La muerte de un bebé durante el embarazo o, incluso, en los primeros días de vida puede suponer una de las experiencias más difíciles a las que una familia —en especial, las madres que sufren todavía más en primera persona estas pérdidas—. Con el objetivo de dar respuesta a esta realidad, cuya tasa de mortalidad perinatal en Navarra fue de 4,38 por cada mil nacidos, la mortalidad neonatal fue de 1,51 por mil y la mortalidad fetal tardía (fallecimiento que se presente a partir de la semana 23 de gestación) se situó en 2,87 por mil nacidos, el Servicio Navarro de Salud-Osasunbidea ha elaborado una guía con recomendaciones prácticas para acompañar y afrontar el duelo perinatal. En esta guía, impulsada por 29 expertos, se pone el acento en la humanización de la atención y en la necesidad de visibilizar estas pérdidas.

De esta manera, el documento parte de una idea clave, que es que el duelo es una "respuesta normal" ante la pérdida. No tiene una duración determinada y cada persona lo supera a su ritmo. Asimismo, también se recoge que el objetivo no es olvidar, sino tratar de integrar lo ocurrido para, así, continuar con la vida. En ese sentido, la guía subraya la importancia de validar el dolor y reconocer la pérdida, en especial en un contexto social en el que este tipo de fallecimientos se invisibilizan o minimizan.

Asimismo, frente a las prácticas del pasado con las que se pretendía evitar el vínculo para reducir el sufrimiento, la evidencia actual apunta en la dirección contraria. Por tanto, tal y como apuntan los expertos, acciones como ver al bebé, ponerle nombre o conservar recuerdos podrían contribuir a que las familias elaboren un duelo "más saludable". Porque dar ese espacio a los recuerdos contribuye a reconocer la existencia de ese hijo o hija y a construir una despedida más "consciente".

Importancia del papel de los sanitarios

Por otro lado, la guía también incide en el papel de los profesionales sanitarios cuando se comunica el diagnóstico. En primera instancia, porque son la primera red de apoyo con la que se encuentran las personas que pasan por una pérdida gestacional, por lo que la comunicación tiene que basarse en los principios de humanización y empatía hacia la madre y el padre que acaban de sufrir la noticia o pérdida.

Por esta razón, hay que sensibilizar a los profesionales sanitarios implicados en la atención a la pérdida gestacional y neonatal sobre la importancia de proporcionar un acompañamiento adecuado, fomentando una atención integral que abarque tanto aspectos físicos como psicológicos y facilitar herramientas para poder abordar este tipo de situaciones, como por ejemplo saber qué tono utilizar, de qué manera transmitir la información o cómo atender a los tiempos de cada persona. Así, se recomienda una comunicación clara, honesta y cuidadosa, que acompañe sin generar expectativas, pero sin deshumanizar la situación.

Entorno social

Además, el impacto de la pérdida no se limita a la madre. La pareja, los hermanos, los abuelos y el entorno cercano también atraviesan su propio proceso, aunque muchas veces su dolor quede en un segundo plano. La guía advierte de que estas diferencias en la forma de vivir el duelo pueden generar tensiones, especialmente en la pareja, si no se reconocen y se acompañan de manera adecuada.

Por lo general, tras la pérdida de un ser querido, el entorno se ofrece para ayudar “en lo que se necesite”, esperando que sea la persona que está en duelo quien tome la iniciativa para buscar el apoyo. No obstante, hay que tener en cuenta que la persona en duelo no tiene voluntad ni fuerza para pedir ayuda. En ese sentido, es importante que la madre y el padre afectado pueda hablar de la pérdida, transmitir a su entorno sus sentimientos al respecto, lo importante que ha sido este o esta bebé y pedirles que les ayuden tan sólo escuchando. Incluso si hay otros niños o niñas alrededor, es necesario reafirmar a menudo y expresarles el amor que sienten.

Aunque la mayoría de los duelos evolucionan de forma natural, la guía señala que en algunos casos pueden aparecer complicaciones como ansiedad, depresión o bloqueo emocional. Ante estas situaciones, es fundamental pedir ayuda y contar con apoyo profesional.