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Diez años del traspaso de Mikel Merino al Dortmund

Este domingo se cumple una década de la oficialidad de la salida del canterano al Dortmund

Mikel Merino en Osasuna: su etapa como jugador rojillo.DIARIO DE NOTICIAS

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Hoy 15 de febrero se cumple una década de aquel invierno de 2016 en el que el Club Atlético Osasuna selló el traspaso de su mayor promesa, Mikel Merino, al Borussia Dortmund. Diez años después, la perspectiva del tiempo permite analizar una operación que, si bien dio un balón de oxígeno a la entidad, supuso uno de los mayores sacrificios deportivos y económicos de la historia reciente de Tajonar. Aquellos 6 millones de euros recaudados a cuentagotas (3,7 fijos y 2,3 en variables y derechos de formación, lejos de sus 20 millones de cláusula) contrastan hoy con una carrera que ha movido cifras astronómicas en la élite europea.

En febrero de 2016, Osasuna no negociaba desde una posición de fuerza, sino desde la necesidad. El club había salvado la papeleta en Sabadell, pero con una deuda que amenazaba la existencia misma del club y las cuentas en rojo, la salida de Merino no fue una opción deportiva, sino una obligación contable.

Sin embargo, la narrativa oficial que se deslizaron desde diferentes despachos ejecutivos de aquel entonces (aunque por aquellos años el actual director general se denominaba como un simple traductor) intentó, de manera sibilina, trasladar la responsabilidad de la marcha al propio jugador. Se deslizó la idea de que Merino “forzaba” su salida, buscando proteger del descontento de una afición que veía cómo se perdía el patrimonio más valioso. La realidad, hoy indiscutible, es que el club necesitaba ese ingreso inmediato para poder respirar de manera solvente, convirtiendo al canterano en el “escudo” de una situación económica heredada que era desastrosa.

Un ascenso de regalo

A pesar de tener el contrato firmado con el conjunto alemán desde mitad de temporada, Merino firmó un final de campaña para el recuerdo. Lejos de amoldarse o evitar el contacto por miedo a una lesión, el centrocampista se erigió como el líder absoluto del equipo de Enrique Martín Monreal.

Su desempeño en el playoff de ascenso de 2016 es ya parte de la mitología rojilla. Sus goles ante el Nàstic y su jerarquía en la final contra el Girona fueron el motor que devolvió a Osasuna a Primera División. Merino se marchó dejando al club en la máxima categoría y con un respiro financiero, cumpliendo con una profesionalidad que dejó en evidencia cualquier intento previo de cuestionar su compromiso.

La trayectoria de Merino

El desglose económico de la operación Merino es el fiel reflejo de un club que vendía por necesidad y no por valor de mercado. La operación se cerró inicialmente por 3,7 millones de euros fijos. A lo largo de los años, gracias a variables por internacionalidades, partidos jugados y mecanismos de solidaridad por sus traspasos posteriores, Osasuna ha logrado exprimir la cifra hasta alcanzar los 6 millones de euros.

Esa cantidad, que en 2016 permitió acabar bien la temporada y pagar deudas urgentes, resulta irrisoria al compararla con el impacto financiero que el jugador ha generado desde entonces. 

Tras su etapa en Dortmund, el Newcastle United y la Real Sociedad movieron cifras superiores a los 10 y 12 millones respectivamente. Su consolidación como uno de los mejores centrocampistas del mundo culminó con su traspaso al Arsenal por una cifra cercana a los 32 millones de euros fijos más variables.

Un rojillo más

A pesar de haber vestido las camisetas de algunos de los clubes más laureados del continente, Mikel Merino nunca ha ocultado que su corazón sigue latiendo en clave rojilla. En diversas comparecencias públicas a lo largo de esta década, el centrocampista internacional ha reiterado que Osasuna no fue solo un club, sino su “escuela de vida”. “Llegué a Tajonar siendo un niño con sueños y salí como un hombre agradecido”, ha llegado a afirmar en entrevistas para medios nacionales, subrayando que los valores de esfuerzo y humildad que rigen el club navarro han sido la brújula de su carrera profesional.

Uno de los momentos más recordados fue su primera visita a El Sadar como rival. Lejos de la frialdad que suele acompañar al profesionalismo, Merino se mostró visiblemente emocionado por el recibimiento de la grada. “Osasuna siempre será mi casa y yo siempre seré un rojillo más”, declaró al término de aquel encuentro, dejando claro que el vínculo emocional permanece intacto a pesar de la distancia y de las circunstancias en las que se produjo su salida.

Su gratitud hacia el club también se ha manifestado en momentos clave, como los aniversarios del ascenso de 2016, los cuales suele recordar en sus redes sociales con mensajes de cariño hacia sus excompañeros y la afición. Para el Conde, como se le apodaba cariñosamente tras su paso por la Real Sociedad, aquel éxito deportivo no fue un trofeo más, sino el mayor regalo que pudo dejar a la institución antes de partir. Esta cercanía constante ha servido para que el osasunismo, que en su día sufrió por su venta, hoy lo considere un embajador de Tajonar en la élite europea.