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María José, incapacitada por covid persistente: "Era una persona sumamente activa y coger ese bicho me ha destrozado la vida"

María José López Fernández, reconocida ahora con una incapacidad absoluta, cuenta su historia de que se contagió de Covid

María José, incapacitada por covid persistente: "Era una persona sumamente activa y coger ese bicho me ha destrozado la vida"Marian Zozaya

"Ese bicho me ha destrozado la vida. El día que me vino se me acabó la vida", no se deja repetir María José López Fernández, esta vecina de Tabar (Urraúl Bajo) de 62 años, que hasta 2020 no daba abasto a trabajar como limpiadora autonóma en oficinas bancarias, viviendas particulares e incluso el cuartel de Lumbier. "Pero ahora no puedo subir escaleras o dar un paseo sin tener que parar a descansar, acabo reventada. Me cuesta hasta levantarme del sofá, cuando antes trabajaba a tope y sin reposo aunque ya arrastraba reúma". Ahora, María José ha visto reconocida su dolencia, diagnosticada como Covid persistente, y un juzgado de Pamplona le ha concedido una incapacidad permanente absoluta debido a que no está en condiciones para desempeñar ningún trabajo por los dolores que padece, las dificultades respiratorias e incluso la fatiga mental que arrastra.

La historia del contagio de coronavirus de María José empieza como tantas otras en aquellos primeros meses de la pandemia. Primero se contagió uno de sus hijos, a finales de febrero, después de realizar un viaje y volver en coche del aeropuerto con una cuadrilla de amigos. "Luego fuimos el resto detrás y nos fuimos contagiando toda la familia (está casada y tiene tres hijos). Al principio no veía la médica que lo mío podía ser covid y lo dejó pasar. Yo entraba a darle comida al hijo al cuarto y me lo pillé enseguida. Era una época con los hospitales colapsados, así que yo estaba en casa, sin comer, sin beber, deshidratada y 40º de fiebre todo el día. Perdí 20 kilos. Como me encontraba en semejante estado lamentable, un día ya me llevaron al consultorio y vieron que tenía una mancha en el pulmón. Ahora ya sabemos que es una mancha que tengo de por vida, porque me había cogido todo el pulmón. Era el 12 de marzo y me llevaron en ambulancia al hospital, donde me confirmaron el diagnóstico".

La trabajadora que ha recibido la incapacidad absoluta.

"Fue salir del hospital y no dejar de encontrarme fatal"

De aquellas fechas en el Hospital Universitario, María José recuerda que se pasó una semana en una cama en el pasillo. "Fue horroroso, la gente lloraba por alrededor y no sabías en qué iba a acabar todo aquello. Después de una semana me dieron una habitación. Estuvieron a punto de meterme en la UCI, pero empecé a comer unos gajos de naranja y aquello me salvó. Después de una semana en la habitación, me mandaron para casa y tenía que estar 15 días completamente aislada. Imagínate cómo era esto que me pasé un año fatal, que estuve de baja porque no me podía ni mover. Sin embargo pasé revisión con la mutua y me mandaron a trabajar de nuevo. No podía ni coger una escoba". Ese cuadro clínico fue empeorando. A María José le detectaron cáncer de mama, fue operada y requirió de Radiología, "pero poco tiempo porque me quemaba la piel". Tras recuperarse de ese nuevo mazazo, ella se seguía "encontrando fatal. Estuve como medio año trabajando. Yo no me encontraba bien y, al estar tan débil con el covid, me cogí de todo. Lo siguiente fue salmonella, que derivó en intestino irritable. Ahí se demostró que estaba muy delicada y es que desde el bicho no he sido persona".

La trabajadora siguió de baja porque no estaba en condiciones de volver a trabajar. Habló con los servicios sociales y, con el asesoramiento de la asistenta, consiguió reunir fuerzas para iniciar un proceso judicial. Hasta entonces, los tribunales médicos la declaraban apta para el empleo. Llegó a estar seis meses sin cobrar nada. "Pero era una vergüenza, me querían mandar a trabajar con bastón, así lo ponía en una carta que me mandaron. Por suerte, conocí a mi abogada (María Dolores Pérez de Obanos) y empecé a ver la luz". Del día que recibió la sentencia estimatoria, María José recuerda que "no me lo creía, me quedé en shock. Fue una alegría, pero al final te alegras porque se haya hecho justicia, pero es que lo que han reconocido es que estoy hecha una mierda y que el covid me ha destrozado la vida".

María José, nacida en Puertollano (Ciudad Real) pero que llegó a Pamplona siendo una bebé, había trabajado toda su vida como la que más. Desde los 16 años limpiaba el Parlamento, farmacias o el colegio Maristas, y así estuvo "sumamente activa" durante décadas. Pero las secuelas del covid le han aplacado ese nervio que siempre tuvo y le condicionan ahora su rutina diaria. Su familia es su gran motor y ahora la cuidan de día y de noche, siempre pendientes de lo que tenga que hacer. Para ella no es fácil asumir una serie de dolencias que le dificultan mucho cualquier actividad. "Tengo una tos continua durante todo el año, da igual que sea invierno que verano, se me ha quedado de por vida. He perdido el gusto y el olfato, tomo una traca de antibióticos porque me pillo de todo, y estoy muy cansada, como si tuviera una piedra en la cabeza que me impide incluso levantarme del sofá. Hacer cualquier cosa en casa es un sacrificio y esto me ha hecho polvo. Yo era una mujer independiente, con trabajo, y ahora me he visto arruinada y hecha una mierda. Me ha destrozado", finaliza María José, que no quiere dejar de alabar el trabajo, "apoyo y profesionalidad" de su abogada, María Dolores Pérez de Obanos.