Hodei Urra, de 3 años, iba a ser el próximo curso estudiante de Lizarra Ikastola junto con sus 15 compañeros y compañeras, con los que lleva desde el principio en la Haur Eskola —que, aunque tiene un CIF distinto, todos entienden que es el mismo espacio—. Sin embargo, la última decisión tomada por el Departamento de Educación, en la que se proponía la reducción de 14 aulas en centros concentrados con el objetivo de "blindar la educación pública", está impidiendo que pueda continuar un curso más con sus amigos, sus primos y su hermana Uxue, de 11 meses, que el próximo curso comenzará en la Haur Eskola.

De esta manera, y sin pensar en los menores, esta decisión, que, en palabras del consejero Gimeno, solo deja a seis familias fuera, vulnera el derecho a la libre elección de centro y afectará al bienestar emocional de un niño (y de otros más) que están en una época de hacerse preguntas y no llegará a entender que le han impedido seguir en su escuela por una "cuestión política". Además de esto, se queja su padre, "se nos complica la conciliación familiar porque vamos a tener que llevar a Hodei a otro centro mientras que Uxue seguirá ahí. Y eso es un problema sobre todo para él, pero también para nosotros".

En primera instancia, Imanol y Sandra Beruete (los aitas de Hodei) realizaron la preinscripción para Hodei en Lizarra Ikastola sin ningún tipo de problemas porque había dos aulas y, en total, querían inscribirse 31 alumnos. "Estábamos muy contentos porque se iban a formar dos clases de 16 y 15 escolares, que está muy bien porque la calidad educativa va a ser mucho mejor", relata Imanol. Sin embargo, poco después, el consejero dice que se recortará un aula en la ikastola, de tal manera que ahora hay una clase con la ratio máxima —25 alumnos— y otros seis que se quedarían fuera.

Ante esta situación, se realizaron unos trámites (renta, si tenían hermanos en el centro, la proximidad con la escuela) y catorce familias quedaron con la misma puntuación. "Como había empate, se hizo un sorteo que hizo que nos quedáramos los últimos en la lista", expone Imanol. Y, así, Imanol ha sido uno de los pocos que se ha quedado fuera y ahora, después de que solo incluyeran en la lista de su preinscripción esta ikastola, deberá cambiarse de centro "sin sus amigos, sin sus primos mayores y sin su hermana. Nos da pena, impotencia, rabia...", confiesa.

Un recorte de aulas que deja a familias en la incertidumbre

Y, sobre todo, se sienten engañados porque, en primera instancia se habían asignado 50 plazas para la ikastola y, una vez ha finalizado el plazo de preinscripción, "Gimeno ha cambiado las reglas del juego y mi hijo se queda fuera". Por eso, considera que al menos hubiera sido justo conocer esta circunstancia antes para que tuvieran "margen de maniobra" para organizarse.

Por todo ello, denuncia que, como en el caso de su hijo Hodei, hay otros estudiantes a los que se les está vulnerando "un derecho fundamental que aparece en la Constitución y, además, no se están teniendo en cuenta que no beneficia al menor de ninguna manera". Además, considera que una ratio de 25 alumnos es muy alta y para un profesor no es fácil gestionar una clase con alumnos de tres años. "La calidad educativa disminuye. Y se supone que hay partida suficiente para que haya más profesores. Pero nos ha dejado en una situación de absoluta indefensión", sentencia.

En ese sentido, asegura que se sienten en un "limbo" porque tienen que esperar en la "incertidumbre" de que terminen los plazos de matriculación y "con lo que sobre tenemos que ver si puede entrar nuestro hijo en algún centro". De esta forma, Hodei tiene que dejar de lado eso que había construido en el colegio y, a su vez, no les están permitiendo que Uxue pueda seguir después en la ikastola, pese a que es un modelo que ellos amparan, porque "no tiene sentido que estemos 15 años llevando a nuestros hijos a centros separados".

En ese sentido, y teniendo en cuenta que es algo que afectará al bienestar de Hodei, que complicará la conciliación familiar y que la atención educativa será peor, Imanol concluye que "para Gimeno somos un número que no vale para nada. Le da igual que seamos seis o 20. Ojalá reconsidere su decisión".