La inteligencia artificial ha dejado de ser una tecnología emergente para convertirse en una herramienta habitual en los procesos de aprendizaje de los y las estudiantes. Así lo refleja un estudio realizado por estudiantes del módulo de Digitalización de los ciclos de grado medio y superior de la familia de Comercio y Marketing del Centro Integrado María Ana Sanz, que concluye que el 96% del alumnado encuestado utiliza herramientas de IA en actividades relacionadas con sus estudios.
La investigación, desarrollada como proyecto educativo, ha contado con la participación de 469 estudiantes de distintos ciclos formativos de María Ana Sanz, una de las muestras más amplias realizadas hasta la fecha en un centro educativo navarro para analizar el impacto de estas tecnologías en el ámbito académico.
Los estudiantes se organizaron en distintos equipos para diseñar la encuesta, coordinar la recogida de datos, informar a la comunidad educativa y analizar los resultados.
Apoyo al aprendizaje
La principal conclusión del estudio es la integración generalizada de la inteligencia artificial en las rutinas de aprendizaje. El 91% de los participantes afirma utilizar estas herramientas al menos una vez al día con fines educativos. Entre las aplicaciones más empleadas destaca ChatGPT, utilizada por el 78% de los encuestados, seguida de Gemini, con un 11%, además de otras plataformas como Copilot, Meta AI, Claude o DeepSeek.
Lejos de limitarse a la elaboración automática de tareas, el estudio revela que el principal uso de la IA está relacionado con el apoyo al aprendizaje. El 74% de los estudiantes la utiliza para buscar información vinculada a sus estudios, mientras que el 72% recurre a ella para resolver dudas teóricas. Asimismo, un 58% busca explicaciones alternativas a las ofrecidas en libros o apuntes, la mitad la emplea para elaborar resúmenes y esquemas y un 44% para preparar exámenes. Además, cuatro de cada diez alumnos utilizan estas herramientas para simular pruebas y ejercicios prácticos.
LAS CIFRAS
74% De los estudiantes utiliza la IA para buscar información relacionada con los estudios. Un porcentaje similar la utiliza para aclarar dudas teóricas y el 58% la usa para obtener explicaciones alternativas a las ofrecidas por libros o apuntes. La mitad la utiliza para elaborar resúmenes y esquemas.
81% De los estudiantes afirma que ha cambiado de alguna manera su forma de estudiar. Tres de cada cuatro consideran que la IA le ayuda a aprender mejor.
93% De los estudiantes cree que la IA debe estar presente en el aula como herramienta de apoyo o como contenido formativo. Asimismo ocho de cada diez apuesta por usar la inteligencia artificial en clase: el 21% dice que siempre y el 59% con normas claras.
La percepción del alumnado sobre el impacto de la inteligencia artificial también es mayoritariamente positiva. El 76% considera que le ayuda a aprender mejor y el 81% reconoce que ha modificado de alguna forma su manera de estudiar.
Uno de los aspectos más destacados del trabajo es la reflexión que los propios estudiantes realizan sobre el papel que debe desempeñar la IA en el sistema educativo. Ocho de cada diez encuestados creen que estas herramientas deberían utilizarse en clase y el 93% aboga por que estén presentes en las aulas, ya sea como recurso de apoyo al aprendizaje o como contenido formativo específico para aprender a utilizarlas bien.
Además, nueve de cada diez participantes ven importante recibir formación específica en inteligencia artificial como parte de su preparación para el mercado laboral.
Replantear los sistemas de evaluación
Para los autores del estudio, el debate va más allá de la presencia de estas tecnologías en la educación, que está más que demostrada, sino sobre cómo garantizar un uso crítico, responsable y eficaz. “Queremos fomentar la reflexión sobre los cambios que la inteligencia artificial está introduciendo en los procesos de enseñanza y aprendizaje”, explica Koldo Delgado, profesor del Departamento de Comercio y Marketing.
Entre sus conclusiones, los estudiantes apuntan a la necesidad de replantear algunos sistemas de evaluación para garantizar que los conocimientos y competencias adquiridos puedan acreditarse de forma rigurosa.
También proponen abrir un debate sobre la organización de los currículos y las metodologías docentes. En su opinión, sería conveniente reducir parte del peso de los contenidos más memorísticos para dedicar más tiempo a proyectos, actividades prácticas y trabajos desarrollados en el aula bajo la supervisión del profesorado.
A juicio de los autores, el desafío para los próximos años no pasa por prohibir el uso de la inteligencia artificial, sino por encontrar un equilibrio que permita aprovechar su potencial educativo sin renunciar al esfuerzo personal, la adquisición de conocimientos y una evaluación fiable del aprendizaje.
“Los centros educativos tenemos un importante reto por delante y no es otro que enseñar a utilizar la inteligencia artificial de forma adecuada”, afirmó Delgado, quien reconoció que, gracias al proyecto, “los estudiantes han comprobado que la IA puede convertirse en una herramienta de apoyo para el aprendizaje, especialmente para resolver dudas, obtener explicaciones alternativas o preparar exámenes. En otras palabras que no es solo un mecanismo para relizar tareas de forma automática”.
Ahora bien, ese uso sigue estando presente lo que obliga al profesorado a replantearse los sistemas de evaluación. “Cada vez es más difícil distinguir cuándo un trabajo ha sido realizado por el alumnado y cuándo ha sido generado con inteligencia artificial”, afirma Delgado. Por ello, cree que será necesario potenciar actividades desarrolladas en el aula y buscar nuevas fórmulas que permitan acreditar de forma rigurosa los conocimientos adquiridos.
En cualquier caso, este profesor reconoce que “no nos preocupa tanto el uso de la IA como que no utilicen el cerebro. Existe el riesgo de que dejen de pensar y razonar por sí mismos”. Por ello aboga por insistir al alumnado en que la IA es un complemento al aprendizaje y no un sustituto del esfuerzo y del pensamiento crítico.