Si hay un tema de preocupación entre padres, madres y en toda la comunidad educativa es el deslumbramiento que producen las redes sociales en los más jóvenes, conscientes de que los propios adultos hemos caído en las garras adictivas y personalizadas que de unas redes prensiles, que nos pellizcan las entrañas, gracias a algoritmos que analizan nuestros gustos e inclinaciones.

La sobreexposición a la revolución digital y sus riesgos es hoy un asunto absolutamente troncal con derivadas mentales muy profundas, también en la educación formal y no formal, en la cultura popular y en la propia salud democrática. La fuerza de los contenidos virales puede movilizar grandes objetivos, pero también intereses espurios. Lo digital nos modela y a menudo nos lleva a usos compulsivos. Los teléfonos son ya un surtidor inagotable de identidad. Todo pasa por los móviles y su cargamento de imágenes y contenidos adaptados a nuestras inclinaciones e intereses. Un arma sociológica, política y económica de primera magnitud que ya está dejando una huella preocupante. Falta educación para aprender a mantener una mayor cautela.

algo se mueve Así pues, desde esa constatación de estar ante un asunto clave, nos acercamos al fenómeno a través de tres perfiles de docentes que trabajan con distintas edades. Lorea Azpilicueta es la directora del CP San Miguel y del IESO Aoiz, que observa cambios sensibles en el alumnado. También incide en esta cuestión la catedrática y profesora de la Universidad de Navarra, Ana Azurmendi. Lo mismo el formador de la Fundación Maldita, Stéphane M. Grueso. Los tres nos expresan su preocupación.

El impacto digital es profundo en el proceso de maduración en el plano psicológico, social, cultural y cognitivo, y genera creciente inquietud

Ana Azurmendi combina su experiencia como profesora universitaria con su faceta como experta académica en Derecho Constitucional y Derecho de la Comunicación. La UNAV tiene un Observatorio de Derechos Digitales y el 5 de febrero celebró un congreso al respecto. Entre sus contenidos hubo un taller de alfabetización mediática y verificación con Newtral.

La Facultad de Comunicación de la UNAV concluye el mes que viene un proyecto de investigación europeo ReMeD – Resilient Media for Democracy, un consorcio de nueve instituciones para “impulsar un ecosistema informativo más robusto, diverso y fiable”, “reforzando el vínculo entre ciudadanos, medios de comunicación y tecnologías digitales”.

El tercer protagonista de este reportaje es Stéphane M. Grueso, que da talleres tanto a niños y niñas que a periodistas adultos. Esta semana pasó por Pamplona para impartir un curso del Instituto Navarro de la Juventud a formadores de la Red Navarra de Servicios de Información.

“Informarse ahora es más difícil que antes. Hace falta enseñar recursos para poder hacerlo. Nuestra recomendación es meter contenidos de este tipo en Primaria y en Secundaria. Porque es tan importante como las Matemáticas aprender qué es una noticia y en qué se diferencia de una opinión”. 

Pensamiento crítico

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El taller impartido por Grueso abordó el funcionamiento de la desinformación, cómo se amplifican los bulos, cómo funcionan las redes sociales y los algoritmos, analizando las consecuencias de la desinformación y los discursos de odio (en clima, feminismo y migración), y cómo abordarlo en las aulas en tiempos de ‘infoxicación’.

En la sesión, desarrollada en la residencia Fuerte del Príncipe, se abordó la necesidad de trabajar el pensamiento crítico y de ser consciente de nuestros propios sesgos cognitivos. También se habló de la IA, así como de nociones en alfabetización mediática y verificación. Todo esto cuando precisamente ha comenzado esta semana en Los Ángeles un histórico juicio contra Meta y Google (Instagram y YouTube) acusados de generar adicción. Decenas de casos pueden seguir a este en los próximos meses.