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HISTORIA DEL PASEO DE SARASATE DE IRUÑEA (IV)

El Monumento a los Fueros

Situado en el paseo de Sarasate de Iruñea, se erigió en los primeros años del siglo XX, en respuesta al desacato que supuso la pretensión del gobierno de España de suprimir lo poco que quedaba de la antigua soberanía de Navarra, hecho que generó una masiva protesta de la sociedad. Nacido como monumento reivindicativo, para muchos su vigencia continúa como tal. Financiado inicialmente por suscripción popular, aún está pendiente de inaugurar

El Monumento a los FuerosAnselmo Goñi. AMP

Como consecuencia de la aplicación de la ley incorrectamente llamada paccionada, Navarra perdió en 1841 su estatus de reino independiente, con sus propias cortes, gobierno, tribunales y administración, para pasar a ser una provincia española. Apenas conservó un poco de autonomía, su propio régimen fiscal y algunas instituciones, como la Cámara de Comptos. En mayo de 1893 el ministro de Hacienda del gobierno de Madrid, Germán Gamazo, trató de eliminar cualquier resquicio del pasado de Navarra como estado y en el artículo 17 de su proyecto de presupuestos, trataba de aplicar a Navarra las mismas contribuciones que al resto de las provincias españolas. La reacción de la sociedad navarra fue inmediata y comenzaron a llegar protestas de todos los rincones del territorio, tanto de diferentes entidades políticas, como de personas particulares; muchas también afincadas fuera de Navarra.

De esta forma, el 4 de junio de 1893 hubo una multitudinaria manifestación que, a los gritos de ¡Viva Navarra! y ¡Vivan los Fueros!, abarrotó las calles de Pamplona, terminando en la sede del Gobierno Civil, que en aquel año se encontraba en la Casa Alzugaray del paseo de Valencia. Prácticamente la totalidad de ayuntamientos, asociaciones, partidos y periódicos navarros apoyaron la protesta.

En una población total que rondaba los 300 000 habitantes, se recogieron hasta 125 000 firmas, en un documento al que se dio el nombre de Libro de Honor de los navarros. La protesta, conocida como Gamazada fue, de esta forma, absolutamente generalizada y movilizó a gran parte de la población de Navarra. Un ejemplo, puntual pero muy significativo, de dicha protesta fueron los versos que el poeta popular José Jarauta Joselicoescribió para la representación festiva anual del paloteado en la localidad ribera de Monteagudo y que muchos años después recogió y publicó el historiador Jimeno Jurío, versos musicados y grabados posteriormente por el grupo de música popular Ortzadar kantari taldea.

Se están colocando las estatuas de la parte baja del monumento.

Pocos días después de la gran manifestación, el escritor y dramaturgo pamplonés residente en Madrid Fiacro Iraizoz Espinal publicó en prensa un artículo en donde proponía la realización “de un monumento que a la vez que sirva de ornato a la capital, sea el altar donde nuestros hijos aprendan a adorar las sagradas libertades de nuestras veneradas instituciones…”. Y planteaba que, si la idea era del pueblo, también la financiación debía ser por suscripción popular. De la misma forma y el mismo día, el médico agoizko Manuel Jimeno solicitaba, al menos, la colocación de una placa conmemorativa en la fachada del Palacio de Diputación. Tanto la Diputación Foral como el Ayuntamiento de Iruñea recogieron la idea de Iraizoz y para el 16 de junio anunciaron que debía llevarse a efecto la realización del monumento, que sería financiado por suscripción popular.

Financiado por aportación popular

Reunidos en el Nuevo Casino de la capital, presidentes de sociedades recreativas, de centros culturales, directores de periódicos, representantes de Diputación y de diversos consistorios, decidieron apoyar el proyecto y abrir la suscripción popular. La cuota mínima establecida fue de 25 céntimos y la máxima de 25 pesetas, con la intención de que pudieran participar en la misma individuos de cualquier condición. Solo se admitían donativos mayores a sociedades, entidades bancarias, ayuntamientos o a residentes en el extranjero, a los que se suponía más adinerados.

El monumento a los Fueros, recién terminado. Postal de Eusebio Rubio

Otro momento de gran apoyo popular fue cuando, en la soleada mañana del 12 de febrero de 1894, representantes de Diputación se dirigieron en comitiva a la estación del Norte, para tomar el tren y llevar a Madrid la protesta y el libro de Honor con las 125.000 firmas. La población de Pamplona se echó a la calle, aplaudiendo y vitoreando al cortejo, y la prensa local tituló la crónica del momento como 'Un día solemne'.

