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Ciberbullying: cuando el acoso escolar trasciende el aula

Con motivo del Día Internacional contra el Acoso Escolar, los especialistas alertan de que no son ‘cosas de niños’. El 'bullying' dispara la ansiedad y la depresión, convirtiéndose en una barrera para la integración de los menores

Ciberbullying: cuando el acoso escolar trasciende el aulaFreepik

El 27 de febrero, Sara Jiménez, de 17 años, murió en un centro de salud mental de Nafarroa. Su fallecimiento ha reabierto el debate sobre el bullying y sus consecuencias. La familia de la joven vincula lo ocurrido a una situación de hostigamiento que, según sostiene, se prolongó durante años, dentro y fuera del ámbito educativo y también a través de las redes sociales.

Sara es uno de los cuatro menores de edad que, como mínimo, se han quitado la vida en lo que va de año en el Estado, debido, presuntamente a los efectos del bullying. Las otras son: Ángela, de Benalmádena (Málaga); Sophie, en Barcelona; y otra chica que se precipitó al vació desde el séptimo piso de un edificio en Molina de Segura (Murcia).

Historias como estas ponen de manifiesto que el problema sigue latente. También lo reflejan las cifras, que explican por qué el 2 de mayo, Día Internacional Contra el Acoso Escolar, sigue siendo necesario. Durante el último año, fundaciones como ANAR han atendido un volumen récord de llamadas relacionadas con ideas suicidas o salud mental en menores —más de 1.400 intentos de suicidio atendidos en un año, la mayoría relacionadas con casos de bullying.

Incidencia del acoso escolar

En la CAV, durante el curso 2024-2025, los centros educativos abrieron 2.263 protocolos por posible acoso escolar, 364 más que el año anterior. De ellos, 522 casos acabaron confirmándose, el 23% del total.

En Nafarroa aproximadamente un 54% del alumnado de Primaria y Secundaria de centros públicos y concertados manifiesta haber sufrido una o más conductas de bullying presencial, bien de tipo físico, verbal, social o psicológico, según los datos del primer estudio sobre vulnerabilidad y fortaleza emocionales en estudiantes y docentes elaborado por la Cátedra de Inteligencia Emocional UNED Pamplona – Fundación Caja Navarra.

Este porcentaje supone un incremento del acoso escolar de aproximadamente un 6% con respecto a las tasas declaradas hace dos años en el mayor estudio realizado en la Comunidad Foral sobre acoso escolar y tecnológico elaborado, en el curso 2022-2023. En el caso del alumnado, los datos reflejan que un 17% de los estudiantes de Primaria y un 30% de Secundaria han necesitado apoyo psicológico en el último año. Entre los más pequeños, las consultas se concentran sobre todo en conflictos familiares y cuadros de ansiedad, mientras que en Secundaria, además de estos motivos, también gana peso la depresión.

El Estado español, es el país con más cantidad de casos graves de bullying en el mundo, con 300.000, según la última Encuesta Mundial de Bullying de 2025 publicada por la Organización Mundial Bullying Sin Fronteras. En esa misma línea, el informe de UNICEF Infancia, adolescencia y bienestar digital. Una aproximación desde la salud, la convivencia y la responsabilidad social, elaborado a partir de 75.329 estudiantes de entre 10 y 20 años, concreta la dimensión del problema en el entorno escolar: el 16% de las chicas y el 14,5% de los chicos aseguran haber sufrido acoso durante el último año.

"No todo conflicto es acoso. Tiene que haber daño y repetirse en el tiempo"

María P. Terroba . Psicóloga en Psikids

¿En qué consiste el bullying?

En el debate educativo y social se ha instalado una tendencia cada vez más extendida: llamar bullying a cualquier conflicto entre menores, por pequeño que sea. Una simplificación que, según los expertos, termina por desdibujar el fenómeno y puede llevar a interpretaciones equivocadas en la respuesta de los centros escolares. “No todo conflicto es acoso. Para eso tienen que darse tres condiciones: un desequilibrio de poder, un daño y que no sea algo puntual, sino repetido en el tiempo”, explica María P. Terroba, psicóloga de Psikids.

