Osasuna llega al domingo en una situación inesperada. Hace no tanto, la permanencia parecía asegurada, incluso celebrada. El equipo miraba hacia arriba y dentro del vestuario se apuntaba a objetivos más ambiciosos. Ahora, en cambio, toca mirar hacia abajo y asegurar lo básico. El contexto ha cambiado, y también la exigencia. Pero el momento no admite demasiadas vueltas ni explicaciones largas. Ahora toca centrarse en lo inmediato. Tener memoria corta.

Olvidar cómo se ha llegado hasta aquí, los puntos que se escaparon, los partidos mal gestionados, las oportunidades perdidas. Ese análisis ya llegará. El domingo no se juega en el pasado ni en sus debates. Enfrente estará un Espanyol que se juega lo mismo. El conjunto catalán fue una de las revelaciones iniciales, impulsado por sus resultados y un técnico con sello propio que lo situó como ejemplo. Sin embargo, el paso de las jornadas ha cambiado por completo su realidad y ahora llega en un momento muy delicado, con resultados que han ido debilitando su posición y aumentando la presión.

Este tipo de encuentros no se sacan adelante desde la pizarra. En partidos así, el plan queda muchas veces en segundo plano. Se resuelven desde la implicación, el compromiso, el empuje colectivo y esa mezcla de tensión y orgullo que convierte El Sadar en algo más que un estadio. Dependerá de lo que el equipo sea capaz de sostener durante el partido. Y en Pamplona, este tipo de escenarios son bien conocidos.

Osasuna ha crecido muchas veces desde ahí, lejos de la comodidad y desde la necesidad. Desde partidos con poco margen, pero con mucho que defender. Por eso, más que un problema, el domingo puede ser también volver a lo que siempre funciona, un equipo que compite cuando más hace falta y una afición que sabe cuándo toca apoyar.

La idea no es compleja, salir de esta. Después ya habrá tiempo para todo lo demás. Para analizar por qué se ha pasado de ilusionarse con otras metas a estar en esta situación. Para discutir decisiones, modelos y discursos. Pero no ahora. El domingo no va de tener razón ni de explicarla con números. Va de competir y sacar el partido adelante. Con memoria corta, la cabeza en lo que importa y el corazón largo y rojo.

*El autor es exfutbolista y profesor de la UPNA