambios e incertidumbre, donde crecen los discursos de la desesperanza y el miedo, donde importa más comprar que compartir y donde la vida se ha vuelto más individual, pueblos como el nuestro corren un riesgo claro: convertirse en un pueblo dormitorio, apático, despersonalizado y dependiente.

Un lugar donde sus vecinas y vecinos no sienten que tienen algo en común; un lugar donde se construye mucho, pero se crea poco; que crece hacia afuera, pero se vacía por dentro; que tiene viviendas, pero no vida; que cuenta con presupuestos, pero no con proyecto; donde la juventud se marcha, el euskera se debilita, la participación decae y el comercio local se apaga. En definitiva, un lugar donde se habita, pero no se vive.

Esta legislatura es un punto de inflexión en el que se decidirá cómo será Zizur en el futuro. Los resultados electorales de 2023 reforzaron la confianza en el bloque progresista –12 concejales frente a los 5 del bloque de la derecha–. Sin embargo, tras la decisión de Geroa Bai de gobernar en solitario, estamos ante una disyuntiva: o apostar, junto con el bloque progresista (EH Bildu, PSN y AS Zizur), por un pueblo revitalizado, con una comunidad viva y plural; o caer, de la mano del bloque de la derecha (UPN y PP) en la inercia hacia un pueblo conservador y sin proyecto.

En este contexto, el principal factor de estancamiento es el papel del bloque de la derecha, que, más centrado en excluir al bloque progresista de las decisiones, carece de proyecto propio y actúa como un freno para el avance de Zizur.

Siempre que el bloque de la derecha ha apoyado a Geroa Bai en asuntos estratégicos, Zizur ha perdido una oportunidad de avanzar. Pudimos haber respaldado una comunidad energética vecinal, impulsada por zizurtarras, pero se optó por una comunidad auspiciada por Repsol a la que se entregaron, a precio cero, las mejores cubiertas municipales, con las que serán los de siempre los que harán negocio. También hubo un proceso ciudadano ilusionante para repensar las fiestas, con propuestas como un espacio festivo impulsado por los colectivos populares, que se dejó en un cajón.

Por el contrario, con el pulso social del bloque progresista, las cosas han funcionado: ahí está la escuela infantil 0-3, una victoria colectiva fruto de la presión ejercida por las familias y la insistencia del bloque progresista que, finalmente, hizo decantarse a Geroa Bai por la propuesta de una nueva escuela para Ardoi, frente al modelo de crear una macroescuela ingestionable que defendía la derecha.

Conscientes de los riesgos de limitar la actividad del Ayuntamiento a la gestión rutinaria, la recta final de la legislatura no puede limitarse a gestos simbólicos o mayorías coyunturales. Es hora de levantar la cabeza y recuperar el impulso transformador. Es hora de tomar una decisión política de fondo: decidir con qué bloque y con qué prioridades se hace frente a la inercia global que nos empuja a ser un pueblo dormitorio.

Frente al bloque de la derecha, en EH Bildu miramos hacia adelante, con ilusión y esperanza, para desplegar un proyecto junto con el Zizur que trabaja en su pueblo, que vive y siente sus calles, que educa, que participa, que disfruta de sus fiestas y que también vive en euskera. Porque como decía Pepe Mújica, la gestión sin felicidad no sirve; la política debe ser la lucha por la felicidad de todas y todos, y no hay nada más importante que tener con quién compartir la vida.

El autor es portavoz de EH Bildu en Zizur Mayor