Marcela Moreno, persona migrante en Navarra: "Tener el NIE es como si ya tuviera la esperanza de ser algo más en Navarra y ser enfermera"
Marcela Moreno era enfermera en Colombia, pero sufrió maltrato y se vio obligada a huir hasta navarra, donde ha encontrado techo, estrena NIE y sueña con ser enfermera
Marcela Moreno, colombiana que mañana cumple 43 años, tiene la mirada clara, alegre y limpia. De las que aparecen después haber pasado mucho tiempo habitando con el miedo en el cuerpo y, sin embargo, prevalecieron y lucharon para ser. Y, sobre todo, tiene las manos de una enfermera que, como dice ella, detectan lo que va a pasar antes de que pase. "Nunca he fallado; supongo que es instinto", comenta. O, quizás, más bien deba hablar de una vocación a la que se dedicó durante 23 años en Bogotá y, ahora –lo que uno ama no entiende de fronteras– permanece intacto, pese al largo camino que ha recorrido y que todavía le queda. "Seré enfermera aquí porque yo soy una gran enfermera", se sonríe.
Sin embargo, no hace tanto tiempo que ella no confiaba en esta sentencia. Porque amó a alguien y creyó que esa relación emanaba amor y no violencia. "Sufrí maltrato físico, emocional, verbal, pero yo pensaba que se trataba de amor", se lamenta. Todo eso la obligó a huir de su país en búsqueda de "una vida mejor". Por eso, no dudó en aceptar un trabajo en en Alemania que resultó ser "totalmente diferente" a lo prometido. Y, de ahí, sin conocer a nadie, llegar al Estado español, que, por cierto, ella creía que "era una ciudad grande como Bogotá, en lugar de un país tan multicultural", señala. "Iba cegada", indica. Lo que vino después son años que prefiere no detallar del todo –"eso solo lo sabe Sara", la educadora social que le acompaña–, aunque fueron el motivo que le obligó a encontrar buscar la manera de "trabajar sí o sí en lo que fuera porque el que fue mi marido había abandonado a mis hijos en Colombia". Por eso, cuando Samuel –su hijo pequeño– llegó a reunirse con ella, aparecieron otros miedos. En especial, porque no quería estar "malviviendo" en la calle con un niño de apenas 11 años. "Nunca me imaginé viviendo así y no quería que él lo sufriera. Yo había estudiado y trabajado toda mi vida para ser enfermera. No para encontrarme en esta situación. En ocasiones he sentido mucha vergüenza", confiesa, pese a que Sara siempre le insiste en que no debería hacerlo, sino enorgullecerse de todo cuanto había luchado para mantener a sus hijos.
Volver a empezar en Navarra
Cuando ya llegaron a Navarra, el 15 de septiembre de 2025, Sara Azanza, educadora social de Itxaropen Gune, recuerda que aquel día llamó a la puerta de la asociación –en la calle Ferrocarril, 12– una mujer con una maleta y un niño de la mano, sin techo. "Con un menor no podía estar en la calle", explica. La entrada a la asociación es libre, dice, y la salida también, pero quien entra adquiere compromisos básicos: tareas, horarios, talleres de empleabilidad... Con Marcela, todo ha fluido con una naturalidad que Sara subraya con cariño: "Es una mujer derecha y derecha, con mucho sentido común". Por otro lado, ese instinto de enfermera –siempre cuida de todas las personas que tiene cerca– es de lo poco que quiere conservar de su vida anterior. Y la regularización constituye la bisagra entre lo que fue y lo que empieza a ser. Marcela inició los trámites en mayo: "Ya me salió la autorización provisional, ya tengo NIE", dice feliz. Porque sin NIE era casi imposible acceder a cursos formativos, y exigían dos años de empadronamiento. "¿Y esos dos años, qué va a hacer esta persona? Se quedaban varados, apunta Sara. Por eso, el NIE para Marcela no es un trámite, sino un salvoconducto o una manera de volver a respirar y reconectar con una vida que vuelve a nacer. "Es como si ya tuviera la esperanza de ser algo más aquí". Porque conoce la diferencia entre trabajar en "cosas totalmente precarias y, a veces, explotada y tener "una nómina con una jubilación asegurada". Y eso es lo que le lleva a persistir en todos sus frentes, de manera que ya ha homologado el bachillerato y sigue peleando con distintos trámites para homologar su grado en Enfermería, y ya se ha inscrito en un curso sociosanitario del SEPE. "Ya subí un poquito el escalón y sé que me va a ir muy bien", confía y desea en poder comenzar a trabajar para agradecer la suerte que ha tenido. "Me han brindado una oportunidad que otros no han tenido, y quiero demostrar que es un tesoro todo cuanto puedo ofrecer", asegura. Y Sara añade que es "un gran error" pensar que "por poner leyes y quererle poner puertas al mar, la gente va a dejar de venir. Porque cuando se trata de tus hijos, no hay ley que valga". Porque hoy, en su cumpleaños, y después de mucho tiempo, Marcela empezará de cero para volver a llegar a su vocación, sus sueños y su destino.
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