Síguenos en redes sociales:

Albert TucaPresidente de la comisión de garantía y evaluación de la eutanasia de Catalunya

“Estar a favor de la eutanasia es trabajar con respeto a la pluralidad, la autonomía y la libertad”

Participó en dos charlas en Pamplona sobre el final de la vida y la eutanasia. Campos que por su experiencia aborda con profundidad, humanidad y delicadeza

“Estar a favor de la eutanasia es trabajar con respeto a la pluralidad, la autonomía y la libertad”Patxi Cascante

Albert Tuca (Barcelona, 1957) es oncólogo en el Hospital Clínic de la Ciudad Condal. Su visita a Pamplona coincidió con un momento de alta sensibilidad respecto a la eutanasia. Cuestión que él maneja con la exquisitez de un hombre liberal en el sentido profundo del término. La ley que la regula, que está cerca de cumplir cinco años de su entrada en vigor, recibió hasta 2026 2.432 solicitudes de prestación de ayuda. De estas solicitudes, 1.123 (46%) terminaron en una prestación efectiva. La diferencia se debe a las personas que fallecieron previamente, las que no cumplían los requisitos y las que revocaron su solicitud.

¿Hay un creciente interés por la forma de poder morir?

–Sí, la medicina del siglo XXI además de mejorar la supervivencia y la calidad de vida, también es la de la cronicidad y la de la autonomía de voluntad.

No es lo mismo un cáncer con 85 años que con 10, 15 o 30.

–Eso tiene una influencia importante en el sufrimiento y en la estrategia de afrontamiento. La mayoría de las personas quiere vivir cuanto más mejor y en las mejores condiciones, pero la ciudadanía se empieza a interesar por si eso no fuera posible. Si me tengo que enfrentar a extinción de mi vida, cómo sería capaz de afrontarlo y qué decisiones he de tomar. Cada vez la sociedad está más madura y es capaz de hablar mejor de este tema. Y más cuanto más joven.

Antes la sociedad era mucho más religiosa. Eso influye.

–Venimos de una tradición cultural dogmática...

Del ‘hasta que Dios quiera’.

–Una cultura religiosa absolutamente respetable católica, apostólica y romana, pero una cultura más luterana difiere desde la misma creencia. La sociedad ha evolucionado hacia una posición más autónoma. Estar a favor de la eutanasia no es ser un descreído, sino trabajar con respeto a la pluralidad de pensamiento, a la autonomía y a la libertad. Ese campo es el que está evolucionando claramente.

¿Y la profesión médica ha ido en paralelo a esa transformación?

–Creo que sí. La ética y el afrontamiento moral es profundamente dinámico, no es estático. No se pone en cuestión la profundidad moral del dogma, sino si es aplicable siempre y en todas circunstancias.

¿Por qué eligió ser oncólogo

–Cuando terminé la carrera me especialicé en oncología, pensando en compartir mucha actividad de la anatomía patológica y en postular al año siguiente. Pero empecé a conocer a la persona enferma, perdí algo de interés por el tejido y gané mucho interés por la persona. Quiero entender la biología del tumor, las alternativas del tratamiento, pero al mismo tiempo entender a la persona que lo sufre.

Con su vulnerabilidad o su fuerza.

–En lugar de entender a la persona solo como un conjunto de células entras en una dimensión mucho más profunda. Si como médico no quieres enfrentarte a la persona en su integralidad, puedes hacer otras especialidades como microbiología, anatomía patológica o radiología.

Todo eso, en buena parte, desde la medicina pública.

–Antes la mayoría de personas se morían de procesos agudos. En cambio ahora más del 75% de los pacientes mueren de procesos crónicos, que sabes que no vas a curar.

Ha acompañado a curaciones.

–Curamos un 50% de los cánceres. Eso es una maravilla, y cada año va aumentando la tasa de supervivencia en condiciones de calidad de vida, un gran éxito. En el otro 50% no logras curar la enfermedad, eso no quiere decir que no logres que la supervivencia sea más tiempo y en mejores condiciones. Pero a veces los tratamientos ya no son eficaces.

El límite del cuerpo humano.

–De alguna forma nos tenemos que adelantar. Hay enfermos que probablemente morirán antes de un año (a veces tenemos sorpresas en positivo y en negativo).

¿Entonces?

–Es cuando interesa hablar del sentido de la vida y de decisiones ... Entre las competencias de los profesionales de salud está la de ser capaces de hablar de este tema con los pacientes que quieran hacerlo. Porque la primera premisa es tener la habilidad suficiente para invitar sin forzar.

¿Para hablar del testamento vital? Lo ideal sería hacerlo con salud...

