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OTAN 40 años de referéndum

Han pasado cuatro décadas desde aquel 12 de marzo que atornilló a España en la OTAN y dejó un claro contraste con la voluntad expresada en Navarra y la CAV.

OTAN 40 años de referéndumAdolfo

Sumergirse en marzo de 1986, cuando se celebró el referéndum de la OTAN, es adentrase por un tiempo ya remoto, en un mes que empezó con la sacudida del asesinato del primer ministro sueco Olof Palme, ocurrido en el centro de Estocolmo.

Un mundo terminaba y otro empezaba a perfilarse a distintos niveles. “Estamos en el umbral de la época del dinero electrónico”, decía un economista. Mientras, la Caja de Ahorros de Navarra presumía de la puesta en marcha de “medios del futuro” al que no llegaría como entidad, y anunciaba la introducción de datáfonos con los que se podría pagar “en todos los comercios”.

Al mismo tiempo, se conocía la inminente compra de Seat por Volkswagen, con consecuencias directas sobre Landaben. Aquella Semana Santa, solo en la Operación Salida murieron cien personas.

Por entonces, ‘El Pensamiento Navarro’, ya desaparecido, había subastado su edificio en el centro de Pamplona. La modernidad iba llegando por etapas. Un ordenador Amstrad costaba 129.900 pesetas, y Osasuna, que ya tenía un extranjero en sus filas, Pedersen, hizo un fichaje de última hora que dejaría una gran huella positiva: Ángel Martínez González.

Saltando del deporte a la política, según Felipe González, presidente que se jugaba mucho aquellos días, no era bueno entrar por la puerta de la CEE y salirse por la de la OTAN. El lema del PSOE era “Vota sí. En interés de España”. Según Txiki Benegas, “hablar de neutralidad” era “hablar de una utopía”. Nicolás Redondo, secretario general de UGT, había pedido el voto en contra. Los presidentes de los siete grandes bancos de entonces se pronunciaron por el sí en unas elecciones donde En una jornada donde votaron el rey Juan Carlos, Sofía, Elena y Cristina presencialmente, y Felipe por correo.

Entre tanto, Coalición Popular pedía la abstención. El PCE reclamaba el no, el lehendakari José Antonio Ardanza, de forma personal, propugnaba el sí, lo mismo que Xabier Arzalluz, mientras Carlos Garaikoetxea era partidario del no. Comenzaba a asomar claramente la hipótesis de la escisión que se consumaría ese mismo año. Mientras, en Catalunya, Jordi Pujol se negó a revelar el suyo.

Partidarios del no

El 10 de marzo en Madrid, la Plataforma Cívica para la Salida de la OTAN y la Coordinadora Estatal de Organizaciones Pacifistas organizó un gran acto. Ahí estaban Joaquín Sabina (“que se metan la OTAN por el culo”, dijo), José Sacristán, Ana Belén, Miguel Ríos, Imanol Arias, Pastora Vega o Juan Diego. También Marcelino Camacho, de secretario general de Comisiones, que llamó a Reagan “filofascista”. Días más tarde el presidente estadounidense calificaría a Nicaragua de “amenaza” para EEUU, país que a finales de dicho mes destruiría cuatro patrulleras y una base de misiles libios.

Por su parte, Gerardo Iglesias, secretario general del PCE, dejó un titular llamativo: “A Felipe González solo le falta por decir que si España sale de la OTAN vamos a ser invadidos por el SIDA”.

Entre tanto, la Junta Electoral de Navarra dictaminó que los votos en euskera serían nulos. Ese mes Navarra Hoy tituló que a partir de entonces Pamplona podría ver ETB gracias a un “reemisor privado”, a partir de una iniciativa de unas pocas personas.

Por su parte, ETA, cómo no, hizo su acto de aparición en campaña con un intento de secuestro frustrado en Pamplona y otro en cambio perpetrado en Donostia al industrial José María Egaña, socio fundador y presidente de Kraft, que sería liberado el 29 de marzo.

