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Un espacio deportivo para todas las personas

Un espacio deportivo para todas las personasCedida

La decisión del Ayuntamiento de Iruñea de construir un nuevo espacio deportivo en el Casco Viejo es una gran noticia. Pero conviene recordar algo importante: este proyecto no nace de la nada. Llega gracias a años de lucha, de insistencia y de compromiso de un barrio que nunca ha dejado de reivindicar lo que considera justo.

Queremos reconocer públicamente el trabajo realizado por el movimiento vecinal y social del Casco Viejo, especialmente por colectivos como Alde Zaharreko Kluba, AZ Ekimena y tantas personas que, desde el anonimato muchas veces, han dedicado tiempo, esfuerzo e ilusión a defender esta necesidad. Este futuro espacio deportivo es también suyo. Es el resultado de una reivindicación colectiva que ha sabido mantenerse viva durante años.

Desde el movimiento asociativo de personas con discapacidad queremos sumarnos a esta conquista. La sentimos también como propia, porque creemos en un barrio vivo, participativo y con servicios públicos de calidad para toda la ciudadanía.

Y precisamente porque hablamos de un proyecto nuevo, de un espacio que todavía está por imaginar y construir, queremos alzar la voz ahora. Porque este es el momento de decidir qué ciudad queremos ser.

No queremos que la accesibilidad llegue al final, como una corrección apresurada o una adaptación de última hora. Queremos que forme parte del proyecto desde el primer día. Queremos que, cuando se dibujan los planos y se tomen las decisiones técnicas, se piense también en las personas con discapacidad. Queremos estar presentes antes de que se coloque la primera piedra, no cuando ya sea demasiado tarde para cambiar las cosas.

Durante demasiado tiempo hemos vivido la misma situación una y otra vez. Se construyen instalaciones, se inauguran espacios y después alguien se pregunta cómo hacerlos accesibles. Entonces llegan los parches, las soluciones parciales y las limitaciones. Y quienes acaban pagando las consecuencias son siempre las mismas personas.

Pero nuestra reivindicación va más allá de la accesibilidad física. También tiene que ver con la visibilidad, con la pertenencia y con el derecho a formar parte de la vida deportiva de la ciudad. Porque, cuando hablamos de deporte adaptado, hay una realidad de la que se habla poco: casi siempre nos toca entrenar en la periferia, lejos de la vida diaria de la ciudad y lejos de la mirada de la ciudadanía. Y cuando el deporte se practica lejos, también se vuelve invisible.

Si nadie nos ve entrenar, difícilmente la gente conocerá nuestros deportes. Difícilmente una niña o un niño con discapacidad descubrirá que existe una modalidad deportiva en la que puede participar. Difícilmente surgirán nuevas personas deportistas, nuevas aficiones o nuevos apoyos. Al final, acabamos haciendo deporte prácticamente a escondidas.

Quienes practicamos goalball (único deporte específico para personas con discapacidad visual) conocemos muy bien esa realidad. A pesar del magnífico trato que siempre hemos recibido por parte de las personas trabajadoras del colegio El Lago-Mendigoiti, entrenamos en un gimnasio que tenemos que abrir y cerrar con llave cada día. Llegamos, abrimos, entrenamos, cerramos y nos vamos. Apenas nadie nos ve. Apenas nadie sabe que allí existe un equipo de goalball. Nuestro deporte permanece oculto a los ojos de gran parte de la ciudadanía.

Y junto a esa invisibilidad existe además una sensación constante de incertidumbre. Ese espacio no es realmente nuestro. Hoy podemos utilizarlo, pero nadie nos garantiza que dentro de unos años vaya a seguir siendo así. Muchas entidades deportivas de personas con discapacidad conocemos bien esa realidad: entrenamos donde podemos, no donde debemos.

A ello se suma otra dificultad. Muchas de las personas que practican deporte adaptado dependen del transporte público para desplazarse. Cuando las instalaciones se ubican lejos del centro, lejos de donde transcurre la vida de la ciudad, las barreras aumentan todavía más.

En el caso de muchas personas con discapacidad visual, llevamos años denunciando las dificultades que generan determinados sistemas de información y aplicaciones asociadas al transporte público. Lo que para otras personas es un simple desplazamiento, para ellas puede convertirse en una carrera de obstáculos.

Por todo ello creemos que también tenemos derecho a estar en el centro. No solamente en el centro geográfico de la ciudad, sino en el centro de su vida social y deportiva.

Queremos dejar de entrenar en espacios aislados y empezar a formar parte de las instalaciones que utiliza toda la ciudadanía. Queremos que antes de nuestro entrenamiento salga de la pista un equipo de baloncesto y que después entre uno de balonmano. Queremos compartir vestuarios, pasillos, conversaciones y experiencias deportivas con el resto de quienes practican deporte en Iruñea. Queremos ser una parte más de la comunidad deportiva de esta ciudad.

Por supuesto, cada modalidad deportiva tiene sus necesidades específicas. En el caso del goalball, por ejemplo, necesitamos unas condiciones acústicas determinadas y el respeto necesario para desarrollar la actividad. Pero la inclusión no significa ignorar esas necesidades. Significa tenerlas en cuenta para que podamos compartir espacios y convivir con el resto del deporte de la ciudad en igualdad de condiciones.

Porque la verdadera inclusión no consiste en encontrarnos un rincón donde podamos practicar deporte. La verdadera inclusión consiste en que nuestro deporte sea visible, reconocido y valorado. Consiste en que las personas con discapacidad no tengamos que conformarnos con los espacios que sobran, sino que podamos ocupar, como cualquier otra persona, los espacios comunes de nuestra comunidad.

Por eso creemos que este proyecto puede convertirse en un referente. No solo porque responda a una demanda histórica del Casco Viejo, sino porque demuestra que otra manera de construir ciudad es posible. Una manera que escucha, que incorpora todas las voces y que entiende que la inclusión no es una concesión ni un añadido, sino una cuestión de derechos y de justicia.

Tendemos la mano al movimiento vecinal y al Ayuntamiento. Compartimos plenamente el objetivo de dotar al barrio del espacio deportivo que merece y queremos trabajar conjuntamente para que este nuevo equipamiento sea también un ejemplo de accesibilidad universal, deporte inclusivo y convivencia. El Casco Viejo ha demostrado que, cuando se organiza para defender una necesidad colectiva, es capaz de transformar la realidad. Ahora tenemos la oportunidad de dar un paso más.

Hagamos que esta conquista sea también una conquista para las personas con discapacidad. Hagamos que este espacio deportivo nazca abierto a todo el mundo. Hagamos que las personas con discapacidad dejemos de entrenar en los márgenes y podamos formar parte, de una vez por todas, del corazón deportivo de nuestra ciudad. Porque la inclusión no puede ser un añadido de última hora. La inclusión tiene que ser el punto de partida.