–Sí, claro, con un enfermo vulnerable que está sufriendo, se siente amenazado y tiene que gestionar su esperanza como puede, es difícil hablar de esto. En el plan de cuidados avanzados el equipo sanitario habla con el enfermo sobre el sentido que da a las cosas que le pasan, dónde están los límites, qué desea, o quién le puede ayudar en caso de que esa persona no pueda decidir. Y de todo eso se concluye, si la persona quiere, un documento de voluntades anticipadas.

¿Y cuando una persona tiene clara la eutanasia?

–Es el paciente quien elige a su médico, de Atención Primaria o al especialista. Todos los profesionales están sujetos a recibir o visitar a un paciente que desee avanzar su muerte y le elija como médico responsable. La ley es garantista de un derecho del ciudadano, pero para el profesional es un deber. Claro, esto genera impacto. El equipo receptor está obligado a dar respuesta. La única forma de no darla es que ese profesional se declare objetor de conciencia. El médico objetor no se puede inhibir y debe acompañar en la búsqueda de otro médico que pueda responder a la solicitud. Posteriormente hay un proceso deliberativo en la Comisión de Garantía, que verifica con todos los documentos si la solicitud cumple con los requisitos desde el punto de vista médico y legal.

¿Hay comisiones más restrictivas?

–En mi opinión, no. Normalmente sus miembros son profesionales con una visión muy amplia. Eso no quiere decir totalmente a favor ni expansivos, sino conscientes de un derecho que tenemos que amparar. Es difícil que a lo mejor un objetor formara parte de la comisión, podría hacerlo, puede opinar como cualquier otro. En una discusión ética has de aceptar el pluralismo moral, que una misma situación sea vista por diferentes personas de forma diferente. Pero la condición sine qua non es el respeto inexcusable de la libertad y del pensamiento del otro.

¿Se echan muchos casos para atrás?

–No, situaciones en que no se cumplen todos los requisitos. Hay sufrimiento pero a lo mejor no enfermedad incurable, rápidamente progresiva, expectativas de vida limitada... o en cuento al padecimiento físico y psíquico intolerable relacionado con la imposibilidad para valerse por sí mismo de forma irreversible y sin expectativas de mejora. ¿Qué significa valerse por sí mismo? Hay personas muy mayores que sienten que su proyecto vital ha acabado.

Una casuística que se irá dando más.

–Lo que llamaríamos el agotamiento vital, perfectamente comprensible. A estas personas les transmites respeto, entendimiento, voluntad de acompañamiento, pero no aplican. Las denegaciones van por ahí.

¿Una eventual reforma futura debería incorporar estas situaciones?

–Hemos avanzado muchísimo para los derechos de la ciudadanía respetando el pluralismo moral de todas las personas. A corto plazo se pueden flexibilizar los plazos, simplificar documentos, deliberaciones...

Hay gente que muere esperando.

–Sí, el treinta y pico por ciento de los pacientes. Hay otros aspectos que creo que no podemos esperar que se aborden en los próximos años, como el agotamiento vital como causa de eutanasia. En cambio, Holanda o Bélgica lo han introducido, y la eutanasia en pareja. Eso creo que está muy lejos todavía del pensamiento social en España. O la eutanasia en menores. Esto se basa en una petición voluntaria, reflexiva, madura, de una persona adulta. Pero los niños también sufren, y de forma irreversible. Son terrenos complicados que requieren una maduración social de la ciudadanía y ética de los profesionales y las instituciones. Generamos un primer paso, un escalón de gigante, la ley de regulación de la eutanasia. Vamos a seguir ayudando a todas las personas que no cumplen los requisitos de la norma para que vivan lo mejor posible, pero no podemos hacer una interpretación totalmente expansiva, del todo vale. Ni mucho menos. Eso no quiere decir que gracias a ese escalón subido poco a poco se suba otro. Nadie tiene esa seguridad. Todos los ciudadanos lo diremos.

¿Usted ha aplicado la eutanasia?

–Sí, claro que sí.

¿En el Hospital, en un domicilio?

–En mi caso en el Hospital. Es una experiencia muy dura, donde hay muchas dudas. Dudas de cómo te presentas, cómo te comunicas con esa persona, de no estar impostado y estar absolutamente natural en la comunicación. Es muy difícil comunicarse, imagínese el último día. Entras y dices: Ha llegado el día. Hola, qué tal, ¿cómo estás, quieres que sigamos adelante’ Hasta el último momento me puedes decir que no, ¿lo sabes? Te recuerdo todo lo que hemos hablado...

Y si sigue adelante...

–Llega el momento de la aplicación. No estamos preparados. Mire que los médicos y las enfermeras vivimos situaciones muy difíciles y duras, pero el hecho de facilitar a través de unas drogas la muerte de una persona de acuerdo a su voluntad y su deseo, en plena libertad y coherencia con la ley, aun así, ostras, resulta duro. De todas formas, te da la posibilidad de reconocer aspectos muy profundos de la existencia de la persona. Abres una puerta de comunicación.

