La ‘requetesignificación’ de Truffaut y Godard
En una tumultuosa asamblea durante el Festival de Cannes de 1968, François Truffaut y Jean-Luc Godard se afanaban por convencer al público de suspender el festival mientras en medio país ardían las barricadas y se producían durísimos enfrentamientos con la policía. En un momento dado, y ante las protestas de parte del público, Godard gritó: “Os hablo de solidaridad con los estudiantes y los obreros y vosotros me habláis de travellings y planos generales. Sois unos imbéciles”.
Algo así está pasando con el concurso convocado por el ayuntamiento para la resignificación del monumento a los Caídos. Mientras las víctimas, las asociaciones memorialistas y gran parte de la sociedad navarra están hablando de terminar de una vez por todas con la impunidad del carlofranquismo, demandando insistentemente el derribo de un monumento que fue erigido única y exclusivamente para humillar a las víctimas y hacer apología constante del fascismo, y que retuerce hasta la asfixia la convivencia de toda la comunidad, los equipos arquitectónicos seleccionados como finalistas del concurso se han enzarzado en una pelea de taberna sobre plagios entre los proyectos presentados, con argumentos tales como agujeros circulares, verticalidad, desniveles, recursos geométricos, transparencias, armonía, vidrio, escalinatas, zócalos, horizontalidad, etcétera. Y es que al final ha sucedido lo esperado: los arquitectos se ocupan de sus cosas arquitectónicas, pasando de largo de las cuestiones verdaderamente importantes del asunto, como son las relacionadas con la recuperación de la memoria histórica y la consecución de una vez por todas de la verdad, la justicia y la reparación de las víctimas, que en este caso no pasan más que por la demolición higienizadora del mamotreto. De hecho, las aportaciones que los equipos técnicos han hecho sobre el antifascismo en sus proyectos son verdaderamente de sonrojo, demostrando que para ellos son únicamente requisitos impuestos por los convocantes del concurso que en realidad les traen al pairo y que hay que cumplimentar sin mayor interés.
Tampoco puede pasar desapercibido el papel que desempeña el Opus Dei en todos estos concursos de resignificación de monumentos franquistas: una cantidad nada desdeñable de arquitectos, diseñadores, historiadores, especialistas, museógrafos, paisajistas, etcétera, proviene de la cantera de la Universidad de Navarra, esa a la que el insigne alcalde franquista Urmeneta –sí, el requeté y divisionario azul condecorado por Hitler– regaló los terrenos de la ciudad para que instalara su campus, y que ahora se ocupa de decirnos cómo debemos gestionar el legado de una dictadura en la que tuvo un papel protagonista. De hecho, sorprende que tanto el proyecto ganador del concurso para resignificar el valle de Cuelgamuros –La base y la cruz, que es el que se considera plagiado–, como uno de los proyectos seleccionados en Pamplona/Iruñea –Harriak Hitz, el acusado de plagio–, así como La puerta del sur, el proyecto que presentaron Tabuenca y Leache en el concurso de 2018, planteen agujeros circulares como recurso geométrico distintivo, que son justamente el motivo de discordia entre todos ellos. Quizá estén plagiando todos ellos un recurso que ya propuso el mismísimo Escrivá de Balaguer cuando bocetó el sello del Opus Dei en un papel en 1943: justamente un círculo y una cruz.
Hemos hecho una simple prueba del algodón: imprimir unas fotografías en tamaño postal de los dos proyectos seleccionados por el jurado y mostrarlas a diversas personas de Pamplona/Iruñea, a ver qué veían en ellas. El resultado ha sido apocalíptico: todas sin excepción reconocieron sin titubeos el monumento a los Caídos. Ni una duda, ni media vacilación. Como resignificación, la verdad es que deja bastante que desear. Y eso que no vieron las pinturas del interior de la cúpula, que el ente municipal resignificador ha decidido conservar en todo su esplendor: sí, justamente esas en las que se exalta y se glorifica hasta la náusea a las familias golpistas que asesinaron impunemente a más de 3.500 personas en esta tierra tan olvidadiza y tan desagradecida.
El blanqueamiento del franquismo alcanza cotas inimaginables. UPN derribó sin contemplaciones la antigua cárcel de Pamplona/Iruñea, un auténtico lugar de memoria que merecía ser conservado para no olvidar jamás las atrocidades que allí se cometieron; en el fuerte del monte Ezkaba se derribaron los muros interiores que hablaban de su papel de centro de reclusión y represión; el resto de centros de detención (en una ciudad que llegó a tener una población reclusa en una insoportable proporción del 25% de su población total) han sido derribados o siguen en pie sin que haya ni una sola placa que informe sobre su uso en el emplazamiento exacto en el que estuvieron: Ursulinas, La Merced, Escolapios, Salesianos, Ciudadela, plaza de toros, Euskal Jai, etcétera, ni siquiera un simple circulito y una cruz que señalen el lugar preciso de los crímenes.
Sin embargo, el único monumento que habría que hacer desaparecer –porque no es lugar de memoria, sino lugar de humillación y escarnio–, se mantiene contra viento y marea, siendo además el único que los golpistas y sus herederos desean conservar a toda costa. Y lo van a conseguir, a través de un concurso que debería haberse denominado de Reforma y rehabilitación del monumento, para mejorar su aspecto, su accesibilidad y su eficiencia energética, que es en realidad lo que los proyectos seleccionados proponen: un ligero lavado de cara para adaptarlo a los tiempos estéticos que corren, con sus miradores acristalados, sus zócalos horizontales, sus recursos geométricos y sus espacios que permitan una percepción global del conjunto. Sin olvidarnos de la cúpula perenne, esa en la que todas las avenidas de Europa terminan: París, Roma o Londres, según proclamara públicamente Joseba Asiron.
Ateneo Basilio Lacort