Sabalza y la paz social

Cambio | Tras vivir pegado a las polémicas, el único presidente con dos ascensos a Primera ha llevado, por fin, la calma al club

09.02.2020 | 10:02
Luis Sabalza, desbordado por la emoción, reparte abrazos entre los jugadores tras conseguir en Girona el séptimo ascenso.

PAMPLONA. Desde 1920, veinticuatro hombres han desempeñado el cargo de presidente de Osasuna, algunos de ellos repitiendo en periodos diferentes. A unos les tocó imprimir impulso al club en sus primeros latidos; a otros dar un paso al frente en situaciones críticas para la supervivencia de la entidad. Hubo un destacado dirigente republicano fusilado y un alto mando entre los sublevados carlistas. Un juez que antes jugó de defensa y un periodista que ocupó la Alcaldía de Pamplona. Un empresario que hizo las Américas y el dueño de una venta a las afueras de Pamplona. Un banquero y un camarero. Los hay de prolongada estancia y de corto mandato.

De éxitos y de fracasos. De Tercera y de competición europea. Elegidos en las urnas por los socios, en asamblea extraordinaria, o siguiendo las órdenes de la Federación Navarra. Siete tienen escrito en su hoja de servicio Ascenso a Primera División, pero solo uno de ellos lo ha conseguido por partida doble. Cuando en 1998 el entonces presidente Javier Miranda y el directivo Alfonso Condón coincidieron en la oportunidad de ofrecer a Luis Sabalza el puesto recién creado de Defensor del Socio, no lo hacían tanto por la condición de licenciado en Derecho de este como por su reconocido osasunismo, con veinte años de fidelidad en esa fecha a la hora de renovar su tarjeta. También porque lo consideraban un hombre "sensato, humilde y campechano", subraya Condón, ya que ambos coincidieron en su etapa laboral en Caja Navarra. De acuerdo con su antigüedad como socio, el ingreso en el club con número de asociado coincidió en el tiempo (finales de los sesenta) con una de las etapas críticas de la entidad, cuando los reiterados descensos a Tercera División tenían como lastre una gruesa deuda generada por la construcción de El Sadar y una mala gestión. Poco podía imaginarse Sabalza entonces, cuando se estrenaba como socio, que le tocaría cargar décadas después con la secuela del mayor escándalo en la historia de Osasuna (una denuncia por presuntos amaños de partidos y un uso fraudulento del dinero del club que salpica a dirigentes y empleados), con una deuda que ponía en entredicho la viabilidad del club, con más visitas a los juzgados que a los campos de Tajonar y con la amenaza de un descenso a Segunda B no consumada por unos pocos segundos. Tampoco que, una vez atravesado ese campo de minas, sería el único presidente de Osasuna con dos ascensos a Primera. Y el presidente del centenario.

UN PLAN APAGAFUEGOS

Un alto cargo del club comentaba en voz baja el pasado mes de agosto que uno de los objetivos de la temporada, si no el más importante, era recuperar la paz social. Quien así se pronunciaba era una parte implicada en que esa tregua fructificara, tanto por su controvertido puesto como por su capacidad de influencia en las decisiones del presidente. Todas las partes concernidas se aplicaron al plan; la directiva ha orientado buena parte de sus esfuerzos a los asuntos de promoción y fortalecimiento del club huyendo de polémicas, al menos en público; Fran Canal, el discutido director general, ha evitado ser carne de titular; los compromisarios han respaldado las medidas propuestas; la plantilla ha conectado con la afición y viceversa; y los resultados han terminado por poner el hormigón necesario para volver a levantar el edificio. Nada que ver con la guerra desatada en todos los frente desde comienzos de 2016. De la junta que tomó posesión en diciembre de 2014 solo han completado el recorrido hasta hoy Sabalza y Fidel Medrano. Por el camino se han apeado Eva Blanco, Pedro Baile y Juan Ramón Lafón, los tres poniendo en tela de juicio las maniobras del presidente y de Canal. También Alfonso Ramírez, quemado en poco tiempo por su sobreexposición pública. Los nuevos directivos, de un perfil más discreto y dócil, elegidos ex profeso, han contribuido a serenar los ánimos de puertas a fuera y dar sensación de unidad. Todos los problemas de aquel primer proyecto (traspaso de Mikel Merino, elecciones a la Federación Navarra de Fútbol, despidos de técnicos en Tajonar ) se aplacaron por un ascenso tan sorpresivo como imprevisto y un premio millonario que ayudó al club a rebajar su deuda hasta mínimos y aflojar el nudo de la soga que le ahogaba. Sin embargo, lejos de aportar sosiego, el ascenso echó más leña a la hoguera: la falta de confianza en el entrenador, Martín, que ya venía de atrás; una pésima planificación deportiva tanto en la plantilla profesional como con la cantera; la movilización de los socios por el papel predominante de Fran Canal; el escándalo por la ayuda económica a Vasiljevic para asuntos personales que llegaron a los juzgados; la dimisión de Ramírez; la ridícula actuación en el regreso a Primera; el apoyo a Tebas pese a ser reprobado por la asamblea, son episodios que jalonan un annus horribilis. Aquel "estamos hartos" que Sabalza lanzó como un exabruto en una asamblea describe con fidelidad la situación a la que una mala gestión y unas peores relaciones públicas habían llevado a la directiva. No había más salida que abandonar o someterse a la voluntad de los socios. Sabalza, o quien fuera, eligió la segunda.