Rápidamente se promovió un concurso de proyectos para el monumento y, finalmente, se aprobó el presentado por el arquitecto pamplonés Martínez de Ubago en junio de 1894. Aunque inicialmente se pensó colocarlo en la plaza de la Constitución, actual Plaza del Castillo, finalmente se decidió hacerlo delante de la fachada principal del Palacio de Diputación. El 27 de noviembre de 1895 se retiró la fuente-surtidor existente en el lugar y se comenzaron las tareas de cimentación, tareas que resultaron dificultosas pues en el lugar, fosos de las antiguas murallas, todo era material de relleno y no se encontraba la base sólida para apoyar los cimientos.

El arquitecto Manuel Martínez de Ubago

Manuel Martínez de Ubago Lizarraga, el diseñador de la obra, nacido en Pamplona en 1869, había estudiado arquitectura en la Escuela Superior de Madrid, titulándose en 1892. En los apenas once años que residió en Iruñea, además del Monumento a los Fueros, hizo algunas hermosas viviendas, siempre en estilo ecléctico, con toques modernistas, como las de la calle General Chinchilla 6, José Alonso 4, San Nicolás 72, o fachadas de comercios, como la farmacia Blasco o la joyería Idoate, todos ellos actualmente en aceptable estado de conservación.

Sin embargo, una vez destituido en Madrid Germán Gamazo como ministro de Hacienda, y una vez eliminada la amenaza de extensión a Navarra de los impuestos y fiscalidad vigentes en provincias, el interés por la obra se desvaneció un poco. La suscripción popular fue decayendo en cuantía y no obtuvo la recaudación esperada, liquidándose lo conseguido con las primeras obras. Al no contar con fondos, el proyecto tuvo que ser paralizado a finales de 1898. Se discutía quien debía continuar con la financiación, si el Consistorio de la ciudad o la propia Diputación. En abril de 1900 ya se hablaba en prensa del “monumento inacabable”. Finalmente, fue Diputación quien decidió reanudar las obras, con el apoyo en la dirección de obra del arquitecto Florencio Ansoleaga.

Portada y primera página del libro con las 125 000 firmas que Diputación llevó a Madrid. Editorial Pérez Tafalla.

La Diputación aportó, en su presupuesto de 1900, diez mil pesetas, en el de 1901, veinte mil y setenta mil en el de 1902. El incremento del coste previsto se debía especialmente a las distintas estatuas que adornaban el monumento. En concreto, solo la estatua de la matrona, que iba a culminar el monumento, estaba presupuestada en 27.000 pesetas. Para los Sanfermines de 1903 se desmontó el andamiaje y, aunque aún faltaban algunos remates, en la columna superior del monumento quedó grabada una inscripción con el año de 1903 como fecha de acabado. El coste total había sido de 200.000 pesetas. Ya en la primavera de 1904 ya la opinión pública exigía una fecha para su inauguración, pero Diputación daba largas, diciendo que debía elegirse una fecha clave, aniversario de algún hito importante de la historia de Navarra. Además, las placas de bronce con los distintos textos reivindicativos a colocar en cada frente estaban tardando más de lo debido y Diputación consideraba que aún no se había terminado todo. Se barajó como fecha el aniversario del 4 de junio de 1893, día de la gran manifestación contra las medidas del ministro Gamazo y que dio comienzo a todo el proceso, proponiéndose incluso como día de celebración permanente: la Fiesta Anual de los Fueros.

Finalmente, el 17 de marzo de 1905 fueron colocadas las cinco placas de bronce, considerándose como terminada la obra, doce años más tarde del inicio de los acontecimientos que habían originado su construcción. Sin embargo, la inauguración oficial no llegaba, numerosos escritos en la prensa local lo requerían, pero nunca había respuesta. Tampoco se prestó demasiado interés en su mantenimiento y las cinco estatuas de su base pronto comenzaron a ennegrecerse, con las consiguientes protestas ciudadanas. También hay quien se quejaba de que las personas se sentaran en su base haciendo tertulia o los niños se columpiaran en las cadenas de sus escaleras, considerándolo como algo inapropiado, costumbre que, por cierto, permanece un siglo más tarde. En marzo de 1909 y cuando estaba en proyecto el adecentamiento de la plaza del Castillo, que costó la supresión de la hermosa fuente de la Beneficencia diseñada por Paret a finales del siglo XVIII, el teniente de alcalde del Consistorio pamplonés, Eustaquio de Echave, hizo una propuesta formal de trasladar el Monumento a los Fueros al centro de la citada plaza. La idea no contó con el apoyo necesario para llevarse a efecto.

