Trump y la información privilegiada
En estos tiempos en que el presidente de los Estados Unidos tiene al mundo en vilo con sus continuos cambios de humor y verbosidad torrencial sobre materias altamente sensibles tales como imposición de aranceles al comercio o guerras varias, con hondas repercusiones políticas y económicas mundiales, es oportuno preguntarnos qué consecuencias pueden derivarse de acciones o conductas de agentes que, poseyendo informaciones reservadas o privilegiadas, las aprovechasen para su propio lucro o beneficio.
Un ejemplo paradigmático se nos presenta ahora con el devenir de la guerra desatada por el presidente estadounidense y su aliado israelí Netanyahu contra Irán. Tan pronto declara Trump que va a desatar un ataque contra el país islámico de una potencia nunca vista, devolviendo al mismo a la Edad de Piedra, como al poco rato dice que están negociando y todo va bien.
Estas manifestaciones del mandatario americano son muy tenidas en cuenta por los operadores económicos, especialmente en los mercados bursátiles, bien de valores como acciones o de petróleo, metales u otros productos. Así, vemos que inmediatamente los medios de comunicación registran alzas o bajas de las citadas materias, según el contenido de las declaraciones presidenciales. A este respecto circulan noticias en diversos medios sobre las ganancias fabulosas de algunas personas del círculo próximo al presidente, utilizando las informaciones privilegiadas con las que profusamente cuentan.
Hasta ahora hemos presentado un caso como el de Trump, que reúne unas características extraordinarias y casi diríamos que únicas, pues es el presidente del país más poderoso del mundo tanto en lo que respecta a la fortaleza de sus ejércitos como a su potencia económica y tecnológica. El controla el poder ejecutivo, domina el poder legislativo y por si no fuera bastante, ha ido configurando un Tribunal Supremo afín a sus ideas. Por tanto, podríamos decir que su palabra es casi ley.
El caso de Trump es inusitado, pero el ejemplo sirve también para otros dirigentes con poder de decisión con eficacia ejecutiva inmediata: ministros de economía, banqueros centrales (Reserva Federal, Banco Central Europeo, Fondo Monetario Internacional), presidentes y CEOs de grandes empresas, etcétera.
El problema surge cuando alguna persona, normalmente alguien de su círculo más próximo o incluso el mismo líder subrepticiamente, se aprovechan de que la noticia o medida en cuestión no ha sido todavía publicada para comprar, vender actuar o, al contrario, inhibirse de hacerlo, antes de que sea de conocimiento general. El incentivo para estas conductas es generalmente económico de ganancia muchas veces desmesurada a costa del público en general que no está enterado del evento.
¿Cuantas fortunas rápidas y suculentas no se conseguido de la noche a la mañana utilizando esta información reservada o privilegiada a costa del honesto e ignorante inversor?: acciones de guerra o paz, ganancias extraordinarias o fuertes pérdidas en una empresa, descubrimientos científicos o yacimientos de minerales estratégicos, tierras raras, solicitud de quiebras o concursos, medicinas revolucionarias, semiconductores o chip” de última generación aplicables a la inteligencia artificial, etcétera. Todo un mundo de oportunidades fabulosas para enriquecerse.
Fue en los Estados Unidos, cuando al hilo del desarrollo exponencial del capitalismo en las últimas décadas del siglo XIX y primer tercio del XX se decidió poner coto a este tipo de conductas disruptivas de los mercados de valores y de la necesaria igualdad de información entre los inversores, sin ventajas injustas para los iniciados poseedores de informaciones especiales, no publicadas y con influencia en las cotizaciones.
Así, en los primeros años de la década de los treinta (1933 y 1934), durante la presidencia de Franklin Delano Roosevelt, se publicaron las leyes fundamentales reguladoras de los mercados de valores, que incluían la creación de una agencia independiente que habría de servir de policía para controlar el correcto funcionamiento del sistema: la SEC, o Comisión de Emisión y Mercado de Valores. Este organismo ha gozado hasta ahora de gran prestigio por su independencia y rigor, pero pueden haber dudas sobre su actuación en estos momentos.
El ejemplo de los Estados Unidos ha sido seguido después por todo el mundo capitalista. Faceta importante de esta regulación es la consideración de esta conducta de utilización de información privilegiada como delictiva, tipificándola. por tanto, en el Código Penal.
En nuestro Código Penal, este tipo de conductas están tipificadas en el artículo 285, incluyendo no solo las personas que por sí o persona interpuesta lleven a cabo operaciones de adquisición o transmisión de instrumentos financieros utilizando información privilegiada, a la que hubieran tenido acceso reservado sino también aquellas otras que obtengan tal información de manera que podríamos denominar más o menos casual, o derivada, por pertenecer a su círculo familiar o próximo y la utilicen sabiendo que se trata de información reservada.
Las penas previstas son normalmente de prisión de seis meses a seis años, multa de dos a cinco años o del tanto al triplo del beneficio obtenido o de los perjuicios evitados.
Hemos tenido en España algún ejemplo notorio de utilización de esta información privilegiada por personas sin acceso directo a la misma. Tal fue el caso de un aprovechado sobrino que habiendo adquirido esa información por convivencia familiar con su tío, presidente de una empresa de muchos humos, la utilizó sin despeinarse, embolsándose una bonita suma muy por encima del salario mileurista habitual.
El tema de esta información no solamente se circunscribe al mundo financiero, sino que también se ha extendido a otros ámbitos. Así, el Financial Times daba cuenta la semana pasada del caso de un militar norteamericano que había ganado casi medio millón de dólares, apostando en la plataforma de pronósticos Polymarket, sobre la posibilidad que el presidente Maduro de Venezuela fuese capturado por un comando de US, utilizando información secreta o privilegiada, que había obtenido por estar en el equipo militar que estaba planificando dicho rapto.
El autor es doctor en Derecho