La ingeniera agrónoma Ana Villa Llop (Bilbao, 1990) ha defendido en la Universidad Pública de Navarra (UPNA) su tesis doctoral, centrada en la producción de planta injertada de vid en vivero, un proceso previo y determinante para la mayoría de las cepas que actualmente producen uva. Su investigación, desarrollada en el vivero Vitis Navarra en colaboración con el grupo de Fruticultura y Viticultura Avanzadas de la institución académica, concluye que el éxito del injerto de vid en vivero y la calidad final de la planta dependen, de forma especial, de la calidad fisiológica del material vegetal, de su estado sanitario y de la funcionalidad de la unión entre portainjerto y variedad. El estudio identifica, además, un factor concreto con efecto negativo: cuando la púa de la variedad presenta un contenido elevado de almidón, disminuye la tasa de éxito del injerto y empeora el desarrollo de la planta durante su crecimiento en vivero.
La investigación se enmarca en un ámbito estratégico para Navarra y otras regiones vitivinícolas, donde la vid es “uno de los cultivos más importantes desde el punto de vista económico, social y paisajístico”, en palabras de la investigadora. La tesis ha sido dirigida por el catedrático Gonzaga Santesteban García, investigador del Instituto de Investigación Multidisciplinar en Biología Aplicada (IMAB), y tutorizada por Javier Eraso Zabalegui, director de I+D+i en Vitis Navarra, empresa con sede en el municipio de Larraga. El trabajo se ha realizado gracias a las ayudas para la realización de doctorados industriales, concedidas por el Gobierno de Navarra.
“La mayoría de la población desconoce que prácticamente todas las plantas de vid que hoy producen uva proceden de un proceso previo fundamental: el injerto en vivero”, afirma la investigadora. El injerto en vivero es el proceso por el que, en estas instalaciones agrícolas, se une una variedad de vid a un portainjerto para que crezcan como una sola planta antes de plantarla en el viñedo. “La calidad de este proceso condiciona no solo el éxito inicial de la plantación, sino también la vida útil del viñedo, su productividad y resistencia frente a enfermedades y al cambio climático”, añade.
El viverismo vitícola surgió a finales del siglo XIX, tras la crisis de la filoxera, cuando “se hizo imprescindible injertar las variedades europeas sobre portainjertos americanos tolerantes a esta plaga”. “Desde entonces, el vivero se ha convertido en el primer eslabón de la cadena vitivinícola, aunque a menudo es invisible —describe Ana Villa—. Sin embargo, de su correcto funcionamiento, depende en gran medida la sostenibilidad y longevidad de los viñedos actuales”.
La calidad de la madera
Una parte central de la tesis se ha dedicado a analizar cómo el material vegetal previo al injerto condiciona la viabilidad del proceso. Los resultados señalan que, por encima de rasgos puntuales, lo que marca la diferencia es “la calidad fisiológica de la madera”. En el caso del portainjerto, las diferencias entre lotes procedentes de distintos campos de producción “no resultan determinantes” para el éxito del injerto “cuando el material se ha producido en condiciones adecuadas y no ha sufrido estrés”.
En cambio, el trabajo destaca el comportamiento de la púa de la variedad, la parte del sarmiento de la vid que aporta la variedad de uva y que se une al portainjerto. En concreto, un contenido elevado de almidón se asocia a peores resultados. “Las plantas injertadas a partir de púas con altos niveles de almidón presentan menores tasas de éxito del injerto y un peor desarrollo durante su crecimiento en vivero”, señala la investigadora.
La tesis sitúa también el estado sanitario como un factor clave. “La presencia de determinadas virosis, enfermedades causadas por un virus, aunque no estén reguladas oficialmente, puede reducir de forma significativa la viabilidad del injerto, especialmente, cuando se producen infecciones múltiples”, apunta la nueva doctora.
Análisis de métodos de injerto
El estudio profundiza, además, en el propio proceso de injertado y en la calidad de la unión entre el portainjerto y la variedad, con seguimiento tanto en vivero como en los primeros años tras la plantación en el campo. La tesis compara distintos métodos de injerto, entre ellos, el injerto en omega, “ampliamente utilizado por su rapidez y uniformidad”, y otras alternativas como el injerto en V, hendidura e injerto inglés, tanto mecanizado como manual. Las conclusiones indican que el injerto en omega puede alcanzar “altas tasas de éxito y generar plantas de buena calidad si se asegura una correcta alineación del cambium vascular en el punto de unión”.
El cambium vascular es una capa muy fina de tejido vivo, situada entre la madera y la corteza, que funciona como zona de crecimiento y permite que se formen y se conecten los conductos por los que circulan el agua y los nutrientes. Por eso, al injertar, es necesario que el cambium del portainjerto y el de la variedad queden bien alineados. “Por el contrario, pequeñas desviaciones en esta alineación pueden traducirse en uniones menos eficientes desde el punto de vista funcional”, destaca Ana Villa.
La investigación subraya, asimismo, que no todos los problemas se detectan al inicio. En algunos casos, las consecuencias de una mala conexión vascular en el punto de injerto no se aprecian en las primeras fases, sino que afloran más adelante, con efectos sobre “la formación de las plantas y la longevidad del viñedo”. Esta idea refuerza el interés de evaluar la funcionalidad de la unión más allá de su apariencia inmediata en vivero.
El último bloque de la investigación se centra en los sistemas de conducción en los campos madre de portainjertos, que son las formas de guiar y sujetar las plantas “madre” de las que se obtienen las estacas de portainjerto para facilitar su crecimiento, el manejo y la producción de material vegetal. Se trata de un aspecto relevante para “garantizar la disponibilidad de material vegetal de calidad y avanzar hacia un viverismo más sostenible”. La tesis compara sistemas tradicionales, como la cabeza de mimbrera, con alternativas como las espalderas. “Los resultados muestran que los sistemas de conducción en espaldera, aunque pueden presentar ventajas desde el punto de vista del manejo y la reducción del uso de productos fitosanitarios, producen un menor número de estacas en comparación con el sistema tradicional de cabeza de mimbrera”, indica.
La tesis se ha desarrollado como doctorado industrial, “un enfoque que ha permitido integrar la investigación científica con la realidad productiva de un vivero comercial”, en palabras de Ana Villa. “Esta colaboración ha facilitado que los resultados no se queden en el ámbito académico, sino que puedan aplicarse de forma directa en la mejora de los procesos de producción de planta injertada”, concluye la investigadora.
Breve currículo de la autora
Ana Villa se tituló en Ingeniería Agronómica en la UPNA, donde también ha desarrollado su doctorado industrial dentro del programa de Biotecnología. Su trayectoria profesional y científica ha estado siempre ligada a la viticultura, tanto desde el ámbito académico como desde el sector empresarial.
En la actualidad, está contratada como colaboradora de proyecto en el grupo de Fruticultura y Viticultura Avanzadas de la UPNA, donde continúa desarrollando labores de investigación aplicada centradas en el estudio del injerto, la calidad de la planta y la transferencia de conocimiento al sector vitícola.
Su trayectoria investigadora se ha desarrollado tanto en el ámbito universitario como en el empresarial y ha participado en proyectos de investigación regionales, nacionales e internacionales, muchos de ellos, orientados a la mejora de la calidad del material vegetal, el injerto y la sostenibilidad del viñedo. Es autora de diversas publicaciones científicas en revistas especializadas, así como de trabajos de divulgación dirigidos a profesionales del sector vitivinícola.