Hay muchas formas de abordar e incluso de entender la Memoria Histórica, porque no es algo monolítico, sino un fenómeno con múltiples aristas. Esa fue una de las reflexiones que se han extraído de la inauguración del II Congreso Internacional de Historia con Memoria en la Educación que se celebra estos días en la UPNA y que ha arrancado con la ponencia de la conferencia ¿De qué hablamos cuando hablamos de Memoria?, impartida por Elizabeth Lira Kornfeld, psicóloga y directora del Centro de Derechos Humanos de la Universidad Alberto Hurtado de Chile; y Ricard Vinyes catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Barcelona.

“La Memoria es un derecho, no un deber. Pero como derecho genera a las administraciones la obligación de implantar políticas públicas para garantizarlo”, ha sostenido Vinyes en su intervención, que ha puesto en valor que “hasta hace unos años nadie hablaba de políticas públicas de Memoria, y hoy en día es algo felizmente recurrente”.

Sin embargo, el catedrático ha querido alejarse de la “ilusión” de que la Memoria sea una especie de ente que nos protege de las cosas malas, de las dictaduras, en este caso. “La frase ‘Una sociedad que no conoce su pasado está condenada a repetirlo’ queda muy bien pero no es cierta. La acción memorialista tiene que ser una herramienta que intente que las experiencias profundas y existenciales se conviertan en instrumentos para construir una ética, no solo tiene que estar centrada en sucesos traumáticos”, ha apuntado.

De hecho, ha proseguido, en el imaginario colectivo existe la idea de que las políticas de memoria acontecen en espacios de la izquierda, pero no es así: “Hay democracias que nunca han tenido políticas públicas de Memoria y, sin embargo, en todas las dictaduras estas políticas han sido muy fuertes, trabajaban la Memoria para conseguir su objetivo, que era la legitimación de su causa. Al final, cuando hablamos de Memoria hablamos de una imagen del pasado socialmente construida y que responde a la necesidad de legitimación”.

En la misma línea, Elizabeth Lira ha expuesto el caso de América Latina, donde ha habido distintos casos de tratar la Memoria: “Hay países en los que ha habido conflictos que nunca han tenido ninguna política de Memoria ni de reconocimiento como es el caso de El Salvador. Pero es algo que ha pasado en más lugares, donde se ha intentado que desapareciese el pasado olvidándolo, pero es imposible superar el conflicto haciendo como que no existió”.

Memoria y sufrimiento

Muchas veces “la Memoria se reduce al desastre y al sufrimiento y creo que hacemos mal cuando solo recordamos el dolor y la muerte. Pero es verdad que tenemos esa necesidad de reconocer la historia de los seres humanos que en un momento determinado fueron víctimas por sus ideas”, ha señalado Lira.

En este sentido, Vinyes ha insistido en que, más allá de mantener el necesario recuerdo del sufrimiento y el dolor, es fundamental que la Memoria también se centre también en preservar los propósitos y los sueños de las personas.

“Por ejemplo, muchos barrios de nuestras ciudades se levantaron gracias a la ola de migración de los años 60. Está todo documentado y es importante que perviva el proyecto existencial de aquellas personas y recoger todo lo que pasaron y las causas que les llevaron a migrar. Y hay que tener en cuenta que la Memoria es siempre contemporánea, es decir, no es el recuerdo de una experiencia que yo he vivido. Yo no viví la Guerra Civil, pero tengo Memoria de ella por lo que me han ido transmitiendo mi familia, mi vecino, mi comunidad, etc. Y esa Memoria colectiva no tiene nada que ver con la historia de lo que ocurrió, no tienen por qué concordar”, ha argumentado el catedrático.