Eran los primeros años del siglo veinte y un neurólogo uzbeko recién salido de la facultad de Medicina de París había realizado un descubrimiento clave para encaminar el diagnóstico de aquella enfermedad desconocida que, sin motivo aparente, hacía temblequear a las personas. Pero a Konstantin Tretiakoff no le hicieron caso. En aquellos tiempos, un comité de sabios desacreditó su tesis y la enfermedad de Parkinson siguió siendo, durante unos cuantos años más, una enfermedad rara.

Itziar Gastón, neuróloga del Complejo Hospitalario de Navarra, fue la encargada en la mañana de ayer de abrir el ciclo de charlas y mesas redondas que organiza hasta el jueves la Asociación Navarra de Párkinson (Anapar) con motivo del día mundial de la enfermedad, que se celebra el 11 de abril en todo el mundo. Bajo el título Avances en la investigación sobre la enfermedad de Parkinson, la doctora Gastón realizó un repaso por los orígenes de la enfermedad, lo mucho que costó identificarla y el estado actual en el que se encuentra un trastorno neurológico degenerativo que afecta en todo el Estado a cerca de 150.000 personas, según datos de la Federación Española de Párkinson (Fedes Párkinson). Itziar Gastón se remontó hasta 1817 para explicar los difíciles inicios de una enfermedad de la que no se sabía nada. Había gente que temblaba. Y ya. Hasta ahí llegaban los diagnósticos. Pero entonces apareció James Parkinson, médico, lord inglés y masón que puso nombre al trastorno en un artículo publicado en una revista científica de la época. Le llamó parálisis agitante, porque el denominador común que presentaban los seis pacientes a los que examinó fue que en estado de reposo presentaban unos tembleques erráticos, sin ritmo y sin que existiesen otros síntomas similares. Una incógnita para la que ha habido respuesta con el paso de los siglos, ya que hoy, tal y como aseguró la doctora Itziar Gastón, cerca de un 30% de diagnosticados con párkinson nunca desarrollarán temblores, aunque sí otros síntomas que irremediablemente irán a peor.

Hoy, cien años después de que Frederic Lewy descubriese los cuerpos de Lewy, el hallazgo fundamental que permitió orientar correctamente el estudio del trastorno neurodegenerativo, los profesionales de la salud buscan en otros síntomas aparentemente más alejados vetas de la enfermedad. “Hoy sabemos que los cuerpos de Lewy pueden afectar en un primer estadío a otras zonas del cerebro. Por eso preguntamos a los pacientes a ver qué tal tienen el olfato, qué tal van al baño...”, aseguró la doctora Gastón. Según los expertos, la depresión, los trastornos en el sueño, la rigidez, la falta de coordinación y la torpeza pueden ser la punto del iceberg de una enfermedad que para muchos sigue pasando desapercibida.