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Aventura pasada por agua

Bomberos y Policía Foral tuvieron que colaborar la noche del miércoles en la evacuación de dos grupos de scout que acampaban en Burgui y en Isaba y que se vieron sorprendidos y afectados por las fuertes lluvias.

Aventura pasada por aguaMARIAN ZOZAYA

AL mal tiempo, buena cara, refrán y actitud la asumida, entre otros por Guille González, Javier Barrena y Ander Urriolabeitia, tres de los 56 chicos que se vieron obligados a abandonar el campamento en Burgui la noche del pasado miércoles cuando sus tiendas quedaron anegadas por las lluvias que cayeron durante treinta minutos, desde las diez de la noche. Ayer vieron amanecer en el frontón de Burgui, vencidos por el sueño y el cansancio, pero satisfechos por el resultado de la experiencia vivida. "Nos sentíamos un tanto impotentes por no poder parar el agua, pero lo primero que intentamos fue relajar a los más pequeños que estaban muy nerviosos", relataba Guille. Esta vivencia no les ha quitado a ninguno su deseo de ser monitores de tiempo libre, que alcanzarán el próximo curso en Madrid, donde viven y de donde llegó el grupo de Scout, MB68, de Rivas Vacía para pasar la segunda quincena de julio "Sin ellos no sé cómo lo habríamos logrado", dijo la coordinadora Jara Larrosa.

La fuerte tormenta les sorprendió a la hora de la cena por lo que fue más fácil la evacuación. Sólo contaban con tres vehículos para 71 personas, 15 monitores y 56 participantes, por lo que desalojar el campamento costó tal número de viajes que la coordinadora no podía contabilizar, ni recordar. Quiso dejar bien claro lo orgullosa que estaba de los monitores y de los propios chicos y chicas.

La tarde anterior intentaron proteger las tiendas ante las lluvias caídas y las anunciadas. Además, se reunieron para valorar la posibilidad de evacuación. "Estamos preparados para la lluvia, no para evacuar a setenta personas", expresaba esta responsable de 25 años, con siete de experiencia como coordinadora de tiempo libre. "Cuando tienes a tu cargo esta responsabilidad, hay que tirar del carro y dejar el miedo a un lado".

Llamaron al 112 y comunicaron su decisión. Igualmente lo hicieron con los preocupados padres, al otro lado del teléfono. Recibieron ayuda de los vecinos que acudieron con mantas. También el alcalde, Iñaki Ayerra, les ofreció la posibilidad de alojarse en el polideportivo de Isaba, opción que les resultó más complicada por lo que siguieron los consejos de la Policía Foral de resguardarse en el frontón.

Pasado el susto, el sol del mediodía de ayer les reconfortaba, mientras repartían los bocadillos para comer. Los monitores programaron actividades para el día y planificaron un menú que incluía caldo caliente para la noche. Su intención es firme: alojarse en el frontón hasta poder retornar a las tiendas. Todo, menos regresar a Madrid.

Espacio compartido Tampoco la noche fue fácil para el grupo Okapi, de Zaragoza. Noventa personas, entre niños y monitores, dejaron ayer por la mañana su campamento y recurrieron al frontón, que se convirtió en improvisado comedor. Su idea era acabar el campamento, pero también barajaban la posibilidad de que los más pequeños regresaran a Zaragoza durante un par de días para cambiar sus ropas mojadas y regresar después del fin de semana.