ELECTO SIN VOTACIONES

En poco menos de cuatro años y medio, Sabalza ha sido dos veces candidato a la presidencia. En las dos salió elegido por incomparecencia de los posibles adversarios. En la primera cita, Javier Zabaleta se retiró y en la segunda, la no formalización de los avales según lo requerido por los estatutos y las hábiles maniobras de Canal en la sombra apartaron a Álvarez y Lafón. Estas dos incidencias han impedido conocer cuál era el apoyo real que el presidente recibía en las urnas. O medirse a otro candidato con un planteamiento más sólido con el que poder valorar los diferentes planes para Osasuna de cada uno. Tras el segundo proceso electoral, teñido también de las polémicas que acompañaron la primera legislatura, Sabalza y Canal han tratado de poner en orden las cosas. Por medio, el fracaso deportivo cosechado con la gestión deportiva de Braulio Vázquez y Diego Martínez obligaba a un replanteamiento de las posiciones ante los socios, la afición y los medios de comunicación. Era muy importante medir los gestos y las palabras. El presidente se cuidó mucho en la pretemporada de señalar a Osasuna como favorito y más aún de poner la meta en el ascenso sí o sí. Esas proclamas del año anterior le pasaron, como no podía ser de otra forma, factura ante el nuevo fracaso que la directiva tapó cargando la culpa en el entrenador. Había que reinventarse y lograr la paz social. La llegada de Jagoba Arrasate, el acierto en los pocos fichajes realizados, la mayor involucración del club en asuntos de alcance social (igualdad, solidaridad, reconocimientos ), la defensa de los socios cerrando filas ante las sanciones de Antiviolencia, el acercamiento al resto de clubes de Navarra, el proyecto de reforma del estadio, la aminoración de la deuda y la reorganización de Tajonar han sido una secuencia de acontecimientos que, sin borrar las cicatrices del pasado, han contribuido a hacer borrón y cuenta nueva. Y ha salido bien, hay que reconocerlo.

RECUPERAR LA CONFIANZA

El apoyo recibido, de una manera u otra, por la mayoría de partidos del arco parlamentario en las conversaciones encaminadas a conseguir el aval de la Cámara foral para afrontar el coste de las obras de remodelación y ampliación del estadio, exponen con fidelidad el grado de confianza que han conseguido los dirigentes del club. A día de hoy, parece que el ejercicio de transparencia que obliga a los rectores del club en todas sus actuaciones se cumple al pie de la letra y así lo ha destacado una consultora de prestigio y solvencia. Confiémos en que el ascenso no vuelva a nublar las mentes. Los múltiples errores cometidos tras el anterior retorno a Primera División deben servir como ejemplo de lo que ahora no hay que hacer. La confianza en el entrenador pase lo que pase (tiene contrato hasta junio de 2020), mantener la calma y no defraudar la fidelidad de la afición, que los fichajes, como premisa ineludible, mejoren lo que hay, que la cantera y quienes la defienden a capa y espada sigan sintiéndose reconocidos, fortalecerse como institución y poner de relieve los valores que han dado personalidad a Osasuna son las bases que es necesario consolidar por encima de las eventualidades de ascensos y descenso. Porque el fútbol siempre da una nueva oportunidad. También a Sabalza.