Durante años muchas personas hemos luchado por dignificar el ciclo 0-3 en Navarra convencidas de que niños y niñas, familias y trabajadoras merecen unas escuelas infantiles dignas y de calidad. La Plataforma 0-3 nació como un espacio plural formado por sindicatos, agentes sociales y personas particulares que compartíamos una preocupación común: mejorar las condiciones de quienes habitan las escuelas infantiles. A pesar de que las sensibilidades y puntos de vista eran muy distintos, supimos encontrar puntos comunes: la bajada de ratios, la subida salarial y la dignificación del ciclo 0-3.
Cada parte entendía además que, más allá de esos mínimos compartidos, después cada sindicato o agente social tendría su propia hoja de ruta y sus propias reivindicaciones.
Yo misma participé brevemente en el grupo motor inicial. Después, aunque ya no formé parte de él, seguí implicándome activamente en todas las movilizaciones impulsadas desde la Plataforma. He acudido a asambleas, concentraciones y huelgas; he llenado durante años mi escuela de carteles, globos, pancartas y pañuelos; he animado a participar y he defendido públicamente la lucha del 0-3 con una fe absoluta. Incluso bailé la Haka junto a mis compañeras el último día de huelga del año 2022. Precisamente por haber creído tanto en todo aquello, siento hoy la necesidad de decir públicamente cosas que durante demasiado tiempo muchas personas decidimos callar.
Lo que deberíamos haber hecho público en 2022
Aunque muchas seguíamos creyendo ciegamente en la Plataforma y en sus reivindicaciones, hacía tiempo que algunas dinámicas nos empezaron a chirriar. Como escuelas, no bastaba con decidir participar en una movilización, había que apuntarse: también se indicaba cómo debíamos vestirnos, dónde colocarnos, qué poner en las pancartas, qué consignas gritar y cuándo hacerlo. Cuando una escuela no se sumaba, las llamadas e insistencias eran constantes hasta lograr la adhesión. Más preocupante aún era lo que trasladaban algunas personas que participaban en el grupo motor. Varias compañeras explicaban que existía una gran dificultad para expresar opiniones diferentes y que las discrepancias no eran bien recibidas. El clima que describían era el de un espacio muy cerrado, donde determinadas formas de desprecio o aislamiento hacia quien pensaba distinto terminaban generando mucho desgaste personal. A pesar de ello, muchas personas continuaron trabajando intensamente por sacar adelante la huelga de 2022 porque seguían creyendo profundamente en la necesidad de la lucha del 0-3.
Debimos haber denunciado entonces las malas formas, los desplantes y el sufrimiento que algunas personas estaban soportando dentro de esos espacios. No lo hicimos porque pensábamos que hacerlo público podía perjudicar un movimiento que considerábamos necesario para el sector. Pero el silencio también tiene consecuencias.
Tras la huelga de 2022 comenzaron a aparecer diferencias importantes sobre cómo continuar la lucha. Mientras reivindicaba el camino hacia la publificación del ciclo 0-3, el sindicato LAB defendió públicamente la necesidad de trabajar también por un convenio propio que blindara unas condiciones laborales dignas para todas las trabajadoras antes de pasar al Departamento de Educación.
Aquella propuesta chocó frontalmente con el grupo motor y, poco después, los sindicatos fueron expulsados oficialmente de ese espacio. A partir de entonces comenzó a repetirse orgullosamente el lema de “sin sindicatos ni banderas”. Y tampoco dijimos nada. Pero, ¿cómo puede una plataforma que reivindica derechos laborales hacerlo excluyendo precisamente a quienes representan democráticamente a las trabajadoras? Cuando expulsan a un sindicato, no expulsan unas siglas ajenas: expulsan también a todas las trabajadoras que se sienten representadas por él.
Las personas que continuamos apoyando las movilizaciones debimos haber explicado entonces que el rumbo de la Plataforma había quedado en manos de un grupo reducido, cerrado a la discrepancia y sin representación democrática real del conjunto del sector.
También debimos haber planteado preguntas incómodas: ¿por qué existe tanta oposición a un convenio propio que mejore y blinde las condiciones laborales de las trabajadoras del 0-3 en Navarra?
Lo que debería haberse hecho público antes de la huelga del 7 de mayo
Este curso las diferencias se hicieron todavía más evidentes. La decisión de sumarse a reivindicaciones estatales no era compartida por todas las personas ni por todos los sindicatos del sector. Desde la intersindical del 0-3 en Navarra se defendía que muchas de las mejoras debían reivindicarse aquí, donde existen competencias para hacerlo. Además, pocos meses antes varios sindicatos habían convocado una huelga para reclamar precisamente que determinadas decisiones laborales se tomaran en Euskal Herria y no en Madrid. Por eso, para muchas personas, la convocatoria del 7 de mayo generaba una contradicción difícil de entender. También resultó significativo que, tras haber apartado anteriormente a los sindicatos del grupo motor, la Plataforma tuviera que recurrir a un sindicato estatal sin representación en Navarra para poder convocar legalmente la huelga. A ello se sumó la sensación de que la convocatoria ya estaba completamente cerrada antes de hablar con los sindicatos navarros. No se planteó un espacio de construcción conjunta ni de debate sobre las reivindicaciones. Simplemente se pidió que se animara a la afiliación a secundar la huelga.
Muchas personas sentimos además durante esas semanas una presión constante hacia quienes no compartíamos la convocatoria. Trabajadoras, sindicatos e incluso la intersindical tuvimos que justificarnos públicamente por no secundarla, recibiendo en ocasiones descalificaciones y acusaciones injustas. Y, aun así, muchas decidimos no hacer públicas estas diferencias antes del 7 de mayo. No porque no existieran, sino porque no queríamos condicionar una convocatoria de huelga ni contribuir a dividir todavía más al sector. Por eso este escrito estaba pensado para publicarse después.
Mi malestar tras las declaraciones realizadas el día de la huelga
Precisamente porque sigo creyendo que es necesario tender puentes y reconstruir espacios comunes, me produjo una profunda decepción escuchar determinadas declaraciones realizadas por las convocantes el propio día de la huelga. Escuchar que “lo más duro” estaba siendo la relación con los sindicatos resulta difícil de entender cuando fueron precisamente las voces sindicales discrepantes las que en su día ellas mismas expulsaron del grupo motor. Del mismo modo, responsabilizar públicamente a los sindicatos de poner trabas o dificultar la unidad no ayuda a construir acercamientos reales, especialmente cuando muchas de las diferencias actuales vienen de lejos y nunca pudieron debatirse de manera abierta y honesta.
Tengo claro que es necesario volver a encontrarnos. Las reivindicaciones de fondo siguen siendo compartidas y mientras el sector permanezca dividido quienes realmente salen beneficiados no son las trabajadoras ni las familias. Pero para que ese acercamiento sea posible hace falta reconocer también lo ocurrido durante estos años. Porque sólo conociendo nuestra propia historia podremos evitar repetirla. Hace falta escuchar todas las voces, aceptar la discrepancia y abandonar discursos que sólo generan más tensión y enfrentamiento. Porque el 0-3 necesita unidad, sí, pero una unidad construida desde el respeto mutuo, la pluralidad y la honestidad.