El cartel de San Fermín que merece ser contado
Alumnado de Formación Profesional de Actividades Polivalentes de la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Pamplona es responsable de una obra finalista en el certamen. Aquí lo explica el equipo docente
“Una historia que merece ser contada”. Ese es el asunto del correo electrónico que ha llegado este miércoles a la redacción del periódico. Invitaba a pinchar para leer más. El contenido del correo corrobora que, efectivamente, la historia merece ser contada: “Soy Sara, la tutora del grupo de Formación Profesional Auxiliar en Actividades Polivalentes de la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Pamplona”, se presenta la interesada en dar a conocer la historia. Sara Jaurrieta, Lorea Lasa y Patxi Górriz, el equipo docente, explican acto seguido que “hace un mes nos seleccionaron como finalistas para anunciar el cartel de San Fermín... pero como no hemos ganado, no se sabe quiénes han sido los autores del susodicho cartel. ¡Y nos gustaría contarlo!”.
Este es su resumen: “En septiembre, June Zandio, Iosu Zandio y Naiara Olaetxea entraron en la Escuela de Arte de Pamplona para cursar una Formación Profesional de Actividades Polivalentes. Empezó el curso. Un proyecto innovador, sí, pero también lleno de incertidumbre. Tanto que las primeras semanas las clases se desarrollaban prácticamente en un aula vacía. No fue hasta finales de octubre cuando llegó el material necesario para poder trabajar en condiciones. Mientras tanto, había que improvisar, construir desde casi nada y, sobre todo, sostener la ilusión”.
Lorea, Patxi y Sara continúan su relato y destacan que el curso “se organizó en varias unidades didácticas, basadas cada una de ellas en una exposición de arte que tuviese lugar en Pamplona y su comarca. Y de esta forma, en febrero se visitó la Casa de Cultura de Zizur para ver una exposición de pinturas relacionadas con San Fermín (El ABC de la fiesta, por Josune Iribarren). A lo mejor era muy pronto para tratar en el aula las fiestas de nuestra ciudad, pero a las semanas se abriría el concurso de carteles para anunciar los Sanfermines de 2026, y podía ser una oportunidad de trabajarlo”, recuerdan.
Una propuesta ambiciosa
La propuesta “parecía ambiciosa, pero se decidió intentarlo. Se revisó todo lo trabajado hasta entonces y se pensó que la técnica de la cianotipia, con la que ya se llevaba tiempo experimentando en clase, podía ser una buena forma de crear el cartel. Se eligió el tema de los gigantes. Se realizaron distintas cianotipias y, entre todas, se escogió la más emotiva. Esther Arata: árabe, mujer y pocas veces protagonista, segundona, al igual que nuestro alumnado…”, reflexionan.
"Se escogió la más emotiva. Esther Arata: árabe, mujer y pocas veces protagonista, segundona, al igual que nuestro alumnado…”
Después llegó “la parte más libre y más auténtica: decorar la obra con recortes de letras, papel carrocero y diferentes elementos colocados al azar, exactamente como ellos querían pegarlos, respetando su manera de crear y decidir”.
También el título del cartel “nació de una manera muy especial. Se propuso que cada alumno y alumna eligiera una palabra que se sintiera relacionada con la obra y con todo lo que estaban creando. Empezaron a surgir ideas sueltas: letras, números, colores… palabras diferentes, aparentemente desordenadas, pero que juntas representaban perfectamente la esencia del grupo y de su proceso creativo. Y así nació el nombre del cartel: Esther Arata presenta: el gran lío de colores, letra y números. Se presentó el cartel sin demasiadas expectativas, simplemente orgullosos del trabajo realizado. Y entonces ocurrió algo inesperado: el cartel fue seleccionado entre los finalistas del concurso de San Fermín. ¡Menudo subidón!”, destaca el equipo docente.
"Más allá del reconocimiento, aquello demostraba algo muy importante: que cuando se abren espacios reales de participación, cuando se confía y se acompaña, las capacidades aparecen"
La sorpresa fue “enorme. Hubo fiesta, celebración, abrazos y una sensación compartida de haber llegado mucho más lejos de lo que nadie imaginaba al inicio de curso. Porque más allá del reconocimiento, aquello demostraba algo muy importante: que cuando se abren espacios reales de participación, cuando se confía y se acompaña, las capacidades aparecen. Y quizás esa sea la verdadera historia de este proyecto. No solo la de un grupo que entró en una escuela ordinaria, sino la de una escuela que también tuvo que aprender a mirar de otra manera”, concluyen Sara, Lorea y Patxi.
“Adjunto varias fotos por si fueran de vuestro interés. Un saludo, y gracias de antemano”. A vosotros.
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