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USO Y ABUSO DE LAS PANTALLAS MÓVILES
Stéphane M. Grueso LenoirTécnico de la Fundación Maldita

“La desinformación te hurta tu derecho a vivir en democracia. Tenemos que abrir los ojos”

Formador en consumo crítico de contenidos virales o mediáticos, advierte sobre los “niveles de desinformación” existentes y sus derivadas sociopolíticas profundas

“La desinformación te hurta tu derecho a vivir en democracia. Tenemos que abrir los ojos”Iñaki Porto

Stéphane M. Grueso (Sevilla, 1973) estuvo esta semana en Iruña para dar un curso a formadores del Instituto Navarro de la Juventud sobre educación mediática y desinformación en la era digital. Trabaja en la Fundación Malditaque se dedica al análisis y verificación de la veracidad de contenidos virales o mediáticos. Cineasta y documentalista en el pasado, su trayectoria profesional giró y hoy se considera una “especie de posperiodista docente”. Su alumnado va desde niños y niñas de primaria hasta la redacción de El País.

Cuando hablamos de desinformación o bulos, hay quien piensa en corporativismo de los periodistas o en discursos de la izquierda.

–Defender la verdad y la honestidad y buscar y verificar no tiene por qué ser de izquierdas pero se percibe así. La gente no se da cuenta de la magnitud de la desinformación y de cómo funciona. La prensa tiene una deslegitimación, siempre ha sido de aquí o de allá, pero ahora una generación no consume, y en general se percibe a toda la prensa de partido. Si te informas más en un grupo de WhatsApp que en prensa es un problema. Los profesionales interpretáis la realidad y nos explicáis lo que pasa. Y nos estamos informando con los memes y con lo que dice no sé quién. En las últimas elecciones en EEUU y Alemania se ha visto una desviación inédita en el voto de los hombres jóvenes. En cierta forma, la explicación está en ese consumo masivo. No te enteras de lo que pasa, vives en una especie de realidad paralela que alguien monta para ti.

Un cambio tremendo y profundo.  

–Con una desinformación pensada para cada individuo, porque las redes saben tanto de nosotros...

Un paso más.

–Y más efectivo. Con un mensaje modulado de distinta forma. Es tan barato de hacer... La propaganda se venía haciendo toda la vida, pero hasta hace 20 años ese tipo de influencia la tenían los Estados, los grandes medios de comunicación o El Corte Inglés.

La verificación es ya un oficio.

–Es muy paradójico, hay más información que nunca y probablemente mejor, no lo sé. Pero muchas veces tengo que hacer una proactividad para encontrar la buena que no tenía que hacer antes. Que todo el mundo cuente de todo trae problemas, pero me parece emocionante y una oportunidad democrática fantástica. Sin embargo nos hace falta prensa y periodistas que nos expliquen las cosas. Ahora es muy complicado; no se gana dinero, las redacciones están diezmadas. la gente ya no paga por la información, y ese es un problema particularmente en España. Claro que hay que pagar.

Ha dado en Pamplona un taller para técnicos de juventud.

–El colectivo de los jóvenes es muy vulnerable. El Gobierno de Navarra ha entendido muy bien este problema y está trabajando mucho con nosotros y con más gente. En el taller hablamos de la falacia del nativo digital.

¿En qué sentido?

–La generación joven, la más tecnificada, en realidad no sabe manejar bien los cacharros; son absolutamente manipulables e indefensos. Hay gente en plan profesional haciendo desinformación. Me da pavor qué fácilmente se puede robar el derecho constitucional a recibir y a emitir información veraz. Esa gente joven no la está recibiendo, y aparte está en canales de apuestas, de peleas... Nosotros también trabajamos un poco la higiene digital.

¿Un canal de peleas?

–En Telegram, de peleas de instituto; o eso de hacerse rico sin trabajar invirtiendo... Hay cuestiones de ese tipo, unas más legítimas que otras, pero con gran parte de estafa donde los chavales están cayendo uno tras otro.

Muy preocupante.

–La desinformación te hurta tu derecho a vivir en democracia. Especialmente a los chavales, que son más influenciables.

La democracia es vulnerable.

