Hay personas que hablan de la ciencia como algo frío, lejano, casi inalcanzable. María Unceta-Barrenechea la cuenta de otra manera: con nombres propios, con llamadas de teléfono, con enfermeras que avisan de un nuevo efecto secundario y con pacientes que, después de meses duros, vuelven a preocuparse por unas simples patas de gallo, por ejemplo. Ahí, precisamente ahí, es donde ella encuentra el verdadero sentido de su trabajo.

La fundadora de María D’uol lleva más de tres décadas dedicada a la formulación cosmética y once años centrada en el cuidado de pacientes oncológicos a través de la línea María D’uol Oncology. Desde su laboratorio de Vitoria-Gasteiz, ha construido un proyecto pionero que nació cuando apenas nadie hablaba del impacto de los tratamientos contra el cáncer sobre la piel.

“Antes de nacer María D’uol Oncology se curaban los efectos secundarios una vez que se producían”, recuerda. “Y cuando yo vi eso dije: ‘no, no, vamos a evitar todo ese sufrimiento a las personas’”. Su discurso se sostiene sobre la idea de que cuidar también es tratar. O, dicho de otra manera, que la calidad de vida de un paciente no puede considerarse un detalle secundario.

María D’uol: “Vamos a evitar todo ese sufrimiento a las personas”

María D’uol: “Vamos a evitar todo ese sufrimiento a las personas” Gemma Tenas

Un mensaje de esperanza

Con motivo del Día Internacional del Melanoma, María Unceta-Barrenechea insiste en trasladar un mensaje optimista y realista a quienes atraviesan un diagnóstico oncológico. “Un diagnóstico no es un pronóstico de vida”, afirma. “El pronóstico de tu futuro está también en tus manos: de qué actitud vas a tener ante esta enfermedad, de qué personas te vas a rodear o qué cambios de hábito vas a hacer”.

La farmacéutica reconoce que durante estos once años ha conocido historias muy duras, pero también muchas otras marcadas por la superación. Pacientes que terminaron los tratamientos y que hoy viven “una vida más consciente, más plena”.

“No hay que vivir con miedo”, defiende durante la conversación. Porque el cáncer, explica, cambia prioridades, obliga a detenerse y, muchas veces, enseña a mirar la vida de otra manera. “Hay personas que han descubierto cuántas cosas bonitas les ha dejado el cáncer en el camino”,explica.

Escuchar para cuidar

La filosofía de María D’uol Oncology se resume casi en cuatro verbos: escuchar, investigar, crear y cuidar. Así nació uno de sus últimos desarrollos, el Bálsamo Antipicor, formulado para aliviar uno de los efectos secundarios más frecuentes y desesperantes de algunos tratamientos oncológicos. “Escucho a los pacientes, escucho al personal sanitario, médicos y enfermeras”, cuenta. Son precisamente los profesionales de los hospitales quienes le trasladan nuevas necesidades derivadas de tratamientos cada vez más personalizados.

"Muchos pacientes no pueden soportar el picor por el tratamiento oncológico"

"Muchos pacientes no pueden soportar el picor por el tratamiento oncológico" Gemma Tenas

Detrás de cada producto hay años de investigación, ensayos clínicos y colaboración con hospitales de todo el Estado. “Preparas unos protocolos, pasas unos comités y empiezas a probar con pacientes. Esto no se consigue de hoy para ayer”, apunta.

Uno de los episodios que más le ha marcado ocurrió en el Hospital Valdecilla. Allí conoció el caso de una paciente que estaba dispuesta a abandonar la quimioterapia porque no soportaba el picor provocado por el tratamiento. “Cuando a mí me lo dicen, les digo: ‘¿Cómo que no? Si tenemos el antipicor y además yo le voy a cuidar’”. María se implicó personalmente en el seguimiento de aquella mujer. Un mes después supo que la paciente había continuado con el tratamiento y los picores habían desaparecido. “Es impresionante lo que nos puede parecer un daño colateral”, reflexiona. Porque, a veces, aquello que desde fuera parece menor termina condicionando por completo la vida de una persona. 

Una red de hospitales y humanidad

El proyecto de María D’uol Oncology adquiere otra dimensión cuando se conoce la estrecha relación que mantiene con hospitales, oncólogos y personal de enfermería. Durante estos once años, la firma ha tejido una red de colaboración con numerosos centros sanitarios y servicios de oncología de todo el Estado: oncología radioterápica, oncología médica, pediatría o patología mamaria… Es este contacto directo por el que la farmacéutica alavesa reivindica la humanidad de quienes trabajan dentro del sistema sanitario: enfermeras que llaman a los pacientes por su nombre, que saben si ese día vienen acompañados por una hija o una nieta, que sostienen emocionalmente además de tratar. “Hay que poner en valor ese gran trabajo que ellas también hacen cada día”, subraya.

Esa cercanía también forma parte del ADN de su laboratorio. “Cada persona es única. Detrás de cada persona hay una historia de vida”, asegura. Por eso, antes de recomendar cualquier producto, dedica tiempo a escuchar. A entender cómo se siente quien llama al otro lado del teléfono. “Yo ahí lo que te quiero decir es: ahora la prioridad eres tú”.

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Cuidar durante y después

Si algo ha aprendido en esta década larga dedicada a la oncología es que el cuidado no termina cuando acaba el tratamiento. Muchas de aquellas pacientes que comenzaron usando productos específicos para paliar los efectos secundarios siguen hoy vinculadas a la firma. “Algunas ya no llaman para hablar de quimioterapia o radioterapia, sino para preguntar por manchas, hidratación o contornos de ojos”. Y eso, para ella, también representa una victoria. Porque María D’uol Oncology nació para acompañar en uno de los momentos más difíciles de la vida, pero también para recordar que después del cáncer siguen las oportunidades. Y que merece ser vivida sin miedo, con esperanza y, sobre todo, sintiéndose cuidado.