La tercera generación de Frutas Iruña coge los mandos
Rafael López y Ramoni Nieto ceden el testigo de la mítica frutería de Carlos III a Itxaso y Markel, sus hijos, que darán continuidad a casi 50 años de negocio
El colorido escaparate de Frutas Iruña lleva ya doce años sacando a relucir la frescura de sus productos en la calle Carlos III. Y a diferencia de lo que ocurre con la mayoría de negocios familiares, en este caso, la jubilación de Rafael López y Ramoni Nieto, quienes dirigían el local hasta hace unas semanas, no supone el fin de la frutería porque sus hijos, Itxaso y Markel, han decidido quedarse con la tienda. Los padres de Rafael –Ángel y Elena, la primera generación de fruteros– montaron el primer local de Frutas Iruña en 1978, en la Txantrea, y después de ese, vinieron otros tantos: el de Orvina, el de la Avenida Sancho el Fuerte –donde la familia trabajó durante 34 años–, el de la calle Sandoval y el actual, el de Carlos III. Nada más y nada menos que 48 años de historia familiar.
“Empecé con 14 años ayudando a mis padres y ahora tengo 66, así que podría decir que me he pasado en esto toda la vida”, reconoce Rafael. En realidad, la historia de sus hijos no es muy diferente a la suya. Itxaso estudió Psicología en Donostia y Markel, Ciencias Políticas. “Cuando terminé, trabajé un tiempo de lo mío, pero mi hermano me dijo que él se iba a quedar aquí, con los aitas”, cuenta la joven. Tras darle muchas vueltas al asunto, finalmente ambos hermanos apostaron por quedarse en el negocio familiar, donde han ayudado “desde chiquiticos”. Además, añade Itxaso, “tampoco íbamos a tener un sueldo mejor trabajando de lo nuestro, porque ya sabemos cómo están las cosas...”.
Un producto especial
De todas formas, ser frutero no es, en absoluto, una profesión cómoda. “Todo este tiempo me he levantado a las 3.30 de la madrugada, cada día, para ir a Mercairuña a por el género”, relata Rafael. “Así que yo duermo cuando me siento en el sofá, cuando rasco tiempo para echarme una siesta y poder compensar las noches”. Aun así, esta parece haberse convertido en una de sus partes favoritas de la profesión, igual que le sucede a su hija. “He empezado ahora a encargarme de eso y la verdad es que me parece bonito ir a elegir qué productos sí y cuáles no”, reconoce Itxaso.
Gracias a esta exigente selección del género, Frutas Iruña se ha consolidado como una frutería de nivel “medio-alto”, apunta la hija. “Nosotros vamos a seguir con lo que aita y ama nos han enseñado”, afirma ella, “trabajando con un producto de buena calidad, aunque intentando adaptarnos a la vida moderna”. En los inicios de Frutas Iruña, por ejemplo, la clientela no demandaba verduras preparadas. “¿Quién le iba a decir a mi padre que venderíamos cardo, espárragos o alcachofas limpias?”, plantea la frutera. Sorprendentemente, este es ahora uno de los principales atractivos de la tienda. “Supongo que las carnicerías tampoco se imaginarían que acabarían vendiendo tantas albóndigas o empanados”, bromea la joven.
Al mismo tiempo, las costumbres de los clientes han cambiado mucho en los últimos años. “Antes, nos daban un bocadillo de chocolate y con eso ya habíamos merendado”, recuerda entre risas Rafael. Pero ahora “todo el mundo compra fruta y verdura”. Este aumento de la demanda llevó a la familia a incorporar el servicio a domicilio hace 34 años, es decir, de forma bastante innovadora para la época. “Cada vez más gente usa este método porque se han acostumbrado a que les manden todo a casa, como hacen Amazon y estas grandes plataformas”, observa.
De igual manera, el local no entrega cualquier pedido a domicilio porque este formato de ventas resulta verdaderamente costoso. “Al final, necesitas a una persona que anote el pedido, a otra que lo prepare y a una última que lo entregue”, explica Rafael, por lo que la empresa ha establecido un mínimo para que los gastos de personal y transporte queden cubiertos.
Y no es para menos. En Frutas Iruña, además de los cuatro López-Nieto, trabajan otras tres empleadas: Ainhoa, Ana y María. “Cuando aita y ama dejen de venir por aquí tendremos que buscar a alguien que nos ayude con el negocio”, cuenta Itxaso. Hasta entonces, padres e hijos disfrutan de su compañía a la vez que llenan la calle con el colorido de sus frutas y la calidez de su atención. Mientras, Rafael espera que Frutas Iruña haga tan felices a sus hijos como se lo ha hecho a él. “Es una vida sacrificada, con muchos madrugones, pero una vida larga y bonita, más completa que la de aquellos que, por dormir más, pierden la mitad del día en la cama”, se ríe.