Cuando pensamos en el turismo de Euskal Herria, a veces se piensa en ciudades o capitales, pues concentran los principales sitios de interés de un territorio o región. Sin embargo, no siempre tiene por qué ser así: de hecho, hay pueblos pequeños en los que el encanto y la esencia local se conserva mejor que nunca. 

El mejor ejemplo de ello es Iparralde. Más allá de los clásicos destinos que se recomiendan en webs o blogs especializados, estas tierras ocultan villas que son perfectas para visitar en escapadas breves y quedarnos prendados de su magia. 

La belleza del norte

Lapurdi es un territorio que merece la pena visitar. Si bien sus localidades costeras suelen reclamar la mayor atención, lo cierto es que hay lugares en su interior que tampoco se quedan atrás, ya que reflejan a la perfección el estilo de vida rural vasco.

Siendo conscientes de que a lo largo y ancho de su extensión es más que posible perderse ante la increíble cantidad de villas que descubrir, vamos a poner el foco en dos muy concretas para visitar en una salida que se puede realizar en un día. 

Una imagen de Angelu, destino de Lapurdi con magníficas playas FRANCISCO GAVILÁN

Conociendo Ezpeleta 

Ezpeleta es el primer destino en el que pararnos. Su nombre viene de la palabra euskaldun “ezpel”, así como de una familia que durante siglos dominó la zona, levantando un fuerte con cinco torres y que hoy en día alberga la Oficina de Turismo, el ayuntamiento y una sala de exposiciones: el Castillo de los Varones.

El castillo de Ezpeleta Wikipedia-François de Dijon

 

No obstante, la fama del pueblo se debe al ‘Piment d’Espelette’, un pimiento rojo seco tradicional. Introducido a mediados del siglo XVII por un marinero vasco, primero se usó como planta medicinal y más tarde como conservante de alimentos. 

A finales de verano, es muy común verlo colgados de balcones y fachadas. Pero el evento del año tiene lugar en octubre, cuando cada fin de semana de ese mes el pueblo acoge su popular festival, con bailes, música, ‘herri kirolak’ y desfiles.  

Visitando Sara 

Sara, o Sare en euskera, es la segunda parada. Considerado uno de los pueblos más bonitos de Iparralde, el frontón es el corazón del pueblo: es el escenario donde tiene lugar tanto partidos de eskupilota como actividades culturales y comerciales. 

Las cuevas también son otro atractivo de este municipio. Hablamos de un espacio natural que se puede visitar durante todo el año, donde poder aprender más sobre la prehistoria y geología vasca y completar con un parque megalítico y museo.

Uno de los rincones de la cueva de Sara. Aitor Ventureira San Miguel

Cabe decir que Sara fue antaño tierra de contrabandistas. Los ladrones cruzaban montes en silencio llevando mercancías como alimentos o ganado. Algo que los vecinos celebran todos los años con el 'Cross de los Contrabandistas', una carrera de 9 km en la que 36 corredores compiten cargando sacos de 8 kilos.

Imagen de una carrera de contrabandistas en Sara Noticias de Gipuzkoa

El alma de Lapurdi

Dejando a un lado estos dos tesoros del interior, no podemos olvidar que Lapurdi goza de muchos más reclamos turísticos donde la identidad rural y la arquitectura van de la mano en todos y cada uno de sus rincones. 

Podríamos hablar de Ainhoa, que brilla por su antigua bastida del siglo XIII y con una calle alineada por casas blancas y entramados rojos, al igual que por su iglesia, que incluye galerías de madera tallada. 

Otro caso es el de Uztaritze, vieja capital administrativa de la región. Famosa por sus elegantes edificios señoriales y una historia relacionada con el Biltzar, viejo órgano político. Por otra parte, también tenemos Kanbo o Azkaine, no muy lejos de los citados municipios.