pamplona - La tarde del 16 de julio de 2013, Ricardo Almoguera rodaba en su moto bajo un aguacero. Había ido a comprar pan a Estella y se dirigía hacia Oteiza de la Solana. Un patinazo fatídico en una curva le hizo perder su brazo izquierdo contra el poste de un guardarraíl. Y junto a la extremidad, su trabajo como chófer en la Estellesa y la vida que llevaba hasta entonces, incluido el placer de montar en moto. Solo 14 meses después de aquel día, este joven de 35 años afincado actualmente en Burlada afronta el futuro cargado de ánimo y decidido a cambiar la situación de desprotección que padecen los motoristas.
Nada ha sido igual desde el 16 de julio de 2013.
-La vida me ha cambiado totalmente, personalmente, profesionalmente, familiarmente. Te das cuenta de quiénes son los amigos de verdad y te das cuenta de que los buenos se pueden contar con una mano. Para salir, para hacer rutas todos valemos, pero cuando a alguien le pasa algo como a mí, parece que ya no molas tanto, que no vas a ser lo mismo. Hay otra gente que no, que te apoya, que te anima por el esfuerzo de sobrevivir, porque yo quiero seguir haciendo vida normal, yo quiero volver a montar en moto.
¿A pesar del accidente?
-Hay gente que me apoya, como mi familia, y otros me dicen que estoy loco después de lo que me pasó. Yo pongo como ejemplo a los profesionales, que con una pierna o un brazo roto vuelven a montar. Habrá quien dice que lo hacen por el dinero que les pagan, pero yo digo que es por la motivación.
¿Qué ocurrió?
-Por la mañana había estado con un amigo haciendo 350 kilómetros. Hacía muy buen día. Por la tarde bajé a Estella a comprar y cuando regresaba a Oteiza, empezó a llover mucho. En una curva se me debió ir la rueda de adelante y me caí. No recuerdo qué pasó exactamente, porque perdí el conocimiento y no lo recuperé hasta despertar en el hospital.
¿Cómo asimiló lo ocurrido?
-Al despertarme creí que era una pesadilla. Veía luces, tubos... Solo me quería dormir y no podía. Empecé hacer un reconocimiento totalmente desorientado. Estaba tapado y no me veía nada. Saqué una pierna de debajo de las sábanas y la tenía escayolada. Lo mismo la otra y el brazo derecho. Al intentar sacar el brazo izquierdo vi que no podía. Al quitar la sábana vi que tenía un vendaje a la altura del codo, que no había mano. Me dio un ataque de ansiedad y la enfermera vino y me dijo que había tenido un accidente de tráfico.
¿Se rebela, se resigna, se hunde...?
-Muchas personas te dicen qué suerte has tenido, qué suerte de estar vivo. Y yo me miro y no veo la suerte por ningún tipo, porque perdí mi trabajo como chófer de autobús, mis carnés de conducir... Mi mundo era todo la carretera y me quería morir. Decía que era un inútil, que me había desgraciado para siempre.
¿En qué momento reacciona? Se lo digo porque ahora mismo irradia animosidad y energía.
-Es el día a día. Me voy dando cuenta de que me defiendo, de que aquello que hacía en dos minutos lo hago ahora en quince. Aunque tengo una prótesis biónica, no la utilizo, sino que empleo mi ingenio para hacerlo con una sola mano de otra forma.
Se refiere a la prótesis que compró gracias a las aportaciones que consiguió en el programa de televisión ‘Entre todos’. ¿Esperaba tanta solidaridad?
-Hubo 386 personas que se ofrecieron a darme dinero para comprar la mano, que costaba inicialmente 60.000 euros. Gracias al descuento de la empresa, se quedó en 55.000, y por medio del programa los pude juntar. Se me abrió el cielo. Me dieron dinero muchos desempleados, moteros y gente humilde, y eso es algo que reconforta mucho. En cambio fui a ocho bancos y ninguno me dio un préstamo.
¿Cuál está siendo la adaptación?
-Está siendo larga, porque esto no es como comprar un coche. Hay que hacer muchas pruebas, bajar muchas veces a Madrid a la empresa Ottobock. Además el muñón todavía está menguando, por lo que el encaje hay que ajustarlo regularmente. Ahora lo llevo solo horas al día, porque me sirve de ayuda, pero no es un brazo. En este campo todavía tiene que haber muchos avances.
¿Qué tiene que decir una víctima en primera persona como usted sobre los guardarraíles?
-Esto no es solo un problema de los motoristas, sino también de los ciclistas, de los usuarios de coche, que también los hay que mueren por guardarraíles en mal estado. Yo no sé dónde está el negocio, pero ya es hora de que terminar con los guardarraíles sin doble protección. En España la gente les llama quitamiedos y yo les llamo amputamiembros, porque a mí me amputó un miembro y tengo que dar gracias porque podía haber perdido la vida.
¿Ha presentado alguna demanda?
-Va para largo, pero en la curva donde yo me accidenté ni siquiera hacía falta guardarraíl, porque no pintaba nada. Me habría ido al campo, pero no me cambia la vida.
“No sé dónde está el negocio pero ya es hora de terminar con los guardarraíles sin doble protección”
“En la curva que me caí el guardarraíl no pintaba nada: me habría ido al campo, pero no me cambia la vida”