Gerardo Irisarri, superviviente de paro cardíaco: “Sufrí un infarto a pesar de que no fumaba, no bebía y hacía deporte”
El vecino de Barañáin sobrevivió, en 2016, a una parada cardíaca gracias a la RCP de su vecino y al desfibrilador de la policía
Se levantó el domingo de Pascua de 2016 encontrándose mal y, de repente, sufrió un paro cardíaco. Llevaba unos días teniendo algunas molestias, “pero no fumaba, no bebía y hacía unas dos horas de gimnasio diarias”, contaba. Además, “tenía 53 años, pesaba 20 kilos menos que ahora y el médico me había hecho unas pruebas de esfuerzo que revelaban que era muy poco probable que me pasara algo”, añadió. Su único mal hábito era trabajar demasiado y llevarse la ansiedad y el estrés del trabajo a casa.
Relacionadas
Gerardo Irisarri, un vecino de Barañáin, relataba ayer que, en su caso, el paro cardíaco no se pudo prevenir, pero su entorno sí supo cómo reaccionar. Ese día, su hija había ido a su casa para pasar la noche con él. “Ella escuchó unos ruidos que creía que venían del perro, pero resulta que no, que eran de su padre infartado”, recordaba Gerardo emocionado. La hija salió en busca de ayuda y tocó el timbre de su vecino, quien, por suerte, había realizado un curso de reanimación cardiopulmonar unos quince días atrás. La intervención inmediata de Gonzalo, el vecino, así como la rápida aplicación del desfibrilador por parte de la policía “me salvaron la vida”, reconoció el superviviente.
Si bien es cierto que la actuación del personal sanitario “también fue estupenda”, Gerardo probablemente no habría sobrevivido al infarto sin los conocimientos en primeros auxilios de Gonzalo, sin las indicaciones que el 112 proporcionó a su hija y sin el desfibrilador que los agentes llevaban encima. “La asistencia médica tardó unos 17 minutos en acudir así que, si nadie hubiera hecho nada en ese momento, se acabó”, dijo.
Casi diez años después, Gerardo todavía se emociona al recordar aquella mañana. “Todos los años, en Nochebuena, miro la mesa de mi salón llena de gente y pienso lo triste que sería que mi silla y mi plato estuvieran vacíos”, contó. Su vecino también se acuerda de ese día. De hecho, “de vez en cuando, me llama al timbre para ver qué tal estoy”, relató el superviviente, quien reconocía ayer que la rápida intervención de su entorno le permitió salir adelante sin secuelas. Ahora, lo que él pide es involucración. “Sacarse el cursillo solo cuesta unas dos o tres tardes y puede salvarle la vida a algún otro Gerardo con el que te cruces en algún momento”, expuso.
Gerardo compartió su historia durante la tarde de ayer, en el Centro San Francisco Javier, en un acto organizado por la asociación El ABC que salva vidas en el que varias entidades navarras recibieron maniquíes de reanimación para proporcionar a la ciudadanía conocimientos básicos sobre cómo reaccionar ante este tipo de situaciones.
Temas
Más en Sociedad
-
Encuesta de satisfacción 2025: los pacientes puntúan con un 8,17 el Servicio Navarro de Salud
-
La Universidad Católica San Antonio de Murcia impulsa el primer título universitario en Teología del Hogar
-
La jueza dirige la acción penal contra Costas, "única responsable" del mantenimiento de la pasarela de Santander
-
El Tribunal Europeo de Derechos Humanos rechaza paralizar la eutanasia de Noelia