El día de autos

Y llegó el referéndum, y en Navarra triunfó el NO y en el conjunto del Estado el SÍ. Así lo destacó en su portada Navarra Hoy en su edición del día siguiente. En Navarra, un 52,70% de NO, un 40,09% de SÍ. Con una abstención del 36,95%. En números absolutos históricos, 99.815 votos a favor y 130.828 votos en contra. Más rotunda fue la diferencia en la CAV donde el NO dobló al SÍ ( 65,16 por 31,30).

En Navarra triunfó por lo tanto el no, con diferencias notables por zonas geográficas. Mientras en el norte triunfó el NO, en gran parte de la Ribera y de la Merindad de Estella ganó el SÍ.

Conocido el resultado, Felipe González habló de “seguir desarrollando una activa contribución al mantenimiento de la paz y un apoyo decidido a la distensión y a la solución pacífica de los conflictos en el mundo”. Quedaban menos de cinco años para la primera guerra del Golfo. Otro que se alegró aquella noche fue Gabriel Urralburu, presidente del Gobierno de Navarra, que dijo haber votado con “la cabeza y el corazón”.

Marzo del 86 comenzó con la sacudida del asesinato de Olof Palme y discurrió con una victoria del PSOE que iría a Generales en junio

Entre tanto, Santiago Carrillo, líder de la Mesa por la Unidad de los Comunistas, trató de esquivar el revés. “Estando en la OTAN”, aseguró, no tenía que haber bases americanas y abogó por cerrarlas. Lo mismo propugnaba Gerardo Iglesias, secretario general del PCE. Manuel Fraga, que había hecho campaña por la abstención, trató de erigirse en triunfante. “Teníamos razón al afirmar que este referéndum era innecesario, inoportuno y costosísimo y que no iba a servir de nada”. Para no hacerlo, lleva cuarenta años de consecuencias.

Por el lado de HB, el referéndum en el Estado lo había ganado “vergonzosamente el Gobierno del PSOE” y lo había perdido “en las dos nacionalidades históricas de Catalunya y Euskadi Sur”, enunció el parlamentario foral Iñaki Aldekoa. Por entonces, el Amejoramiento estaba cerca de cumplir cuatro años. El PSOE revalidaría en junio de ese mismo año 86, de nuevo con mayoría absoluta. Y el PSN reeditaría en la presidencia foral en 1987.

Urralburu brindó por la victoria del SÍ a pesar del triunfo del NO en Navarra. Pasado el revés, revalidaría la presidencia foral en 1987

La resaca

Al día siguiente del referéndum, el entonces secretario de Estado para las relaciones con la CEE, Pedro Solbes, fue ilustrativo: una victoria del no, dijo, “hubiera introducido una desconfianza clara” en la Comunidad Económica Europea. Eran tiempos de Guerra Fría, pero los posos y los nudos de aquello llegan hasta hoy.

El 15 de marzo, en un análisis sabatino que publicaba Gregorio Morán en Navarra Hoy, el analista, fallecido ahora hace tres semanas, valoraba los resultados. “No es banal que Felipe González acabe de proponer un consenso en política exterior. No hay más consenso posible que con los abstencionistas, y los únicos abstencionistas han sido de Coalición Popular”. Así que según Morán no era descartable “la gran coalición. Después del giro del PSOE sobre la Alianza Atlántica no habrá nadie tan estúpido o tan ingenuo como para decir que sus bases políticas no lo permitirían”.

Aquel referéndum fue un test de estrés político; el PSOE salvó el set, el PCE aumentó sus crisis y en el PNV creció la hipótesis de escisión

Cuarenta años después, González se sigue afanando en esa línea. La hipótesis Morán no ha llegado a fraguar de momento de forma explícita, pero sigue ahí, crepitando. Lo que no ha ido adelante es el deseo de Máximo, dibujante ya fallecido que trabajaba entonces en El País, que publicó aquel marzo una viñeta con un cartel: “BLOQUES NO BASES POCAS EN EL SIGLO XXI SI DIOS QUIERE”.

En aquellos días, el ministro de Exteriores de la república Federal de Alemania, Hans Dietrich Genscher, fue investido ‘doctor honoris causa’ en Salamanca, auguró que la fuerza de la Europa democrática decidiría el mundo de las generaciones futuras. Lamentablemente, también erró viendo el panorama actual.