–Y hay que defenderla. En realidad no hay democracia consolidada. En EEUU están como están, y la prensa se ha doblado y desaparecido y The Washington Post ha despedido a un tercio de su plantilla. Tenemos que abrir los ojos, es mi opinión, disponemos de un tiempo para intentar defender el marco más o menos democrático y razonable de convivencia que nos hemos dado, si no esto va a ser la selva.

“Me da pavor qué fácilmente se les puede robar a los jóvenes el derecho constitucional a recibir y a emitir información veraz”

¿Cuál puede ser la siguiente vuelta de roda viendo el cambio habido?

–Estamos ante un fenómeno absolutamente transversal. He estado en un colegio privado internacional en Barcelona y en otro en Algeciras con gente de familias desestructuradas, y toda la chavalería está igual. Miramos cuánto han usado el móvil y les impresiona mucho. Pero estamos todos igual. Está tan consolidado este consumo de información no profesional y de opinión rápida... Estamos todos opinando todo el rato, parecemos tertulianos. Sabemos de todo y es todo hooliganismo. La desinformación funciona, está totalmente organizada. hay profesionales de esto, a los que se le paga para mentir. En la dana durante horas no se podía no pensar que había ochocientos muertos en un parking. Eso fue un esfuerzo coordinado, en España y Europa, a nivel amateur y profesional. ¿El objetivo? En mi opinión un daño al Gobierno central y el descrédito del sistema, o sea, la antipolítica. Decenas de miles de comunicaciones dijeron que la Cruz Roja no estaba ‘porque solo va a ayudar a negros’. Era tan fácil como mirar fotos; estaba lleno de Cruz Roja.

Tremendo.

–La Fundación Reuters destaca la cantidad de gente que solo ve noticias que le gustan, que no les resultan malas. Estamos en ese plan, como anestesiados. Recibiendo solo lo que queremos.

En un caparazón.

–Lo que se llama ‘cámara de eco’. Como si estuviésemos entre amigos, hablando de lo mismo y pensando lo mismo. Aunque un discurso de fuera sea interesante nunca va a llegar, porque nuestra conversación lo anulará.

La mentira es como si nos metieran un gol y tuviéramos que empatar.

–Es más que eso, han movido la portería de sitio. En los EEUU de Reagan, muy de derechas, la mentira no se permitía. Esto tiene mucho que ver con la pérdida del valor de la verdad en la vida pública, absolutamente dramática, porque vemos cosas que no veíamos antes. Por ejemplo, líderes de partidos políticos mintiendo como unos campeones y ya no solo en los mítines, sino en todos los lados. Que hayamos dejado pasar eso a los nuestros sin pedirles explicaciones me parece una tragedia. El lema de que dato mata relato ha dejado de funcionar; es terrible, estamos todos con nuestras realidades con este enfrentamiento perpetuo y me da mucho miedo. Muchas veces la mentira es mucho más divertida y emocionante que la verdad aburrida y tediosa.

“El lema de que dato mata relato ha dejado de funcionar; es terrible, estamos con este enfrentamiento perpetuo y me da mucho miedo”

Concluyendo...

–A los jóvenes hay que hablarles en su lenguaje y es complicado. Pero tienes que ponerte a su nivel y es la única forma que te escuchen, y aun así es una lucha supercompleja. Acaban el taller y sacan el móvil, y tú estás igual. Me he venido en tren a Pamplona, y el teléfono ha llegado caliente...

Honradez autocrítica...

–Hay que reflexionar, pero sin duda hay que hacer algo. No hay vacunas mágicas. Si en Maldita supiéramos la solución o el principio de la solución estaríamos en un edificio de cristal forrados. Sí creemos que hay que trabajar en la educación y posibilitar que el ciudadano se autodefienda, es decir, que tenga los recursos para poder informarse, porque ahora es más difícil que antes.

¿Qué le parece el anuncio del Gobierno de prohibir el acceso a las redes sociales a menor de 16 años?

–Todo el mundo coincide en que algo hay que hacer. Nosotros no creemos mucho en cortar los accesos, entre otras cosas porque no funciona. Tampoco hay experiencias hasta ahora. Australia es el único país que de verdad lo ha hecho, pero todavía no se sabe si de verdad los chavales mejoran, porque ha pasado poco tiempo. Con lo que se sabe hasta ahora es muy difícil opinar. A un niño hay que enseñarle a usar el teléfono. Enseñémosle la herramienta.