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USO Y ABUSO DE LAS PANTALLAS MÓVILES
Ana Azurmendi AdarragaCatedrática de Derecho Constitucional y profesora de Derecho de la Comunicación de la Universidad de Navarra

“En clase cuesta mantener la atención tres veces más que hace 10 años”

Advierte de que las redes sociales “están programadas para ser adictivas”, con un poder de atracción sobre los adultos que es aún más fuerte para la infancia y adolescencia

“En clase cuesta mantener la atención tres veces más que hace 10 años”Javier Bergasa

La catedrática y profesora Ana Azurmendi (San Sebastián-Donostia, 1962) es vicedecana de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra. El 5 de febrero esta Facultad organizó un congreso titulado ‘Ciudadanía y Derechos Digitales’. Azurmendi fue la encargada de abrir el programa, recordando que el ámbito digital y el analógico no son dos mundos distintos, sino la realidad en la que nos movemos, afectada por riesgos de calibre serio.

Estamos ante un problema cuyo abordaje cada vez parece más complejo. 

–Efectivamente, todos tenemos claro nuestro derecho a la sanidad, a la educación, al honor, a la intimidad. Sin embargo, con las cuestiones de carácter digital, estamos muchas veces confusos. No sabemos muy bien ni qué ley se aplica ni dónde acudir ni qué podemos hacer para reclamar si alguien suplanta mi identidad o si alguien me amenaza o me hace bullying. Como si todavía fuera un mundo salvaje, sin reglas del juego, y sí que las hay: las del Derecho; son las mismas.

La cuestión es cómo aplicarlo.

–Necesitamos tener más claro el concepto de derechos digitales y dónde reclamar, y ahí falta información. En principio es fácil, porque todas las plataformas, por ley europea de 2022, tienen obligación de facilitar el acceso para las reclamaciones y atenderlas de manera rápida. Hagamos que sea más conocida esa faceta del Derecho, para que las plataformas que todos usamos no sean como el sheriff que hace lo que le da la gana. Los ciudadanos tenemos que empoderarnos, y eso viene por los derechos digitales y quizá por un concepto que puede calar: el bienestar digital, muy relacionado con esos derechos.

Esto implica regulación...

–La hay.

Y tal vez una traslación de la idea de la seguridad ciudadana a la digital.

–El bienestar implica seguridad, pero también confianza en que no tenga que estar vigilando a mis hijos porque no me fío de que les van a meter en las plataformas. Yo les tengo que advertir todo el rato, no es lógico que tengamos que estar así. Las plataformas digitales son un meganegocio oligopolístico, de empresas privadas que buscan poder político y poder económico.

“Las plataformas digitales no pueden ser como el sheriff que hace lo que le da la gana. Los ciudadanos tenemos que empoderarnos”

Hace poco el foco se ponía en comportamientos individuales. Usted incide en esas macroempresas.

–Yo apunto más alto, porque para conseguir una mayor atención por los usuarios, un mayor perfilamiento en la publicidad y mejores datos que luego venden, alimentan con algoritmos grupos que saben que van a estar en bucle continuamente, con empresas que pagan para estar presentes... Es un sistema. Por supuesto que hay usuarios que cometen delitos. Tendrán su responsabilidad, pero hablamos de polarización y eso está promovido.

Se supone que fomentan el uso y no el abuso. ¿O no?

–Las dos cosas, porque cuando ves lo que te está produciendo en la vida social y no haces nada, estás permitiendo un sistema. A lo mejor no querías sus consecuencias, pero ves que económicamente te va bien, que puedes manipular políticamente con muchos datos que tienes y vendes. Estas empresas también van a por el poder político. Han creado un sistema.

Muy sofisticado.

–Exactamente. En Europa tienen obligación de hacer transparentes los algoritmos, los de moderación y los de recomendación, para romper ese poder, pero no lo han hecho.

Se está celebrando un juicio en los Ángeles sobre si Meta y YouTube generaron adicción.

