La cita es en el teatro Gayarre el próximo sábado día 23. Allí a las 19.30 horas arrancará el concierto El sonido de la Nyckelharpa protagonizado por el músico Eneko Páez Oreja y sus amigos y amigas. El concierto es un sueño hecho realidad, la ilusión de un músico que en su infancia frecuentaba el teatro y soñaba con subir algún día a su escenario.

“Me lo planteé en la calle, como un reto Me dije: Voy a a sacar dinero para tocar en el Gayarre”, recuerda. Es en la calle donde se ha curtido paralelamente a otros escenarios en los que demuestra que la música es todo para él y le une a muchas personas que forman parte de su familia musical y de la amistad que le alimenta. Le mueve, es su motor, y tocar en la calle es su placer, el espacio, del que disfruta. "Cuando sufrimos la parada en pandemia,salí a tocar a la primera oportunida, y lo mismo a organizar conciertos de pequeño formato”, apunta.

Eneko Páez acaricia el violín desde los 8 años y tiene formación superior de este instrumento. Forjado por los años de experiencia, disfruta y hace disfrutar, con repertorios participativos. .Adapta melodías, interpreta música tirolesa divertida; medieval, en conciertos clásicos, y valora el ambiente que propician los espacios abiertos, el aire que se respira, su frescura, el contacto del directo y la libertad. “Pamplona es una de las pocas ciudades que no tiene regulado actuar en la calle”, lamenta.

Siempre se ha considerado músico y, actualmente, a sus 50 años, se dedica plenamente a la música. Hace tres años que abandonó la fábrica, un puente para volcarse en ella. Entonces, ya se consideraba “un músico que trabajaba en una fábrica”.

Su interés por la música de raíz y los instrumentos históricos le llevó a descubrir la zanfona y, posteriormente, la nyckelharpa. Este es un instrumento tradicional de origen sueco de cuerda frotada y origen medieval, híbrido entre zanfona y violín, cuya sonoridad conecta con las músicas antiguas.

Conoció el instrumento en un curso especializado en Casavieja( Ávila) y se convirtió en uno de los ejes de su trabajo artístico de exploración de la música celta y de la antigua europea, dando paso también a la interpretación de temas propios.

“Lo traje de Düsseldorf en 2023. Fui a buscarla con los colegas y nos llevamos una txalaparta de acompañamiento. El instrumento es un tanto especial, atractivo, con afinación de violín,para facilitar el aprendizaje. Empecé a tocar en la calle, todo el mundo se paraba a admirar su sonido. Cada música te traslada a un contexto, por ejemplo; la proyección de un bosque, o un paisaje de niebla que se va despejando. Y yo pensé que tenía que llevarlo al interior”, relata. Y este no podía ser otro que el Gayarre de sus sueños y en un concierto entre amigos.

Hoy Eneko Páez forma parte activa en Dancerie Ensemble-Folkiss-Willyfolk-Elorry-Ja&Leo, formaciones con las que comparte su pasión y le acompañarán el sábado en su “bolo”.

Concierto

Romper la rígidez de la sala, dotarla de un ambiente vivo con un repertorio de estilo variado dirigido a todos los públicos están en la base de la velada.

El programa combina composiciones propias con piezas de música tradicional celta y música antigua. Las melodías evocan parajes concretos a través de una interpretación entre la delicadeza y la fuerza rítmica.

La nyckelharpa en el centro proyecta una voz central que dialoga con las colaboraciones seleccionadas y con las danzas que enriquecen y completan el espectro sonoro del concierto, sin perder el carácter íntimo y narrativo esencial.

Están programados 75 minutos en los que al intérprete principal, Eneko con su nyckelharpa, le seguirán: músicos/as artistas: Alberto Blázquez (acordeón) Leo Frutuoso (guitarra) Rodrigo Frutuoso (bajo) Iñaki Markotegui (batería) Unai Otegui (arpa y voz) Raúl Ojer (cello) Diego Belzunegui (piano) Marta Huarte (voz) Alfonso Iturria (TunTun, flautas) Javier Navascués (viola de gamba). Danzas: Ihitz Iriart, Muthiko Alaiak Dantza Taldea.

Rodeado de técnicos en un cóctel de música y amistad, la ilusión de Eneko Páez de una noche en el escenario del Gayarre está a punto de cumplirse. Es una invitación a disfrutar de la riqueza de la tradición celta y un viaje personal que conecta la música de calle con la magia del teatro, y que une la pasión por la música con el deseo de compartirla, en este singular y céntrico espacio. Es en definitiva, un sueño cumplido.