El cubano Trígimo Suárez Arcia, de 70 años, asegura que siente "gusto" al comer vidrio, en particular las bombillas fluorescentes, que devora como si fueran un gran manjar, sin haber causado ningún daño a su organismo hasta la fecha. Trígimo dice que sólo fue al médico en 1967 "cuando Fidel Castro me lo pidió" durante un encuentro con el líder cubano. "Recuerdo que el Comandante (Fidel Castro) me dio un vaso rojo. Lo mordí y en el primer intento fallé, en el segundo también y al tercero el vaso se partió y pa-pa-pa pa"dentro. Solo dejé el fondo. Fidel me dijo que había que estudiarme. Acepté y él ordenó que me trajeran a La Habana", rememoró." Alonso Chil, que es presidente de la Sociedad Cubana de Medicina Interna, solo explica que no se encontraron daños internos en el aparato digestivo de Suárez porque trituraba el vidrio hasta hacerlo polvo.