En lo más íntimo, la existencia.

–Claro, cuando una persona te dice quiero que me ayudes a morir, y más que de su enfermedad, quiere hablar de su profundo sentido de la existencia y de la pérdida. El periodista Anatole Broyard dijo que quería que su médico le dejase explicar su enfermedad como la estaba viviendo.

Escuchar al paciente...

–Un artículo en Gaceta Sanitaria explicaba el impacto emocional de los profesionales que han participado en la prestación de ayuda para morir. El 40% de los profesionales en Holanda requiere atención emocional tras ello. El profesional se enfrenta a un reto ético en el imperativo de dar respuesta al derecho del otro. Según ese estudio, la experiencia es transformadora, enriquecedora, donde se siente el privilegio de acompañar en la libertad de una persona y evitar su sufrimiento de acuerdo a sus ideas a pesar del sufrimiento como profesional.

Un resumen muy claro.

–Es un privilegio a pesar de su dureza. Me revela aspectos profundos de mi profesión y hace que salga de ese proceso mejor persona y mejor médico, decía la mayoría de médicos y enfermeras que habían participado.

¿Así lo siente usted?

–Sí, sí, llevaba muchos años trabajando aspectos de ética médica, pero no te piden tres a la semana, no estás adiestrado para la respuesta. Te sientes poco preparado profesional y emocionalmente. Los médicos y las enfermeras también hablan de que no es algo violento, sino sereno y en paz.

Algo deseado...

–Su impresión es que las personas sentían paz, serenidad y agradecimiento a su familia y a las personas que le acompañaban. Ahora bien, es un mal trago. A veces se entiende que si esto es revelador y transformador oiga pues qué bien, y ni mucho menos. No quiere decir que no lo hayas pasado mal. Pero esa experiencia no es negativa, sino dura.

Esta semana algunos sectores han elevado el caso de Noelia Castillo, radicado en Catalunya, a categoría de confrontación.

–El caso es el caso. No puedo ni quiero comentar ningún aspecto relacionado específicamente con él, porque tengo el deber de confidencialidad. Pero hay aspectos importantes sobre esto. ¿Alguien puede oponerse a la decisión de una persona adulta, plenamente competente y amparada por la ley? Hemos tardado casi un año y medio en determinar que nadie se puede oponer. Cuando hablamos de ética no hablamos de ideología, sino del máximo nivel de convergencia entre ideologías diferentes.

Ha habido casos de corte parecido.

–Es natural, pero para eso existe la ética, la ley y la ayuda. Ese conflicto es natural que exista, gracias a Dios pensamos diferente y de pensar diferente construimos cosas buenas entre pensamientos diferentes. Y cómo no, una persona puede no estar de acuerdo en este caso o en otro. Lo que no se puede decir es que la opinión propia está por encima de la del interesado. Puedes oponerte si no se ha hecho bien el procedimiento, has de hacer una carga probatoria, si se hubiese falseado la información...

Lógico.

–El problema no está en que haya personas que se opongan, familiares y colectivos por sus convicciones morales, sino en no dar respuesta inmediata a los problemas de la persona afectada y los problemas de la sociedad, del sufrimiento social, de los que querían ayudar a Noelia según su voluntad y de los que se oponían. La Justicia no puede tardar un año. Cómo voy a decir yo que no se manifiesten porque no está de acuerdo. Por supuesto, tienes el deber de decirlo. Yo sí estoy conforme, vamos a ver cómo entendemos que esto afecta al otro y no a mí. Esos conceptos desde una posición dogmática son más difíciles de aceptar, es comprensible, pero lo que no puede ser, espero que no ocurra en el futuro, es la lentitud de respuesta, comprendiendo la dificultad del sistema judicial.

¿Si un día llega a un estadío que contempla la ley, acudirá a un colega?

-Sí, sí. Eso tiene interés hacerlo en salud, con el documento de voluntades anticipadas. Llegado el caso a priori pienso que soy una persona muy vitalista, que disfrutaría incluso en situación de limitación funcional mientras tenga la capacidad de conocimiento. Pero eso nadie lo sabemos. Decidiré en ese momento. De antemano, creo que sí. Hay personas que dicen que en esas condiciones no quieren vivir, y otras te piden la eutanasia y yo a lo mejor le daría sentido a mi vida. Pero eso no lo sabes hasta que te toca.

Y enfrentarse a la experiencia concreta en el contexto concreto.

–Hay que ser muy humilde, abierto y flexible en esto, tenerlo pensado de antemano y saber que siempre tienes tiempo de decidir, según lo que sientas en ese momento y creas lo más oportuno. A lo mejor ahora piensas que lo que Dios quiera y llegado el momento dices que se ha acabado tu proyecto vital, o al revés, aguantas lo que sea para estar más tiempo.