–Lo veo interesante, ya era hora, pero es tan difícil hacerle frente judicial a una empresa de estas... Me parece muy valiente. Hace dos años hubo una Comisión de investigación en el Senado americano en la que había más de 40 familias de todo EEUU cuyos hijos con adicciones a las redes sociales habían tenido pensamientos suicidas y los habían ejecutado. Recuerdo que me impactó la respuesta de Zuckerberg cuando dijo que hacían que la experiencia de los adolescentes fuese buena y les ayude a madurar en su crecimiento. Aquellos padres, indignados, le decían que por lo menos pidiese perdón. Ahora en el juicio de Los Ángeles vuelve a estar Zuckerberg más YouTube, y leo los mismos argumentos. Ya está bien. Creo que el juicio va a ser muy interesante, y que esto nos llegará, pero tendrá que aterrizar con nuestro derecho, nuestra mentalidad...

“Los estudiantes de ahora son supervisuales, pero de mucha menor comprensión racional. Necesitarán más tiempo para ser maduros”

¿Dentro de diez años?

–Espero que no, porque tenemos alertas ya en Europa. España ya ha dado un paso al frente diciendo que quiere legislar para frenar el acceso a los menores de 16 años a las redes.

Usted ya lo proponía en 2017, si no antes. Lo tenía muy claro. 

–Sí, creo que el acceso a las redes sociales tiene que estar vetado, porque están hechas para que vayas pasando de una cosa a otra, a otra y otra, y puedes estar horas. Se juega con el morbo, con el humor o el espectáculo, y siempre con imágenes... Como adultos a veces nos resulta difícil parar, imagínese un chaval de 12 años, que les tienen perfectamente perfilados. Estoy a favor de que en las familias se les vaya educando para que sepan enfrentarse por sí mismos, pero en la medida que las redes sociales sigan siendo adictivas... porque están programadas para ser adictivas, como el tabaco.

Con los aditivos...

–Las redes empezaron a ser fuertes a partir de 2006, ya llevamos 20 años con ellas, ya sabemos un poco qué ha pasado.

Recuerdo Facebook en sus inicios.

–Era a pedales. Han evolucionado muchísimo con los algoritmos, y lo que vendrá con la IA. Algoritmo más IA, muérete.

“Sin periodismo no hay democracia, no la hay. Creo que no debemos permitir que la principal fuente de información sean las redes”

¿Qué perfil de alumnado se encuentran en este contexto de crisis de los medios tradicionales?

–Como profesora cuesta mantener la atención tres veces más que hace diez años. He dado clase a varias generaciones de periodistas, guionistas y publicistas, y lo noto. Tienes que ejemplificar con casos continuamente y en la pantalla. Necesitan ver, son supervisuales, pero de mucha menor comprensión racional. Necesitarán más tiempo para ser maduros intelectualmente. Son muy listos, pero creo que les queda recorrido para la madurez intelectual. Lanzados al mercado con 21 años, van a tener que aprender rápido. Este año en clase he prohibido el móvil y el ordenador, fíjese, en una Facultad de Comunicación, pero es que se meten a ver una serie o el partido de fútbol en Catar o en no sé dónde, o juegan a videojuegos.

Usted reivindica el periodismo.

–Al cien por cien.

Parece que fuese por corporativismo de periodistas y de sus facultades.

–No, porque sin periodismo no hay democracia, no la hay. Puede que Google, YouTube y tal puedan ser lugar donde el periodismo tenga su extensión. Lo que creo que no debemos permitir es que según encuestas, la principal fuente de información desde la adolescencia hasta los 40 años sean las redes sociales. ¿Estamos locos? ¿A golpe de tuit? ¿De vídeo explosivo, llamativo, espectacular? Es que se informan así. Va a ser una generación que como no madure intelectualmente va a ser muy fácilmente manipulable. Lo pienso de verdad, es que creo que va a ser así. Además de la polarización que provocan los algoritmos. Se necesita un periodismo molestón, claro que sí, de pregunta y repregunta, de deber con la sociedad.

Detectada esa amenaza, ¿a quién apelamos para revertir esto? ¿Un pacto de Estado, un pacto europeo?

–Apelo de manera práctica a un pacto de Estado para que se ayude a las empresas periodísticas, y se pague mejor a los periodistas. El talento lo vas a captar con dinero, págale bien al periodista, no permitas la precariedad en ese nivel, que es superrelevante para la democracia. Sin periodismo no hay democracia, no hay ciudadanos que se hagan valer, empoderados. A un ciudadano le empodera la información, y esa información profesionalmente la gestionan los periodistas.