A su juicio, el bullying no es “una cosa de niños”. “Se trata de una de experiencia tremendamente dolorosa que puede dejar una huella prolongada en el tiempo”, apunta Terroba. Sus efectos no se limitan al momento de la agresión: se asocian a mayores niveles de ansiedad, depresión, malestar psicológico y a una peor adaptación tanto escolar como social.

Varios chavales acosan a una chica en el colegio.

“En una etapa en la que encajar en el grupo es fundamental, sentirse rechazado o aislado genera una herida profunda. También es frecuente que aparezcan dificultades para poner límites. Son niños que, tras vivir situaciones de acoso, pueden quedarse en una posición de indefensión, de bloqueo, y les cuesta protegerse o defenderse en futuras relaciones”, apunta la psicóloga.

El riesgo de sufrir bullying no es igual para todos los menores. Los adolescentes con autismo, TDAH —Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad— o ambos presentan una vulnerabilidad mayor y, cuando son víctimas, el impacto en forma de ansiedad y depresión suele ser más intenso que en otros jóvenes. Esta realidad obliga a reforzar la atención sobre los menores neurodivergentes, donde el impacto puede ser más intenso y persistente.

María P. Terroba, experta en psicoterapia Infantojuvenil, forma parte del equipo de psikids

¿Cómo detectarlo?

Según estudios recientes cuanto más precoz y más prolongado es el acoso, mayor es su impacto emocional, en el corto y en el largo plazo. Por eso es importante detectar los casos a tiempo, aunque no siempre es posible. El miedo, la vergüenza o la culpa llevan a los menores a no contar a nadie que están siendo acosados. “Muchas veces el niño siente que lo que le pasa es culpa suya o que él mismo provoca la situación”, señala la psicóloga, que subraya la importancia del entorno familiar como espacio de detección. “Si en casa existe un espacio seguro, donde el menor siente que puede contar cualquier cosa, es mucho más fácil que se abra”, apunta.

Desde Psikids advierten de que muchas situaciones siguen detectándose tarde porque el menor no lo cuenta, lo minimiza o lo expresa a través de síntomas indirectos como tristeza, irritabilidad, rechazo escolar, descenso del rendimiento, quejas somáticas, insomnio o aislamiento, además de cambios bruscos en el uso del móvil y de las redes. “Eso no quiere decir que estén siendo acosados pero sí es una señal de alerta importante”, explica Terroba.

Detrás de muchos casos aparece la percepción de la diferencia como factor de exclusión, lo que refuerza la importancia de educar en la diversidad. “Hay que educar en la diversidad, en entender que no todos somos iguales y que esa diferencia no puede ser motivo de rechazo”, comenta la psicóloga.

"Cada vez se ven más casos de violencia extrema entre niños y adolescentes Esto es un reflejo de algo que está ocurriendo a nivel social"

María P. Terroba . Psicóloga de Psikids

El ciberacoso

El bullying no se limita únicamente a las aulas, sino que va más allá. Durante el curso 2024-2025 , han crecido los casos de ciberbullying, así como el uso de la inteligencia artificial para llevarlos a cabo. La IA ya aparece en el 14,2% de los casos de ciberacoso escolar, más por chicos (60%) que por chicas (40%), según el VII Informe La opinión de los estudiantes, elaborado por la Fundación Mutua Madrileña y la Fundación ANAR.

La IA se emplea, sobre todo, para crear vídeos falsos manipulando imágenes, audios o grabaciones de compañeros (54,8%) y para suplantar identidades (32,2%). La difusión se produce principalmente a través de WhatsApp, Instagram y TikTok.

Datos sobre el ascoso escolar según "La opinión de los estudiantes"

Para la psicóloga María P. Terroba esto supone un problema añadido. “Antes, al menos, el niño podía llegar a casa y tener un espacio de descanso. Ahora eso desaparece, porque el acoso continúa a través de los dispositivos móviles y de las redes sociales”.

