Navarra tiene, nada más y nada menos que, 272 municipios. Más de dos centenares de localidades y todas y cada una de ellas con su encanto. Porque la Comunidad Foral es naturaleza pero también es cultura e historia.

Navarra, a donde siempre se quiere volver

"Desde sus hayedos hasta sus foces, atravesados por rutas mágicas que hablan de seres mitológicos, pasando por sus cuevas y sus leyendas de brujería, Navarra es una caja de la que parece que nunca dejan de salir sorpresas. Castillos y monasterios donde la realeza y la religión tejen los hilos del pasado, importantes paradas jacobeas en el Camino de Santiago, arquitectura única, pueblos que se bañan en ríos y ciudades con mucho que contar. Caseríos y valles donde desconectar del mundo y un sinfín de tradiciones", así es como desde le prestigiosa revista de viajes, National Geographic, invitan a sus lectores a visitar Navarra.

Un territorio que, en primavera, es todo un espectáculo. "Navarra aprovecha la entrada en marzo para vestirse, coqueta ella, de los colores más favorecedores. Del rosa de la flor de los cerezos, del turquesa del Urederra y del siempre verde de los Pirineos, que durante unos meses también se traslada a los campos de cereal del desierto de las Bardenas. Navarra en primavera es un canto al aire libre. Apetece irse a una casa rural y adentrarse de nuevo en bosques frondosos donde los matices del verde son incontables. Recorrer los Jardines de la Taconera de Pamplona y saludar a los ciervos mientras dormitan al sol. Desempolvar la bicicleta y rodar por caminos de montaña o por las interesantes Vías Verdes. En el Camino de Santiago resplandecen paisajes y caminantes, en las huertas de la Ribera los espárragos desbordan los huertos y en las calles de las ciudades la gente revolotea por comercios y tascas como abejas atraídas por un ramillete de lavanda", relatan desde la Web Oficial de Turismo de Navarra.

El pueblo "con una isla que solo puede visitarse cuando baja la marea" está a dos horas de Pamplona

Pero no solo hay municipios que merecen, y mucho, la pena visitar en Navarra, también en sus territorios cercanos. A dos horas de la capital navarra está el pueblo "con una isla que solo puede visitarse cuando baja la marea", tal y como así señalan desde la revista Viajar. El lugar al que se hace alusión no es otro que la isla de Garraitz, también conocida como la isla de San Nicolás, "uno de esos lugares que hay que visitar por lo menos una vez en la vida".

Una isla situada "justo frente a la costa del pueblo de Lekeitio y es un pequeño paraíso natural, pues está deshabitada y completamente cubierta de vegetación. Para acceder a la isla existe un dique que la conecta con el pueblo, pero hay que ir con cuidado, porque cuando la marea sube este camino desaparece bajo las aguas del Cantábrico. Una vez en la isla solo queda disfrutar de su entorno natural".

@the_3men2512

"Descubre la belleza oculta de la Isla de Garraitz, una joya paradisíaca frente al puerto ⚓ pesquero de Lekeitio en el pais vasco. ¿Estás listo para vivir una experiencia única rodeado de naturaleza y tranquilidad? 🏝️✨ #IslaDeGarraitz #Lekeitio ParaísoEscondido"

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En esa misma línea, tal y como relata la autora de la publicación, Laia Póo Alegret, "aunque está completamente deshabitada, se pueden observar los restos de lo que en su día fue una ermita, construida alrededor del siglo XV y a donde se cree que fueron enviados los leprosos y enfermos de la peste de la época. Un par de siglos más tarde, hacia el año 1617, la ermita fue reconvertida en convento de frailes franciscanos, los cuales ocuparon el templo durante cuatro décadas antes de abandonarlo por completo. Existen también los restos de una fortaleza militar en la parte más alta de la isla, los cuales demuestran la relevancia estratégica que ha tenido esta isla a lo largo de la historia".

"Además de estas ruinas arquitectónicas, en la isla se han encontrado también importantes restos arqueológicos, como cañones y polvorín de la Guerra de la Independencia. Pero el hallazgo más destacado es el de un conjunto de unas 20 monedas que datan desde finales del siglo XIII hasta casi el siglo XVI y cuya procedencia es muy diversa. A pesar de que han estado analizadas por expertos numismáticos, que han sido capaces de detallar su composición y valor, se desconoce aún cómo llegaron hasta Garraitz. Esta riqueza arqueológica hizo que la isla se convirtiera, en 2019, en el primer parque arqueológico del País Vasco", añaden desde la publicación.