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La publicación ‘Primavera silenciosa’ sigue vigente

La publicación ‘Primavera silenciosa’ sigue vigenteWikipedia

Se cumplen sesenta y cuatro años de la publicación Primavera Silenciosa por parte de la bióloga Rachel Carson, y su obra continúa siendo un hito fundamental en el nacimiento de la conciencia ambiental, y, un libro de cabecera para miles y miles de personas que nos permitió iniciarnos en ese mundo con cierta base argumental de tipo científico.

Rachel Carson tuvo desde muy joven una afición enorme por la escritura y pudo combinar sus pasiones, la literatura y el mar, y escribió sus tres primeros libros relacionados con el mar. Sin embargo, su obra más conocida y de mayor influencia no tuvo el mar como tema principal. En 1958, Rachel Carson se traslada a vivir a una zona rural en Maryland y allí comprueba desde su propia experiencia las repercusiones y los impactos que el uso de los pesticidas tiene sobre los territorios, la vida natural y la salud humana.

Durante cuatro años se dedica a investigar meticulosamente. Recopila multitud de datos y casos, entrevista a infinidad de expertos y pide a éstos mismos que revisen su manuscrito. Finalmente, en 1962 se publica Primavera Silenciosa. El libro se dirigía al gran público y denunciaba el uso indiscriminado de DDT y de otros pesticidas sintéticos. Las pruebas que ella reunió demostraban que los efectos tóxicos superaban los límites que imaginaba al acometer el estudio, y que el uso masivo de pesticidas ponía en peligro al conjunto de la biosfera y por tanto a la especie humana. Su idea fundamental (una primavera sin el canto de los pájaros) era más que una licencia poética.

La publicación de Primavera Silenciosa provocó una respuesta feroz, organizada y sistemática por parte de la industria química, fabricantes de pesticidas y asociaciones agrícolas, pero la ciencia se abrió paso hasta el Congreso de los Estados Unidos y contribuyó a un cambio crucial en la normativa ambiental. En 1970 se creó la Agencia de Protección Medioambiental de Estados Unidos (EPA), que en 1972 prohibió el DDT, uno de los insecticidas más utilizados. Hoy en día, se sigue utilizando, pero de manera muy restringida y controlada.

Más de seis décadas después de la publicación de Primavera Silenciosa, sus advertencias sobre el impacto ambiental de los pesticidas sintéticos siguen siendo relevantes, ya que la dependencia química en la agricultura persiste. Aunque la prohibición del DDT y otros compuestos específicos marcó un hito, la industria ha introducido miles de nuevos productos químicos que a menudo carecen de pruebas exhaustivas sobre su seguridad a largo plazo. Y muchas investigaciones han ido detallando las otras amenazas a las que se enfrentan los insectos, como la intensificación agrícola, la pérdida de hábitats o el cambio climático. El declive de los insectos es una realidad presente.

Según la FAO, 71 de los 100 cultivos que proporcionan el 90% de los alimentos en todo el mundo son polinizados por animales, muchos de ellos abejas, pero los animales polinizadores también están en riesgo de extinción y resultan esenciales para el mantenimiento de la biodiversidad y de nuestro propio bienestar. La investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Anna Traveset, publicó en 2025 La crisis de los polinizadores (CSIC-Catarata) con el propósito de transmitir el conocimiento existente sobre estas especies y su estado de conservación, explicar las causas y consecuencias de su declive, y, sobre todo, dar a conocer su importancia para el buen funcionamiento de los ecosistemas del planeta.

Esta crisis de polinizadores tiene grandes implicaciones ecológicas que van más allá de las primaveras silenciosas, pero también tiene consecuencias económicas y sociales. Los insectos sostienen funciones esenciales que no pueden ser reemplazadas por otros organismos. “Sin la polinización se romperían las cadenas alimentarias, se degradarían los suelos y se perdería la estabilidad ecológica. Y con el colapso ecológico, llegaría también una crisis alimentaria, económica y social sin precedentes para la humanidad”, señala la ecóloga.

La importancia ecológica de los polinizadores se remonta a más de 150 millones de años y han tenido un gran impacto sobre la evolución de las plantas y sobre el funcionamiento del planeta, subraya la experta. Cerca de un 90% de las plantas que producen flores son polinizadas por animales. Dependen de ellos total o parcialmente para la producción de semillas, y, por tanto, para mantener su ciclo biológico. Además de ser fundamentales para mantener la biodiversidad en los ecosistemas, los polinizadores actúan como “conectores ecológicos” porque las plantan que polinizan sirven de alimento para otras especies.

Si atendemos al enfoque económico, las cifras tampoco dejan lugar a dudas. La científica del CSIC afirma que, a escala global, se estima que el 75% de los 115 cultivos más importantes para la alimentación humana dependen en mayor o menor grado de la polinización animal. Se estima que la polinización por insectos tiene un impacto económico de unos 2.400 millones de euros anuales en España. Productos agrícolas como melones, sandías, calabacines, cacao, café, almendras, melocotones, manzanas, aguacates o cerezas dependen entre un 40 y un 100% de los polinizadores.

A pesar de que la agricultura es una de las causas de la crisis de los polinizadores debido a prácticas intensivas y cambios en el uso del suelo, también podría formar parte de la solución.

Anna Traveset explica que a nivel internacional se han propuesto dos enfoques complementarios para lograrlo: promover una agricultura más ecológica que integre la polinización y el control natural de plagas y apoyar sistemas agrícolas más diversos.

El autor es presidente de Fundación Clima y Premio Nacional de Medio Ambiente