Amor tóxico y adicción emocional, el lado oscuro del día de San Valentín
En el día de los enamorados se celebra el verdadero amor romántico, pero tras él también se ocultan relaciones marcadas por el control, los celos y un profundo sufrimiento emocional
Escaparates decorados con corazones, cenas románticas, flores, promesas y publicaciones en redes sociales que celebran la felicidad en pareja nos recuerdan que hoy, 14 de febrero, es el Día de los Enamorados. Sin embargo, bajo esa narrativa idealizada del amor que prolifera en torno al Día de San Valentín, existe una realidad menos visible y mucho más incómoda: las relaciones marcadas por el control, la dependencia emocional y el sufrimiento. Y es que el amor tóxico no entiende ni de fechas señaladas ni de gestos románticos.
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"Muchas personas confunden intensidad con conexión. La intensidad sostenida por celos, control o miedo al abandono no es pasión: es una señal de que el vínculo se está volviendo tóxico", explica María Quevedo, directora de tratamiento de Clínica RECAL, centro especializado en el abordaje de adicciones y en el apoyo integral a familiares.
Adicción al amor
La llamada adicción al amor -también conocida como dependencia emocional- aparece cuando la relación deja de ser una elección libre y se convierte en una necesidad. La persona afectada experimenta un miedo intenso al abandono, busca una validación constante y tiene grandes dificultades para tolerar la soledad. No se trata solo de querer estar con alguien, sino de sentir que sin esa persona la vida pierde sentido.
Este patrón suele consolidarse en relaciones donde el afecto aparece de forma intermitente: momentos de cercanía y cuidado seguidos de distancia, frialdad o conflicto. Ese vaivén emocional genera un enganche profundo, normaliza el malestar y dificulta la ruptura. "La intensidad no siempre es sinónimo de amor sano", insisten los especialistas.
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Señales de alerta
Entre las señales que desatan la alerta deque existe una adicción al amor se encuentran la necesidad constante de contacto o confirmación; la ansiedad si la pareja no responde; la dificultad para poner límites por miedo a la reacción del otro; la justificación de faltas de respeto, humillaciones o infidelidades o el aislamiento progresivo de amistades o familia.
El descuido del trabajo o los estudios, la vigilancia constante del móvil, de las redes sociales o de la ubicación, así como los intentos fallidos de cortar la relación, repitiendo una y otra vez el mismo patrón de daño, son otros síntomas a tener en cuenta.
En este escenario, pedir ayuda profesional se convierte en una herramienta clave. "Permite trabajar la autoestima, el estilo de apego, la regulación emocional y el establecimiento de límites, abriendo el camino hacia relaciones más seguras y saludables", señala Quevedo.
Aumento de casos
Los expertos advierten además de un aumento significativo de estos casos en los últimos años. "Hemos observado un incremento cercano al 30% en pacientes que acuden por adicción al amor y dependencia emocional, especialmente entre personas de 18 a 35 años", afirma la directora de tratamiento de Clínica RECAL.
Quevedo vincula, además, estrechamente este fenómeno al uso intensivo de redes sociales, donde las relaciones idealizadas conviven con dinámicas de control, celos y manipulación que se amplifican en el entorno digital.
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Adicción al sexo
La dependencia emocional puede coexistir, además, con otra adicción igual de dañina: la adicción al sexo o el comportamiento sexual compulsivo. Se trata de un trastorno caracterizado por la incapacidad de controlar los impulsos sexuales, con consecuencias importantes en la vida personal, social y profesional. Cuando estos comportamientos se descontrolan, provocan sentimientos de culpa, vergüenza y problemas en las relaciones interpersonales.
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"La adicción al sexo, al igual que la dependencia emocional, requiere un abordaje integral que combine terapia cognitivo-conductual y apoyo social. El objetivo es recuperar el control sobre la propia vida y las relaciones, aprendiendo a establecer límites saludables", concluye Quevedo.
Febrero, el mes de los enamorados por excelencia, quizá sea también el momento de preguntarse qué tipo de amor estamos normalizando. Porque no todo lo que se disfraza de pasión ni de intensidad es amor verdadero, y reconocerlo, aunque incomode, puede ser el primer paso para conseguir unas relaciones afectivas más libres y sanas.