La contracrónica: decretado el estado de felicidad (pese a Munuera)
Osasuna está en ese punto que ni un arbitraje tendencioso evita que el equipo gane y siga con esa tontorrona que te da la felicidad
Hay equipos que van de más a menos. Y luego está Osasuna, que va con la flechita para arriba como esos jugadores de la Play Station de hace años. Tres puntos en Balaídos, chaparrón incluido, y la sensación de que este equipo cada vez huele menos a sufrimiento y más a equipo serio. Que ya es decir. Solo una mala noticia se trajo Osasuna de Vigo. La lesión de Boyomo no aparenta que vaya a ser liviana y, aunque tener a Herrando da toda la tranquilidad y más, siempre es un contratiempo desagradable.
Si Lisci fue atrevido con la alineación inicial, sus jugadores se lo recompensaron. Raúl Moro abrió su primera lata de las esencias para poner un caramelo de esos que Budimir no desaprovecha nunca.
Gol de delantero de raza, de esos que saben dónde hay que estar cuando hay que estar. Que parece fácil, pero luego ves a otros y te das cuenta de que no lo es. El hombre está en modo ascendente, con la flechita para arriba más clara que la cuesta de enero. Si sigue así, en marzo pide el Balón de Oro y en abril se lo dan.
Aquí vino lo bueno. Falta a Rubén García que hasta en Tokio se vio. El VAR llamó. Munuera no cogió el teléfono. Debe de tener el buzón de voz lleno. El colegiado se acercaba al televisor para buscar una excusa para no anular el penalti...y la encontró. O quiso encontrarla. La cuestión es que se mantuvo firme y Borja Iglesias empató de penalti. Pocos minutos después, Catena cae en área ajena tras sufrir un golpe del rival del Celta. Residual, sigan sigan. Tremendo. Luego subirán un vídeo inventándose algo y apañado. A otra cosa.
Pero cuando hace unos meses a Osasuna este partido se le habría marchado, ahora mismo los rojillos están de dulce. Y apareció Raúl García de Haro para aprovechar que el equipo estuvo varios minutos dominando el balón. El ariete tiene un papel complicado, a la sombra de un histórico Budimir. Pero es un ejemplo de cómo pelea y rinde en los pocos minutos que tiene.
Desde el 1-2 hasta el pitido final, Osasuna hizo lo que tenía que hacer, con Sergio Herrera bajo palos haciendo de Sergio Herrera, que es básicamente ser un muro con guantes.
La defensa respondió, el centro del campo corrió como nunca y arriba, cuando hubo que apretar, se apretó. Todo con esa sensación de equipo que sabe lo que hace, que tiene un plan y que, sobre todo, tiene la flechita para arriba bien marcada en el gráfico de la tele.
Tres puntos de oro. Victoria en Balaídos con Munuera Montero de protagonista involuntario. Budimir sigue marcando, Raúl García de Haro se está ganando a pulso más elogios de los que tiene y este Osasuna cada vez se parece menos al equipo irregular de principio de temporada y más a un bloque sólido, competitivo, con gol y con carácter. Queda decretado el estado de felicidad por Pamplona. Ahora, que dure lo máximo posible.