De 23,40 metros de altura y con una base realizada en piedra de Tafalla

El estilizado monumento tiene una altura total de 23,40 metros y está apoyado sobre una base o zócalo pentagonal de 18 metros de diámetro y uno de altura, realizado en piedra de Tafalla, contando con cinco escalinatas entre las cuales penden férreas cadenas que simbolizan el escudo de Navarra. En el centro de esta base se apoya el primer cuerpo, pentagonal, de cinco metros de altura, realizado en mármol de Almandoz y que posee en cada uno de sus ángulos columnas coronadas por sendas esculturas, que simbolizan el trabajo, la paz, la justicia, la autonomía y la historia. Las esculturas fueron realizadas en piedra de Angulema (Angoulême) por el escultor marmolista pamplonés Ramón Carmona Urrutia, que precisamente había aprendido su oficio en un taller situado junto al monumento, en el número 4 del paseo.

Como curiosidad decir que esculpió las figuras en el improvisado taller del coso de la plaza de toros de la ciudad. Además, en cada uno de los frentes de este primer cuerpo hay una placa en bronce con un pequeño texto explicativo, quizás mejor, reivindicativo. Tres son en castellano, uno de ellos en vasco y otro también en lengua vasca, pero en alfabeto ibérico. Precisamente la realización de este último texto, encargado al jesuita Padre Fita y que era algo más complicado de realizar, fue lo que demoró casi un año la terminación del monumento, recibiendo, además, muchas críticas por el resultado final. Todas las placas fueron fundidas en la fundición Masriera y Campius de Barcelona. El valioso y explícito mensaje escrito en nuestro idioma dice: Gu gaurko euskaldunok gure aitasoen illezkorren oroipean bildu gera legea gorde nai degula erakusteko, en castellano Nosotros los vascos de hoy nos hemos reunido aquí en memoria (recuerdo) de nuestros antepasados inmortales, para proclamar (mostrar) que queremos guardar nuestra ley.

La matrona foral que culmina el monumento.

Por encima de este cuerpo, una columna pentagonal en piedra de la cantera de Lete, muestra en sus caras los escudos de las capitales de merindad, Estella, Sangüesa, Olite, Tudela y Pamplona/Navarra. Una columna de mármol rojo de Aizkorbe, con capitel está ornada con una pequeña placa en bronce que señala el año de construcción 1903 y sostiene la figura que culmina el monumento: la matrona foral. La estatua de bronce, también fundida en la barcelonesa Masriera, de cinco metros y medio de altura y tres mil kilos de peso, muestra a una mujer vestida al modo clásico, alegoría de Navarra, coronada en recuerdo al reino que fue. Lleva en su mano diestra una cadena rota, símbolo de la libertad conquistada y en la izquierda un pergamino que proclama la Ley Foral.

Su autor fue José María Martínez de Ubago, hermano de Manuel, que había diseñado el conjunto del monumento. Para ello utilizó como modelo a la joven pamplonesa Rosa Estefanía Oteiza que, se dice, fue pareja del autor, con el que tuvo tres hijos extramatrimoniales y a la que posteriormente abandonó. La rocambolesca historia de Rosa y el autor de la figura, ha sido contada y publicada por autores como Patxi Abasolo o Joseba Asiron, con algunas pequeñas variantes sujetas a sendas interpretaciones. En cualquier caso, la joven modelo, no reconocida como tal y olvidada durante muchos años, está ahora recuperando su protagonismo y dignidad.

Y como decíamos, tras su finalización, solo quedaba pendiente que las autoridades procediesen a su inauguración. Se llegó a preparar la ceremonia, se acuñaron medallas conmemorativas, pero el tiempo pasaba y no se llevaba a cabo. Los avatares políticos a lo largo de todo el siglo XX hicieron que las autoridades navarras y pamplonesas nunca mostraran un interés especial en hacerlo. Al cumplirse su centenario, ya iniciado el siglo XXI, se sometió el monumento a un remozado, limpieza y restauración. Hubiera sido el momento de retomar el tema de su inauguración. Pero el gobierno de UPN, con su entonces presidente Miguel Sanz al frente o la alcaldesa Yolanda Barcina del mismo partido, nunca lo tuvieron entre sus intenciones. Con la llegada en 2015 del nuevo gobierno de Geroa Bai se pensó que había llegado el momento... pero tampoco se hizo. Sigue sin ser inaugurado, aunque para muchos no por eso sea menos valorado, como símbolo de lo que fuimos y aún luchamos por recuperar.