Sábado 8 de julio. Se presentó ayer por las calles de Pamplona camino del coso Monumental pamplonés un sexteto de la casa de Lanzahita, toros de José Escolar que al llegarse hasta estos corrales de la vieja Iruña vimos todos lo impresionantes y bien comidos que estaban, pero que, realmente, dejaban al tipo de la casa más que lejos en cuanto a sus hechuras. Un toro tipo albaserrada, sin duda en sus pelajes, pero que sólo el sexto entraba en lo que se denomina el tipo del viejo criador.
Por cierto, sexto que luego fue lidiado en quinto lugar, y que como la mayoría de sus hermanos tuvo más que malas intenciones, perversas en muchos momentos de la lidia. Una lidia que habrá confundido al que en ella no haya puesto todo su interés. Primero porque se tuvo que ir corriendo los turnos en los toros que tocaban, llegando incluso a lidiarse por parte del ‘rubico’ Jiménez hasta dos toros seguidos por estar prendido en muslo, él también, en el cuarto, solicitando matar el quinto y pasar por las manos del equipo del Dr. Hidalgo al finalizar con lo que le tocaba. Y porque lo de ayer, está claro que no deja indiferente, para bien o para mal a nadie. Prendido de pronóstico menos grave, pero con doble trayectoria en el muslo de 12 y 10 centímetros respectivamente el director de lidia nada más comenzar su faena, nos dejaba un panorama que auguraba tragedia, como vistas antaño con otros hierros. Pero si la confianza en Fernando Robleño hombre experto y capaz de solventar esto y lo que le echen, se nos caía por los pies, hoy es de agradecer el esfuerzo de todos los actuantes en que la corrida fuese lucida y enseñada en todos sus aspectos.
Muy del gusto de algunos aficionados que siguen este tipo de raza y casta, agresiva y antigua, hecha para gladiadores y que nada cuadra con la Tauromaquia 4.0 actual, pero de riesgo y esfuerzo infinito para esos dos tipos que hoy deben salir con el billete ganado para el siguiente ciclo, porque entre Juan Del Alamo y Borja Jiménez, mano a mano ofrecieron una gran tarde. Y para mí, con un gran y notable cuarto, me ha sobrado exceso de kilos, agresividad y defensa contra ellos, en vez de ataque para el posible engrandecimiento de ambos chavales que bregaron lo indecible, más allá de lo que tenían previsto, ya vestidos, en su furgona, camino de la plaza. Una plaza más atemperada en sus locuras diversas, pero que sigue ignorante, en su mayoría, una lidia de toros agarrados al piso, duros, ásperos y difíciles como pocos, que no son ningún juguete a manejar por niños de hoy en día, sino por esforzados como los de ayer que merecen todo el respeto que muchos tendidos o gradas les pierden silbando una labor encomiable, y, para mí hoy, y con ello me quedo desde este momento, fiable. Me habéis ganado tíos. Los dos. El rubio sevillano y el de Salamanca deben ser un orgullo para sus paisanos y toda la Tauromaquia. Gracias a ellos vemos esto.