A partir de ahí, Terroba pone el foco en la facilidad con la que se intensifican estas conductas en el entorno digital y en el anonimato que proporcionan las plataformas, lo que multiplica el alcance y la persistencia del daño. “Es fácil esconderse detrás de una pantalla, crear perfiles falsos o utilizar múltiples cuentas. Hay menores que manejan varias cuentas a la vez, lo que multiplica el daño que pueden causar si hacen un uso inadecuado de ellas”.

En ese contexto, la psicóloga advierte de que, la crueldad está aumentando en determinadas conductas, especialmente en aquellas que afectan a niñas, adolescentes y mujeres. “Cada vez se ven más casos de violencia extrema. No es solo un problema de acoso escolar, es un reflejo de algo que está ocurriendo a nivel social. Eso nos obliga a preguntarnos qué están viendo los menores, qué modelos están interiorizando y cómo estamos educando en valores como la empatía y el respeto”.

"Antes el niño llegaba a casa y descansaba. Ahora el acoso continúa a través de las redes sociales"

María P. Terroba . Psicóloga de Psikids

En este sentido, los especialistas insisten en que el acoso escolar no debe tratarse como un asunto meramente disciplinario. La prevención no depende solo de castigar conductas, sino de construir entornos protectores. Cuando un menor vive de forma repetida situaciones de humillación, exclusión o amenaza, estamos ante una experiencia con impacto significativo en su salud mental, donde la rapidez en la detección marca la diferencia entre la reparación y la cronificación del daño.

Ante esta realidad, desde Psikids reclaman reforzar la detección precoz en colegios, familias y consultas, agilizar los protocolos de actuación con un enfoque centrado en la víctima, prestar atención específica al ciberacoso y a las señales fuera del aula, así como aumentar la protección de los menores neurodivergentes y promover estrategias que refuercen la pertenencia escolar y el vínculo con adultos de referencia.

“Es fundamental no minimizar lo ocurrido y ofrecer apoyo psicológico cuando sea necesario. Además, los centros educativos deben trabajar de forma preventiva, con dinámicas que fomenten la inclusión y el respeto a la diferencia”, afirma Terroba.

Cómo actuar


Escucha sin juzgar

Crea un espacio seguro donde el menor pueda explicar lo sucedido a su ritmo, sin presiones ni juicios.


Conserva las pruebas

En casos de ciberacoso, los mensajes, capturas o enlaces pueden ser clave si después hay que denunciar o informar al centro educativo.


Avisa al colegio

Aunque el acoso sea digital, el centro educativo debe activar sus protocolos de convivencia y protección.


Bloquea y denuncia en Internet

Las redes sociales y las aplicaciones suelen disponer de herramientas internas para freportar este tipo de conductas y trata de ponerles freno.


Pide ayuda profesional

Especialmente si aparecen síntomas de ansiedad, tristeza prolongada, aislamiento o cambios de conducta.


Acompaña emocionalmente al menor

Transmítele con claridad que no es culpable de lo ocurrido y que no está solo o sola en el proceso. Hazle sentir que estás a su lado y que cuenta con ayuda para afrontar la situación.

Ponerse en la piel del agresor

El foco en el acoso escolar no puede limitarse únicamente a la víctima y al comportamiento del agresor. Comprender qué pasa por la cabeza de quienes acosan es fundamental para actuar con eficacia y, sobre todo, para prevenir que las conductas violentas se consoliden. “Cuando un niño de 10 u 11 años empieza a acosar a otros compañeros, algo está pasando. No es una conducta normal ni esperable. Más allá de sancionar, es necesario entender qué hay detrás de ese comportamiento”, explica María.

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Las respuestas, en muchas ocasiones, remiten a vivencias personales. Un contexto que no exime, pero que ayuda a interpretar mejor lo que ocurre y a actuar con más profundidad, según Terroba: “Muchas veces encontramos situaciones familiares complicadas, experiencias previas de acoso o una necesidad de protegerse adoptando una posición de poder. Eso no justifica el daño, pero sí ayuda a entenderlo y a intervenir de forma más eficaz”.

Los psicólogos insisten en que el acoso escolar no desaparece solo. Actuar a tiempo no solo ayuda a proteger la convivencia en los centros educativos, sino que resulta determinante para el desarrollo emocional de niños y adolescentes, su salud mental y, en última instancia, también para su rendimiento académico.